LA PRENSA/C. Malespín

Enamorado del pentagrama

En el majestuoso Teatro Nacional Rubén Darío nos atiende Ramón Rodríguez, su director, este hombre que desde muy niño ha sido apasionado por la música clásica desde entonces.

En el majestuoso Teatro Nacional Rubén Darío nos atiende Ramón Rodríguez, su director, este hombre que desde muy niño ha sido apasionado por la música clásica desde entonces.

Rodríguez rememora su vida en la música desde sus inicios, su paso por la revolución en 1979 y nos cuenta cómo fue la creación de la Camerata Bach.

Sabemos que desde muy niño la música forma parte de su vida, cuéntenos ¿cómo fueron sus inicios como músico?

Justamente después del terremoto, la escuela de música se trasladó a mi pueblo natal, Jinotega. Se instaló en la escuela primaria donde estudiaba. Entonces por la mañana recibía mis clases normales y por la tarde me quedaba estudiando música.

¿Cuál fue el hecho más significativo para usted mientras estaba aprendiendo música?

Yo trabajaba desde niño como voceador de periódicos, cuando iba pasaba por las casas, siempre había alguien tocando algún instrumento sobre todo el piano, entonces poco a poco me fue gustando la música clásica. Pero además, otro hecho significativo en mi vida fue haber pertenecido a la agrupación donde éramos como 200 jóvenes y niños estudiando música.

Para mí fue novedoso que llegaran maestros americanos y europeos a enseñarnos a tocar los instrumentos. Había mucha euforia en los jóvenes, siempre lo relaciono como cuando el hielo llegó a Macondo. Entonces en Jinotega se empezó a conocer por la banda e iniciamos a recorrer varias ciudades del país. Fuimos a Honduras y cuando íbamos a Guatemala fue que sucedió el terremoto de 1976.

¿Cuáles fueron los instrumentos que aprendió a tocar?

Empecé tocando el clarinete y después me pasaron al instrumento que toco ahora, que es el oboe. Ése fue el instrumento del cual más aprendí en Cuba y Alemania.

¿En qué época fue a estudiar música a Cuba y a Alemania?

Ya en los ochenta la revolución nos dio el chance de ir a estudiar a Cuba, fuimos 20 jóvenes entre bailarines, músicos y artistas. Después regresé a Nicaragua a trabajar con la Orquesta Nacional por 5 años y después volví a salir becado por el Gobierno, fui a estudiar a Alemania por 5 años. Estando en Alemania me tocó vivir la caída del muro. Fue complejo pasar de un país que nos daban todas las condiciones para estudiar arte y pasar después a un país capitalista, donde todo era consumismo, hubo una fiebre por comprar carro y todo se volvió más caro.

¿Cómo surge la creación de la Camerata Bach?

Regresé de Alemania en 1993. Fue ahí que con Raúl Martínez tuvimos la iniciativa de crear la Camerata. Queríamos una agrupación versátil y con buenos músicos. Que también pudiéramos tener la opción de otros trabajos, a partir de ahí soñábamos con hacer música clásica.

¿Hay cultura de música clásica en el país?

Muy poco. Nosotros venimos a incentivar ese trabajo. Pero algo más importante que eso fue que comenzamos a descubrir que había un vacío en cuanto a grabaciones en la música nicaragüense, de nuestro formato o de un formato clásico. Nos remitíamos a algunas grabaciones que habían. Habían más trabajos discográficos de la nueva canción o canción popular, pero en el ámbito clásico es bien limitado y es ahí que nos interesamos en grabar música nicaragüense.

¿Cuántos discos han grabado hasta el momento?

Tenemos 18 discos grabados, en marzo cumplimos 19 años de fundación. Nosotros comenzamos a grabar desde la música de la Purísima, sones de Pascua, clásica, música romántica nicaragüense, hemos hecho música folclórica que va de la marimba a un formato clásico.

¿Qué otros proyectos tiene con la música?

Tenemos una academia de música que le damos clases a los jóvenes con escasos recursos como devolviendo un poco de lo que hicieron con nosotros. Tenemos 5 ó 6 años en la academia, tenemos una pequeña orquesta de jóvenes, apoyamos un proyecto de Masatepe también. Nos anima el espíritu de hacer música y aportar aún más a la cultura nicaragüense.

Pero también aporta a la difusión de la cultura siendo director del Teatro Nacional Rubén Darío…

En el teatro tengo dos años, fui nombrado director el 1 de enero del 2008. Creo que ha existido un buen trabajo, todos han realizado un buen trabajo, lógicamente yo tengo otro espíritu y otro deseo de promover más la cultura. He incentivado a que las agrupaciones que vienen al teatro las podamos llevar a otros departamentos, queremos descentralizar y que los espectáculos no sólo vengan al teatro.

Tratamos en la medida de lo posible impulsar más a los artistas nacionales. Hemos inaugurado las noches de jazz una vez al mes, los sábados es de cultura infantil y los domingos los títeres. Lógicamente llega un límite porque no podemos abarcar todo. Ésta es la casa del artista y yo los atiendo sin romper las normas de la puntualidad y comportamiento.

¿Cómo hace para vincular su trabajo en el teatro como director y los ensayos y espectáculos en la Camerata Bach?

Cuando la Camerata cumplió 16 años, sin ser yo director, el Gobierno nos puso como sede de ensayo el teatro, entonces nosotros ensayamos aquí martes y jueves, aparto un par de horas. El Gobierno ante todo nos pidió que no abandonáramos la Camerata. Tenemos un buen equipo, hay relación en el sentido que no hay choques de intereses.

¿Cómo describe su personalidad?

Yo no practico una religión específica, soy católico pero a mí me gusta con la práctica hacer cosas buenas, me encanta ser generoso, ayudar a la gente, me encanta trabajar para que otro conglomerado de personas disfrute un esfuerzo hecho por nosotros. Soy muy leal con mis amigos y soy recto. Trato de llevar una vida formal y sana.

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