Orlando López-Selva

El Paraíso no está en la otra esquina

Fue memorable ver y escuchar a Vargas Llosa hablar de literatura, la tarde en que el presidente Bolaños lo condecoró.

Escritores como él han construido universos de palabras y símbolos que hoy nos atrapan. Borges, García Márquez, Faulkner, Kundera o Kafka —y todos los escritores trascendentes— han reinventado la vida con la literatura. Es un cosmos en que cada escritor es un planeta, cuyas fuerzas gravitatorias nos capturan con una contundencia inmedible y feliz para nuestros sentidos y el espíritu.

El escritor peruano recibió la Orden Rubén Darío. Y para agradecer la honra, urdió un ameno discurso en el que esbozó su visión de la democracia en América Latina. Pero, como escritor, elogió a la literatura como “necesidad básica o como algo indispensable que no sólo es entretenimiento, sino que es algo que nos recuerda que la vida puede ser mejorada…”

Claro, a don Mario le faltó tiempo para convenceros de más razones para enamorarse de la literatura.

Pero soy un convencido fiel que en la literatura también hay importancia práctica.

Los primeros libros que leí fueron de Verne, Wells, Salgari, Asimov. Sin ellos nunca habría, tal vez, disfrutado del mundo de la ciencia.

Sin Julio Verne, el viajar al espacio habría sido menos tentador. La construcción del submarino, las locomotoras, los comunicadores inalámbricos, las naves, la exploración de otros mundos necesitaban no únicamente de la necesidad práctica sino de la imaginación.

Sin Wells habríamos visto el tiempo como dimensión dual y determinista. Pero su imaginación abordó todo lo que ayer era irreal y hoy nos es cotidiano. Y creo que entre él, Verne, Da Vinci, Buonarotti y los griegos, bastaría para construir todo el presente que ayer parecía absurdo.

No se pierde el tiempo al imbuirnos del mundo artístico o literario. ¡Tal vez en el arte yazga la mayor fuente de utilidad del futuro! ¡Cuánto se pierden aquellos que no ven las cosas así, pues ignoran el vasto disfrute de la imaginación!

Con Salgari la fantasía no era menos fecunda. Sus héroes y paisajes exceden cualquier frontera, misterio, aventura y exotismo. ¡Incluso un cuento relata los ritos practicados por nuestros antepasados en el volcán Masaya!

Con Asimov se siguen las rutas humanas hasta alcanzar la química, la física, la biología o la astronomía que siempre cautivan. Él lo abarca todo —lo real, lo pasado y lo futuro— con visión y asombro indescriptibles.

El filósofo húngaro Arthur Koestler bien lo dice: “Los artistas emplean los hechos como estímulos para la imaginación, en tanto que los científicos utilizan la imaginación para coordinar los hechos”. O, ¿Quién dice que arte y ciencia son incompatibles?

El mundo científico o tecnológico tendría menor imaginación sin las mentes que escribieron la literatura fantástica.

Acaso, ¿no podríamos pensar que el mundo real de hoy sólo habría sido visto como una fantasía hace uno o varios siglos?

La literatura y el arte también tienen un sentido útil, pues se anteponen a la realidad del futuro que todavía no vemos, pero que leemos en los libros. No es mera creación estética o placentera palabrería.

Mientras unas almas están dedicadas a lo artístico sin aprovechar o disfrutar las magníficas creaciones tecnológicas o inventos científicos, otros se enceguecen con sus obras prácticas, sin ver el lado estético de toda la producción humana.

Vargas Llosa no sólo es un gran narrador-ensayista. Es también un artista capaz de llegar a la verdad por medio de la lente estética. El artista también es un vidente. Y en su discurso de aceptación de la Orden Rubén Darío (¡El primer globalizador-profeta de nuestra América ingenua!), apenas pudo esbozar una de las múltiples dimensiones de la literatura.

¿Cuántas dimensiones más restan por descubrirle a la múltiple cosmovisión del arte o la literatura?

Tanto en Argentina, Nicaragua, Ecuador como Venezuela, la asfixia económica suele tener desvergonzadas intenciones extorsivas. Los propios gobiernos están al acecho de los medios privados que desbaratan o crean nuevos con recursos públicos.

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