Cartas al Director

Futuro

“El futuro nos tortura y el pasado nos  encadena. He ahí por qué se nos escapa el presente”.   
Gustave Flaubert (1821-1880), escritor francés.

Arbitrariedades políticas

Escuché recientemente en un programa de televisión de debate político, cómo uno de los expositores mencionaba una serie de acciones de carácter político que el partido de gobierno había implementado y que según la opinión de este expositor, eran contraproducentes para la imagen del Gobierno y de Nicaragua como país.

La compra de votos para la aprobación de leyes afines al Gobierno, las presiones de todo tipo a los miembros de los partidos de oposición, la imposición de la agenda de gobierno en la Asamblea Nacional y el conteo de votos utilizando la manipulación de la pizarra electrónica, fueron algunos de los temas mencionados en el programa. La respuesta de uno de los expositores, de tendencia pro gobierno al por qué se daban todas estas arbitrariedades, fue muy concreta: “esto también lo hicieron los otros”.

Es lamentable que los nicaragüenses nos sigamos escudando en nuestro pasado político. ¿Será que estamos condenados a repetir los mismos errores? A veces pienso que el servidor público, mientras está ostentando el puesto, se olvida que todo tiene su tiempo. Podría estarme aferrando a un escenario utópico, pero quizás vengan tiempos en que los servidores públicos ya no estarán protegidos por la inmunidad u otro tipo de fuero. Vendrán tiempos en que se les pedirá rendición de cuentas. Vendrán tiempos en que tendrán que mezclarse con el resto de nosotros, que no tenemos otro escudo que el que se desprende de nuestra razón y apego a los principios morales.

En nuestra historia reciente nunca hemos podido como país edificar sobre los logros del gobierno inmediato anterior, aún cuando se trate de gobiernos de la misma corriente ideológica. Cientos de profesionales que han adquirido conocimientos especializados mediante el esfuerzo del gobierno de turno y de países amigos, que con gran solidaridad han querido aportar transferencia tecnológica y conocimientos de administración pública, han sido removidos de sus puestos porque quizás no eran del círculo de confianza del gobernante de turno.

Quizás sea hora de que todos los servidores públicos y el resto de nicaragüenses tomemos muy en serio al país que tenemos y hacernos la pregunta ¿es este el país que queremos? Podríamos todos empezar a hacer las cosas de otra manera permitiendo que las futuras generaciones se sientan orgullosas de decir “esto también lo hicieron los otros”.

 

Luis Cifuentes P.

Don Fabio y la unidad

Para llevarse a efecto la gran unidad nacional, hay que desplazar de la escena política al doctor Arnoldo Alemán, si continúa impidiendo la unidad caprichosamente. Aunque todo hace indicar que él tiene un compromiso político insoluble con el FSLN. En verdad, el doctor Alemán necesita un lavado de conciencia para poder discernir en la verdad o en la falsedad su raro proceder antípoda al sentimiento nacionalista.

Don Fabio Gadea Mantilla ha despertado un entusiasmo arrollador en los sectores que él va visitando, con lo cual va sumando más y más adeptos a sus fines libertarios por una democracia auténtica que convierta a Nicaragua en una verdadera República.

La oposición en la Asamblea Nacional ha sido un tremendo fiasco político: teóricamente es mayoría, pero a la hora de los hechos se convierte en minoría. La sagrada Carta Magna la han atropellado tanto, de tal manera que la corrupción se ha convertido en ley.

Es sencillamente impresionante el arrastre de don Fabio, que se está dando a nivel nacional, sin distingo de colores políticos, más que el entusiasmo de ver a nuestro pueblo libre del comunismo, tipo cubano, que se nos quiere imponer, disfrazado de socialismo del siglo XXI.

Es cierto que don Fabio no quiere tomar ninguna bandera partidista para su sagrada misión, porque su pensamiento no es sectarista, es nacional y humanista. El emblema que envuelve a don Fabio es la Bandera azul y blanco de nuestra Nicaragua. Y nuestro sueño nacionalista es el anhelo de vivir en nuestro suelo patrio con amor, felicidad y trabajo.

Los partidos políticos unidos serán el regimiento unificador y defensor del voto democrático, que apoyará con fervor patriótico a don Fabio Gadea en la contienda del 2011.

