Por José Pallais
Al acercarse la contienda electoral del 2011, actuando torpemente como si la competencia fuese únicamente entre los demócratas, hay quienes han desatado una campaña de descalificaciones, desinformaciones y ataques personales de unos contra otros, olvidando que nuestro verdadero adversario y enemigo de la democracia es el mismo que tiene una agenda política en la que no cabemos los partidos de oposición. Si no reflexionamos a tiempo y comprendemos que nos estamos peleando por lo que no podremos alcanzar y lo que es peor, por lo que no está en juego; estaremos prolongando la agonía de nuestro pueblo por cinco años más y posiblemente por décadas si los propósitos de Ortega llegaran a concretarse. Para corroborar esto no tenemos que ser dueños de una imaginación demasiado fértil, basta con volver la vista hacia la Venezuela de Hugo Chávez y a sus satélites y aliados donde el continuismo y la violación de los derechos ciudadanos es la constante.
Ante esa realidad que nos amenaza, el propósito de este artículo es invitar a todos aquellos que nos preciamos de ser demócratas y que tenemos un compromiso con Nicaragua, para que hagamos un alto en el camino, que recapacitemos y que juntos emprendamos la lucha por impedir que de la dictadura pasemos a su etapa superior: la tiranía. Para ello es imprescindible que nos demos cuenta que desde hace rato estamos combatiendo, esgrimiendo como única arma el respeto a nuestras leyes y Constitución contra un enemigo al que poco le importan las mismas. La vocación totalitaria que el gobierno de Ortega está exhibiendo y el clamor de un pueblo que nos exige unidad, deberían ser suficiente motivo para deponer actitudes y encontrar a cualquier costo la unidad en la acción que la patria nos está demandando.
En días pasados el ex presidente del Consejo Supremo Electoral tuvo la desfachatez de advertirnos que el próximo dos de noviembre convocará, en contubernio con sus secuaces, a las elecciones nacionales que habrán de celebrarse el seis de noviembre del próximo año. En su insolencia nos advirtió que en dicho proceso no existirá observación electoral nacional y que el organismo internacional o país que desee asistir lo hará bajo las reglas que ellos fijen al respecto. Esa prepotencia de que hace gala este personaje en el marco de una cadena de inconstitucionalidades y con el control absoluto de todos los poderes del Estado, nos obliga a entender que si no demostramos al mundo que somos un pueblo dispuesto a luchar unidos por defender nuestra democracia, no podremos esperar la solidaridad y apoyo de la Comunidad Internacional para detener los planes totalitarios de Ortega.
La Carta Democrática, los acuerdos de Esquipulas II, los compromisos del Sistema de Integración Centroamericana para vivir en paz, democracia y desarrollo. Son obligaciones que todos deberíamos recordar al mundo, si es que aspiramos con responsabilidad librar a nuestro pueblo del destino al que Ortega pretende arrastrarnos.
Luchar con las armas de la democracia contra un sistema que hace uso de ellas desvirtuándolas para su beneficio, tergiversándolas en su interpretación e imponiéndolas pervertidas, es difícil pero no imposible. Lo hemos demostrado en diversos periodos de nuestra historia y en todos ellos la democracia ha salido adelante. En este momento el reto es nuestro y debemos asumirlo con la responsabilidad de lo que está en juego; estando claros que el fraude ya está consumado.
Este reto demanda el esfuerzo sincero de todos y la responsabilidad y empeño que demostremos en lograr el accionar necesario permitirá identificar a los verdaderos demócratas diferenciándolos de quienes únicamente se disfrazan para esconder su mediocridad convirtiéndose en tontos útiles del orteguismo. Los nicaragüenses no deseamos candidatos que solo servirían para peregrinar llorando lo que no supimos defender.
La única e impostergable campaña es de todos: exigir elecciones libres y transparentes, movilizarnos nacional e internacionalmente para lograr salvar la democracia que tanto nos ha costado y en la que tanto han invertido los países democráticos y los organismos internacionales.
La presión sostenida y unificada, con una estrategia firme y coordinada, a lo interno y a lo externo, es imprescindible para poder alterar los planes de Ortega y crear condiciones para un proceso electoral limpio y legítimo; todo lo demás son sueños de opio. Ya habrá tiempo para justificadas y genuinas aspiraciones personales.
El autor es diputado Liberal y presidente de la Comisión de Justicia de la Asamblea Nacional.
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