CIUDAD DEL VATICANO/EFE/AFP
El Papa Benedicto XVI expresó ayer que los abusos de pederastia, “que son absolutamente reprobables, no pueden desacreditar la misión sacerdotal, que conserva toda su grandeza y dignidad” y que en la vida célibe se puede vivir “una humanidad auténtica, pura y madura”.
Benedicto XVI dirigió ayer una larga carta a los seminaristas con motivo del Año Sacerdotal y en uno de los apartados les habló de la sexualidad y del celibato, e hizo referencia a los casos de pederastia que han sacudido los pilares de la Iglesia católica.
Recientemente, “hemos constatado con gran dolor que algunos sacerdotes han desfigurado su ministerio al abusar sexualmente de niños y jóvenes”. Y añadió: “Debido a todo esto, muchos podrán preguntarse, quizás también vosotros, si vale la pena ser sacerdote; si es sensato encaminar la vida por el celibato”.
El Pontífice no dudó: “Todos conocemos sacerdotes convincentes, forjados por su fe, que dan testimonio de cómo en este estado, en la vida célibe, se puede vivir una humanidad auténtica, pura y madura”.
Sin embargo, advirtió a los seminaristas que deberían ser “más vigilantes y atentos”, examinándose cuidadosamente, “delante de Dios, en el camino hacia el sacerdocio”, para ver si es ésta su voluntad para ellos.
Benedicto XVI explicó a los seminaristas cómo se convirtió a la vida religiosa, contando que en 1944, cuando lo llamaron del servicio militar de Alemania, y le preguntaron qué quería ser en el futuro, él respondió que sacerdote, por lo que el comandante encargado lo envió a “buscarse otra cosa”, pues en su país “no había necesidad de curas”.
Y animó a los seminaristas a seguir su vocación porque “los hombres, también en la época del dominio tecnológico del mundo y de la globalización, seguirán teniendo necesidad de Dios”.
Por otra parte el Sumo Pontífice recibió ayer las cartas credenciales del embajador salvadoreño ante la Santa Sede, Manuel Roberto López Barrera, a quien le afirmó que la Iglesia constituye un elemento eficaz para la erradicación de la pobreza y la lucha contra la violencia, la impunidad y el narcotráfico en ese país.
De igual manera, el Santo padre reiteró el compromiso de la Iglesia católica “a favor de la paz, la justicia y la reconciliación” en Colombia, al recibir en el Vaticano al nuevo embajador de ese país ante la Santa Sede, César Maurizio Velásuez Ossa.
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