Humberto Belli Pereira

Así no saldremos de la pobreza

Humberto Belli Pereira.- En la superficie la economía nicaragüense muestra señales positivas. El más reciente reporte sobre la coyuntura económica, publicado por el centro de pensamiento Funides, revela que durante el primer semestre del 2010 las exportaciones crecieron en un 27.6 por ciento respecto al mismo período del 2009. Igualmente muestra que han aumentado los salarios reales (en un 2 por ciento) y la recaudación fiscal, mientras han bajado el déficit gubernamental y el endeudamiento externo. El PIB (Producto Interno Bruto) se estima que posiblemente aumente este año en más de un 3 por ciento, desafiando las proyecciones más pesimistas que se habían hecho a finales del 2009.

Un factor interno que ha contribuido a estos resultados ha sido la prudencia y pragmatismo con que el gobierno ha manejado lo macroeconómico, manteniéndose dentro de los acuerdos con el FMI, conservando niveles adecuados de reservas internacionales y respetando, en líneas generales, la economía de mercado. Pero el motor principal de la actual mejoría ha sido el rápido aumento de los precios de nuestras exportaciones, producto de la recuperación que mostraron los países más desarrollados tras la recesión que tocó fondo en marzo del 2009. Junto a él ha sido importante la ayuda externa —en la que juega un papel importante el aporte de Venezuela— y las remesas, las cuales están volviendo a crecer. Las dos juntas aportan un total de casi 2,500 millones de dólares anuales, equivalente a un 34.3 por ciento del PIB.

Esto significa que las causas principales de la actual estabilidad económica y del modesto crecimiento que experimenta el país han sido exógenas —y potencialmente inestables. Cuando se escarba debajo de la superficie y se analizan los factores internos, se encuentra el dato preocupante de que las inversiones sólo subieron un 1.3 por ciento, en contraste con el casi 30 por ciento de las exportaciones. La inversión pública bajó un 5.8 por ciento y el crédito para viviendas en un 0.8 por ciento. El índice de construcción subió apenas el 0.5 por ciento y las importaciones de bienes de capital, indicador muy importante de la voluntad de invertir, fue un minúsculo 0.8 por ciento. Además, está ocurriendo que muchas de las inversiones de mayor envergadura proceden de gobiernos extranjeros, como Venezuela y Corea del Sur, y están focalizadas en áreas muy específicas como energía y puertos.

¿Qué significa que muchos indicadores económicos estén relativamente bien, mientras las inversiones languidecen? Pues que sencillamente el país no está despegando y que la actual administración está fallando en producir lo único que puede sacar al país de la pobreza.

La historia económica moderna nos enseña que no existe otro motor que catapulte más rápido las naciones hacia la prosperidad que la inversión privada. Los negocios, pequeños o grandes, son los verdaderos creadores de empleos, las fuentes del financiamiento estatal y los generadores de riqueza. Los gobiernos no crean riqueza sino que distribuyen, invierten o gastan —a veces bien, las más de las veces mal— las riquezas creadas por otros. Los países que están logrando los avances más espectaculares en sacar a millones de la pobreza, como China, India y Brasil, lo deben a una avalancha de inversiones extranjeras que les está permitiendo abrir miles de fábricas y aumentar el empleo.

¿Qué ingredientes explican su éxito? Uno de ellos es mantener el equilibrio macroeconómico (balance entre ingresos y egresos, estabilidad cambiaria, etc.), asignatura en la que nuestro gobierno tiene un aprobado. Pero hay otros, fundamentales, sin los cuales este esfuerzo se queda en el aire. Uno de ellos es el imperio de la ley, acompañada de un sistema judicial capaz y honesto. La corrupción —como también lo demuestra la historia económica— ahuyenta las inversiones. Los inversionistas necesitan reglas del juego claras, confiables y exigibles, así como un entorno institucional ético, transparente y predecible. Las mafias pueden prosperar en sociedades sin ética, pero las empresas competitivas no.

Otro factor también decisivo para un buen clima de inversiones es la estabilidad política que emana de gobiernos sometidos a los marcos constitucionales y de ciudadanos que ventilan sus diferencias a través de cauces cívicos, que les son confiables. En estos últimos factores el gobierno reprueba. Ortega ha venido entronizando toda una cultura de irrespeto flagrante a la ley y los procedimientos que ensombrece el futuro, mientras cunde la corrupción y el sistema judicial se desprestigia aceleradamente. Un fruto de la incertidumbre engendrada por este desorden es la anémica inversión privada.

Mientras esto no cambie, y aún cuando vengan muchas Albas y programas de “hambre cero”, Nicaragua seguirá siendo un país limosnero —dependiente al extremo de la caridad internacional— y sus pobres, los que no logren emigrar, seguirán mendigando dádivas de los políticos o limpiando vidrios en los semáforos.

El autor es sociólogo, ex Ministro de Educación

COMENTARIOS

  1. Arouet
    Hace 16 años

    Dr., pero ademas esta la cultura. Supongamos que milagrosamente Ortega instituye un estado de derecho y permite una genuina practica del juego democratico. Aun esas circunstancias no garantizarian el crecimiento economico. Tenemos que hacer algo con la cultura, que en nuestro caso se ha convertido en una cadena mas fuerte que todo lo demas. Openheimer, Montaner, Miller y todos los demas que han escrito sobre el tema tienen razon. Es la cultura.

  2. ALEX
    Hace 16 años

    la fuente del trabajo es la clave. el que trabaja tiene dinero, el que tiene dinero puede hacer uso de su dinero, el que da uso de sus vienes economicos estimula la economia. tonces desde aqui la economia crece crece y todos crecemos. ahora no todo deve ser gratis. mejor demos trabajo y asi podra la gente pagar por los servicios. proteccion a los JUBILADOS! ellos constribuyeron!!!

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