En vez de hablar de lo que hacen los deportistas más allá del terreno de juego, prefiero siempre referirme a sus habilidades y ejecutorias en el campo, donde compiten bajo normas establecidas que cada quien debe respetar.
Sin embargo, es imposible pasar por alto lo que ha ocurrido con la Selección Nacional de Beisbol que está en la Copa en Taiwán, donde, de acuerdo a los reportes llegados desde allá, no sólo se cometió actos de indisciplina, sino que se dio la comisión de delitos y uno de los muchachos permanece en prisión.
Como si el beisbol nacional no estuviera lo suficientemente agrietado, debido a su estructura anquilosada y, consecuentemente, a sus pobres resultados, ahora viene este golpe perverso que termina de afectar aún más su imagen: un jugador, Gustavo López, es acusado de supuestamente abusar de una joven.
Es una pena lo sucedido, más cuando se supone que los muchachos que viajan al exterior lo hacen con el compromiso de representar a su país, privilegio que no muchos tienen, pero que ha sido devaluado como producto de la crisis global de nuestra sociedad.
Sé que los problemas de carácter disciplinario no son nuevos. El problema es que no hemos hecho nada para detener ese problema, que por lo general no termina en el consumo de unas copas, sino en las acciones que le suceden, como lo de Taipei.
Me hubiera gustado que López tuviese una historia distinta, pero tomó una decisión y todo lo que decidimos tiene consecuencias. Y a pesar de cualquier crisis de valores o lo que sea, al final somos responsables de nuestros actos.
La crisis en realidad no está en los valores, sino en nuestra incapacidad para cultivarlos y ajustarnos a ellos.
Aún no sabemos cuál es la posición de la Feniba al respecto, pero estoy entre quienes creen que el organismo rector del beisbol nacional va a aprovechar esta crisis no sólo para replantear sus objetivos, sino para reinventarse.
No podemos seguir esperando que alguien venga a arreglarnos el país en que vivimos. Tampoco debemos justificar nuestros errores porque no recibimos los mejores ejemplos de la gente que está en roles de liderazgo. Cuando cada uno de nosotros, desde la función que cumple, tome conciencia de los efectos que dejan sus actitudes, entonces podremos tener un país más agradable para vivir.
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