El principio de cada actividad tiene su momento en el día o en la semana… y cada objeto su sitio. Todo tendrá sentido si ponemos orden. Existe en la disciplina de Física un término que se estudia en termodinámica denominado Entropía, y el mismo se define como la tendencia al desorden, por citar un caso en la vida práctica, si bien somos miles los que de una forma u otra insistimos en que los problemas se solucionan comunicándose, cediendo, equilibrando, el planeta Tierra se escapa de ello y muchos son los conflictos vinculados a la guerra (por causas económicas, contradicciones en lo religioso, etc.)
Luego si bien tratamos de descansar, después de una jornada dura de trabajo —algo desesperado porque llegue el sábado chiquito— y tender al mínimo esfuerzo, relajarnos y olvidarnos un poco de los problemas, algo más sencillo y posiblemente al otro día que abramos los ojos, ya encontrará usted su propio desorden, en su propio hogar ¿cuáles? La ropa tirada en cualquiera de los muebles de la sala, los zapatos fuera de su lugar, las llaves de la casa sólo recuerda que cerró la puerta, en fin un total desorden.
Y pensará usted —con parte de la razón— , pero le recuerdo que estamos planteando que el ser ordenado es una virtud (significado de virtud: eficacia para conservar o restablecer; recto en el modo de proceder; poder o potestad de obrar), lo cual implica el establecimiento de una diferencia, por lo que podemos carecer de ese “don” en cuanto a poner las cosas en su lugar, en establecer prioridades. Hay personas que consideran que pueden ser desordenadas, pero que siempre encuentran lo que buscan, si no se le cambia de sitio (¡simpática respuesta!, porque basta que se tenga un familiar: esposa, abuela, suegra, que tenga la virtud de ser ordenada, y ya se le perdió el mundo).
El ser desordenado/a va estrechamente relacionado con la pereza, entiéndase la falta de esfuerzo, luego ya vamos por dos antivirtudes que se encuentran como los polos Norte y Sur del cualquier imán, simplemente inseparables. Pero acaso ¿el desordenado nace o se hace?
En muchas ocasiones los padres permitimos o incentivamos el desorden, por ejemplo: que cada hijo tenga su televisor en su cuarto; lo anterior se empeora si le permitimos que puedan alimentarse en la cama, viendo la tele. Y para colmo cuando papá o mamá no están seguros de cómo van sus hijos/as en la escuela y simplemente se justifican porque ya el niño o la niña tienen 22 años y son responsables de sus propias acciones (no olvide que siempre ellos requieren de su atención). Una responsabilidad importante, la cual debe ser asumida por los padres, es que nuestros hijos/as dejen de ser entrópicos = desordenados, pero si bien algunos/as lectores/as pueden pensar que los ejemplos citados resultan nimiedades, tonterías en una palabra, les argumentaría que: Esta vida está llena de “tonterías”, detalles insignificantes que sumados son capaces de dar al traste con una familia entera.
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