Hay dos formas de medir la honradez y honorabilidad de una persona cuando intenta alcanzar la cúspide de sus ambiciones: “Arrastrándose vilmente como la serpiente o surcando el espacio libremente como el cóndor”.

Armando Lau Gutiérrez.

Educación es inversión

Es lastimoso escuchar decir al señor Bayardo Arce, asesor económico del gobierno sandinista, que todavía no saben si la educación es una inversión o un gasto, ya que expresa que “La educación es un tema de debate, porque ahora no se sabe si la educación es una inversión o un gasto, una inversión genera riquezas, pero si los graduados se van a ir a otro país a trabajar de cualquier cosa eso es un gasto”, teniendo una apreciación muy negativa y poca visión.

En vez de estar pensando si la educación es inversión o gasto, mejor deberían de hacer un plan de desarrollo para que esos jóvenes que se profesionalizan puedan quedarse en el país, a través de la búsqueda de empleos, y no decir, que si se van es un gasto innecesario para el Gobierno.

Para aclarar un poco al señor Arce, la juventud nicaragüense es el motor principal de Nicaragua, ya sea económico, social y político, que se acuerde que todas aquellas personas que salen a las calles como vándalos a decirles vivas a Daniel Ortega son jóvenes. Si el Frente no tiene contemplado aportar a la educación para que los jóvenes de hoy se preparen, lo invito a que consulte lo que dicen las Políticas de Desarrollo Integral de Juventud y su marco legal, donde establece algunas iniciativas en beneficio de la búsqueda de empleo, mayor inversión a la educación, emprendimientos para los jóvenes y verá que la educación no es un gasto a como él lo plasma…

Ezequiel Pérez.

Pensamiento ligero

Estamos viviendo en una sociedad que se ha ido haciendo cada vez más baja en calorías, desde los alimentos al pensamiento. No sólo hemos pasado del cocido y un buen plato de judías a la ensalada poco aliñada, sino que también hemos engendrado normas que subordinan la decisión personal a la inquisición de un gobierno. Hemos pasado del pensar y del leer a contemplar extasiados la ya no tan pequeña pantalla, crecida con la importación de las pantallas de plasma. Se copian modelos más que seguir ideas.

Más allá del entretenimiento, el espectáculo mediático, cada vez más ligero para llegar a unas audiencias más amplias, se ha convertido en transmisor de una cultura light impregnada de lo que en otros tiempos se denominaba como bajos instintos, destruyendo las virtudes clásicas, rompiendo la autoridad en la familia y en la escuela. Ofreciendo en las series modelos nefastos, disfrazados de nuevos modos de vida, que se presentan como atractivos, contribuyendo a socavar los valores más arraigados en la sociedad.

En estos campos no sólo intervienen mecanismos de mercado para fidelizar su clientela con nuevos gustos y sabores, jugando con las emociones; ya que, mediatizada por los políticos, también interviene “la ingeniería mediática” para transmitir ideologías con las que conducir a la sociedad por los cauces que ellos quieren; persiguiendo un nuevo modelo de hombre: hacer del hombre y de la mujer reales un ser desligado de vínculos, dejado al albur de sí mismo. Si todo ello va acompañado de un sistema educativo adecuado —no ha de olvidarse que España está en los últimos lugares del ranking educativo— el resultado queda multiplicado.

Con un cerco alrededor del pensamiento libre, las ideologías materialistas y relativistas —en estos casos con un pensamiento duro e inflexible— seducen a políticos que conducen los parlamentos para legislar normas de conducta que invaden la intimidad de las personas; de tal manera que, si se les deja hacer lo que persiguen, al ciudadano no le quedará en lo fundamental otra alternativa que ser dócil a la obediencia del Gobierno; eso sí, quedando libre para el “botellón” o elegir un programa en la televisión: lo que resulta una pescadilla que se muerde la cola.

Como resultado, mientras los agitadores de la calle o del micrófono están despiertos, el espectáculo es contemplado por una ciudadanía pasiva y somnolienta, que se deja hacer, esperando que alguien les diga ¡DESPIERTA!

 

Agustín Pérez Cerrada.

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