Dice el refrán “Mal de muchos consuelo de tontos”. Dicen los “profesionales” del excelente manejo de la corrupción que ésta existe en todo el mundo para justificar su brillante actuación en este lucrativo “negocio”. Es cierto que hay corrupción en todas partes, pero se vigoriza en los países en vía de desarrollo, y es menos acentuada en países desarrollados. No escapa a este flagelo el movimiento cooperativo, a pesar de basarse en los valores de ayuda mutua, responsabilidad, democracia, igualdad, equidad, solidaridad, honestidad, transparencia. Se hace hincapié en la autonomía e independencia y si se entra en acuerdo con otras organizaciones, incluyendo el Gobierno debe ser en términos que aseguren el control democrático de sus miembros, y mantengan la autonomía de la organización.
Nicaragua no podía quedarse atrás y hemos tenido directivos y administradores que prácticamente han quebrado y sustraído los fondos en muchos lugares como aquella cooperativa de Somotillo, que hace algunos años perdió más de C$3 millones por artificio administrativo.
Otro destello de corrupción lo tenemos en la nueva Ley gestionada por elementos políticos que incorporaron hábilmente la facultad de poder tener un cargo de directivos por tiempo indefinido, para garantizar el manejo de esas personas deseosas de eternizar su participación con designios de aprovechamiento personal. Nuestro movimiento cooperativo está manejado por políticos que sobresalen por su servilismo partidario, escalando altas posiciones, incluyendo el de diputados a la Asamblea orteguista.
En encuestas de transparencia en Latinoamérica en orden prioritario: Venezuela, Bolivia, Haití, Ecuador, Nicaragua, Honduras, Guatemala etc., y los menos corruptos: Chile, Uruguay, Puerto Rico, Costa Rica, etc. Es relevante el hecho que Chile, que tuvo una dictadura de derecha, resulta que es el menos corrupto y el más desarrollado socioeconómicamente y nosotros con el embate de diez años de un régimen pro comunista, reforzado con el regreso y visión de dictadura de izquierda, figuremos entre los más corruptos. Es obvio que la corrupción se ha impulsado en estos últimos años, manifestándose en los nuevos ricos, que tan ricos están que ya no le llaman burgueses ni oligarcas a los que antes estigmatizaban. La pobreza es caldo de cultivo para la corrupción. Quebrar bancos (especialidad nica) tanto en la banca estatal como privada, el manejo de la justicia en manos corruptas donde prevalece la sumisión, el servilismo y el aprovechamiento económico sobre todo con la liberación acelerada a los acusados de narcos. Miembros del Consejo Supremo Electoral, que antes eran del ala corrupta alemanista se vuelcan al ala orteguista con los efectos que conocemos; algunos en la Asamblea Nacional, que buscan afanosamente no quedarse atrás y venden sus conciencias por unos cuantos dólares más y lo mismo en la “honorable” Corte Suprema de Justicia. Y el colmo es que en la que debe vigilar la honestidad se alegran y piden que les quiten (porque ya se los quitaron), el Control General de la República. Y la corrupción se instaura con más vigor y habilidad con los que ya pasan de los diez mil, y se supone que prometen aumentar a la mayor brevedad y que estando apoyados por el Gobierno se hacen llamar la organización de los “no pago”. Luego mencionamos las corrupciones menores que se inspiran en las mayores, como las “mordidas” en todos los órdenes, multas de tránsito, pagos para conseguir trámites acelerados, etc., a la vista del pueblo callado. Países sin corrupción al ver esto, nos quitan su cooperación económica. Dios nos permita ver el fin de la corrupción en nuestro país.
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