“Nicaragua se mantiene,de acuerdo con estadísticas regionales, como el país más seguro de Centroamérica y el tercero menos violento en América Latina después de Uruguay y Costa Rica, debido en parte a la falta de presencia total del crimen organizado, al relativo crecimiento anual de la delincuencia en general y a la baja tasa de homicidios (13 por cada 100 mil habitantes). En Honduras, El Salvador y Guatemala dicha tasa es mayor de 50 homicidios por cada 100 mil habitantes.
Pero esto no quiere decir que en el país no exista delincuencia común. Los asaltos a mano armada, robos con fuerza o con violencia, abigeato, violencia intrafamiliar, delitos sexuales, narcotráfico, homicidios imprudentes o culposos, entre muchos otros, son delitos que crecen día a día en Nicaragua, (sin incluir los no denunciados) por lo tanto, no nos podemos “dormir en nuestros laureles”. Hay que crear políticas públicas integrales (que coadyuven a las ya existentes) de lucha contra el crimen que amortigüen el crecimiento delictivo, aunque éste sea menor que en otros países, si es que nos queremos mantener como el país más seguro o menos violento de Centroamérica.
Desde el año 2008 hasta la fecha, en Nicaragua aproximadamente cada 11 minutos se comete un delito. Promedio 150 mil delitos al año. Los más comunes, sin incluir los delitos sexuales, son el robo, hurto, estafa, abigeato (delitos que afectan al patrimonio) debido a factores sociales endógenos como el desempleo, la pobreza, el analfabetismo, la falta de oportunidades, el bajo índice de calidad de vida, entre otros.
Para combatir la delincuencia y brindar una mayor seguridad ciudadana, el Estado debe crear una política integral de lucha contra el crimen enfocándose a priori en la prevención. La ciudadanía más vulnerable (pandillas o grupos juveniles, indigentes, gente de escasos recursos) quienes son los más susceptibles a cometer delitos por su segregación social, se les debe incluir en programas educativos, alimenticios y de concientización ciudadana, al igual que se deben de crear más fuentes de empleo, escuelas, albergues, centros de ayuda al indigente, entre otras.
Pero también, el delito lógicamente debe ser castigado con leyes rigurosas y adecuadas a nuestra realidad social, con una policía, fiscalía y sistema judicial más beligerante para que la población en general se sienta segura al recurrir a estas instituciones donde se le brinde un trato humano y justo. Lamentablemente las mismas no tienen el suficiente recurso humano y material para dar respuesta rápida a todos los problemas de la ciudadanía, porque el Estado (principal garante por la seguridad) no tiene los recursos económicos para ser inyectados en las mencionadas instituciones públicas. Aunque también hay que reconocer en parte la labor de estas instituciones, ya que por su constancia y trabajo, el crimen organizado por el momento no ha logrado colocar todos sus tentáculos en el país.
El delito es una realidad social y humana, que tiene presencia en toda comunidad, sociedad o nación. Es básicamente imposible erradicarlo, pero sí es posible prevenirlo y combatirlo. Por eso la ciudadanía ante la delincuencia actual, debe de concientizarse promoviendo una mayor convivencia humana, y sobre todo debe ser más precavida ante tal realidad.
Hacemos énfasis en que el Gobierno central debe de aumentar el presupuesto para la lucha contra la delincuencia común y la eventual delincuencia organizada. Todo es y será en favor de la población en general, que al final de cuentas es la que más sufre las consecuencias del delito, porque el mismo sólo genera mayor pobreza, desintegración social e inseguridad ciudadana”. [email protected]
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