En nuestro país polarizado políticamente, en donde el acontecer histórico ha sido de enfrentamientos, guerras civiles y antojadizas reformas constitucionales, es sumamente difícil enrumbarse en el camino de una democracia plena y del desarrollo social sostenido. Tan solo iniciando como nación independiente, afloraron por dondequiera las guerras civiles, como la del coronel Sacasa y el caudillo Cleto Ordóñez; la de Argüello y de la Cerda; la de Chamorro y Jerez y así sucesivamente hasta llegar a la más grave y fratricida como fue la de los años ochenta, provocada por un sistema autoritario que, desconociendo acuerdos nacionales e internacionales, no quería brindar elecciones libres. En Nicaragua el caudillismo brilla todavía y se impone el afán de los líderes políticos de no querer aflojar las riendas del poder o de las dirigencias de los partidos una vez en dominio de ellas.
La democracia alcanzada con el voto popular en 1990, se encuentra en sus peores momentos. La Constitución Política es violentada una y otra vez; las instituciones se encuentran en franco deterioro; los derechos humanos son irrespetados y los esquemas económicos en gran riesgo, producto de la inseguridad política y jurídica. Grandes han sido los esfuerzos de personeros políticos e instituciones de la sociedad civil para aportar con claridad meridiana al destino social y económico; para eso en su momento se pensó, de la mejor manera, que las elecciones primarias interpartidarias podían ayudar a encontrar una solución ponderada en la selección de las diferentes candidaturas, especialmente para escoger el candidato a la presidencia de la República. Sin embargo, el tiempo y las circunstancias desmontaron este proyecto, sobre todo si consideramos lo siguiente: I- El país no está preparado para estos eventos que deben revestir las mejores intenciones de los dirigentes y llegar a los mejores resultados. Nuestra cultura política viene de liderazgos populistas arraigados en la creencia que los líderes son para siempre. II- Es totalmente inoportuno el realizar elecciones primarias, con la más profunda devoción democrática, en la mayoría de los actores y promotores, cuando en frente se tiene a todo un aparato antidemocrático, como el orteguismo que está lejos de comulgar por una verdadera institucionalidad. En consecuencia, en estos momentos las elecciones primarias son un ensayo políticamente peligroso. III- El haber querido usar un padrón abierto en elecciones como éstas es un craso error, pues el gran elector hubiera sido el orteguismo a través de sus estructuras partidistas y estrategias oscuras. IV- La población manifestaba su gran desconfianza en estas elecciones primarias, precisamente por los diques e irregularidades que se presentarían.
Bajo estas circunstancias las fuerzas democráticas y en especial el movimiento Vamos con Eduardo, en una concepción acorde con las realidades imperantes y pensando siempre en el porvenir de la nación, han preferido el consenso nacional para seleccionar al candidato a la presidencia por parte de la gran oposición unida. Y es allí precisamente en donde Eduardo Montealegre ha tenido una decisión alentadora y digna al haberse revestido de humildad y civismo desistiendo por el momento de sus merecidas aspiraciones políticas, pese a ser el líder opositor, de mayor beligerancia y aceptación; esta ejecutoria le proporciona a Eduardo credibilidad y el reconocimiento de todos los ciudadanos que aspiran a que el escenario político se despolarice y se tengan hoy por hoy nuevas y pujantes candidaturas para todos los cargos a ser electos en 2011. Eduardo con esto ha demostrado madurez política, forjando un nuevo panorama electoral.
En nuestra historia patria, con rarísimas excepciones, no se conoce de líderes que hayan tomado esta patriótica decisión; ojalá y otros dirigentes vean este ejemplo como propio y piensen de una vez en los nicaragüenses, sobre todo en aquellos que pasan calamidades, que viven en pobreza, muchas veces extrema y han visto con tristeza que el populismo, el continuismo y las desmedidas ambiciones han carcomido la esperanzas y la fe de tener una Nicaragua mejor.
Consecuencias del inicio del clima de despolarización, la candidatura de consenso de don Fabio Gadea Mantilla comienza a tomar fuerza y ya son grandes sectores políticos y sociales que han definido su apoyo a don Fabio por considerarlo un hombre probo, de indiscutible y valiente trayectoria, cuya causa a través de la radiodifusión ha sido eco de los principios democráticos y la defensa de los derechos humanos, penetrando también por medio de sus cartas a Nicaragua y Pancho Madrigal en el corazón de la montaña y en nuestra idiosincrasia nacional.
Las condiciones han cambiado; se ha palpado un reforzamiento en el movimiento Vamos con Eduardo y el liberalismo en general tiene la gran oportunidad de lograr una unidad sólida y duradera, que permita integrar una oposición que unida, decidida y organizada dé la batalla cívica en las próximas elecciones. Se debe tomar conciencia nacional que es hora de hacer patria, de que todos y cada uno de los ciudadanos amantes de la libertad, la paz y la justicia social aporten su grano de arena en esta titánica tarea de retomar la democracia y lograr el sagrado respeto de nuestra Carta Magna.
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