Augusto Zelaya Úbeda

El cuento de la chancha fea

“Ningún organismo puede sobrevivir durante mucho tiempo sumergido en sus propios desechos” (J. Rifkin-T. Howard)

En un pueblito recutido allá en el norte de Nicaragua, vivía un viejito pobre y desvalido. La pobreza que sufría era tan, pero tan dura, que se le ocurrió que para poder recoger unos “rialitos”, tenía que vender alguno de los animales que poseía. ¿El caballito tulenco…? ¡No!… ¿La vaca chinga que le daba tres litros de leche…? ¡Ni quiera mi Dios! Al final, se decidió por vender una chancha que vagaba por el patio. Era una chancha mostrenca, flaca, vieja y caratosa y que pasaba haciendo daño en los siembros.

Para vender la chancha debía llevarla a Jinotega; debía arrearla y pasar por el centro de San Marcos, mi pueblito. Y allí lo conocían. Y si pasaba con la chancha fea y flaca se iban a burlar de él. ¿Cómo hacer para pasar por el centro del pueblito sin que notaran a su chancha fea? Hizo lo siguiente: Compró al fiado diez chanchas feas… apestosas como la de él; ya reunidas, las pasó por el pueblito de las burlas… Y nadie se fijó en su chancha fea revuelta entre las otras. En Jinotega vendió todas las chanchas feas y volvió a su ranchito con plata.

Viendo lo que estamos pasando en Nicaragua me acordé de la chancha fea. En este Gobierno, la corrupción es la chancha fea. La corrupción basada en la falta de valores por los que grita el doctor Humberto Belli en un reciente artículo (y que comparto plenamente) y en los casi 800 millones de petrodólares que son, principalmente, la “chancha fea” del Frente. Y, cómo vivir en esa corrupción sin hacerse notar? Fácil. Seamos todos chanchas feas…

Hay cientos de “chanchas feas”…

Un purpurado amado y respetado por moros y cristianos hoy, avergonzado, no sale ni a la calle. Un líder revolucionario, autor de una de las hazañas más memorables, hoy es un descarado funcionario lisonjero. “Líderes” que hace unos pocos años andaban en chancletas, hoy son “robolucionarios oligarcas”, dueños de mansiones, islas y gordas cuentas bancarias. En los setenta, ¡qué valores yo admiraba en un joven alumno de la Escuela Normal! ¡Cómo me enorgullecía de la amistad de un funcionario de construcciones del Mined! Hoy, gordo el uno y mefistofélico el otro, en el Consejo Nacional de Elecciones son la vergüenza de sus familias y del país.

Un maestro respetado, amigo, hermano y honesto lo convierten, de pronto, en sospechoso de robo y malos manejos; se le olvidó todo lo que decía… “que las escuelas no sean bancos. ¿Será que el Mined se convirtió en uno de los “bancos”? Corrió a maestros y obligó a que en las escuelas se hiciera proselitismo político, convirtiendo el escenario educativo en algo nunca visto.

Uno que dicen que es gran médico, hoy, transformado en una copia burda de la Nicolasa Sevilla. Y la Policía… Ya la Jefa ni a misa va. ¿Y la chancha fea descarada de los magistrados de la CSJ?

El cuento de “Las chanchas feas” es interminable. Ingenieros, abogados, ¡rectores!… los vendidos de la Asamblea que un día creímos honestos y brillantes, hoy transformados en una claque. Rechazados por la población, se reúnen a la voz del amo y son paseados todos juntos por la Calle Central de la conciencia patria, por el centro del herido corazón de Nicaragua. ¡Todos chanchas feas, caratosas… y corruptas!

Aún está Dios. A Él no lo van a engañar y van a tener que enfrentarlo.

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