Pedro J. Chamorro B.

Brito: ¿secar el río San Juan por 250 megavatios?

El proyecto de generar 250 megavatios en un embalse en las aguas del Lago de Nicaragua en Brito suena atractivo y ha sido acariciado por años para cambiar nuestra matriz energética y no seguir siendo dependientes de los combustibles fósiles para generar electricidad.

No obstante, este proyecto necesariamente conlleva el sacrificio del río San Juan, ya que se tendría que levantar sobre el río una muralla de retención de 10 metros de altura por 400 metros de ancho de cerca de la desembocadura del río Sábalos, esto para evitar que la mayor parte del caudal del río fluya hacia el Atlántico.

Por el lado del Pacífico, el proyecto contempla hacer un canal de aducción o trasvase de 17 kilómetros, para llevar las aguas hasta una represa cerca de Brito, donde se generaría la electricidad y luego las aguas del Cocibolca descargarían en grandes volúmenes en el Pacífico, cerca de las costas de San Juan del Sur.

Quiero sumar mi voz a la de muchos ecologistas y ambientalistas, como el doctor Jaime Incer Barquero, el doctor Salvador Montenegro y el licenciado Kamilo Lara, que han señalado los enormes costos ambientales que dicho proyecto implicaría para la biodiversidad en una zona, que no sólo tiene un potencial turístico invaluable, sino que tiene una historia ligada con todo lo que ha sido Nicaragua desde su fundación.

Nuestro río San Juan prácticamente desaparecería en su caudal, debajo de dicha presa que incluso ya tienen nombre “San Isidro”, los raudales serían obstáculos insuperables y el río dejaría de ser la principal vía de comunicación de toda una región que no cuenta con carreteras más que una selva bellísima en la Reserva Indio Maíz.

De nada serviría el esfuerzo que este Gobierno está haciendo por dragar el río San Juan del Delta hacia el Mar Caribe, porque ese brazo de agua prácticamente desaparecería si río arriba se bloquea el caudal del río para desviarlo hacia el Pacífico a fin de generar los 250 megavatios.

Ni hablar de los daños al medio ambiente en el Pacífico, con el descargue de 500 metros cúbicos por segundo de agua dulce en un ecosistema frágil, indudablemente tendría resultados calamitosos, todo ello cerca de las playas más cotizadas de Nicaragua: San Juan del Sur.

Y en el Lago de Nicaragua ya no podríamos gozar de las especies marinas que a lo largo de los siglos han sorteado sus aguas para encontrar un hábitat natural, como lo son el sábalo real, el pez sierra, el tiburón, el róbalo y el roncador.

Ningún proyecto vale la pena por nuestro río San Juan de nuestro Lago Cocibolca, ni que venga con el visto bueno del Kremlin, Washington o de Brasilia. Si el agua del Lago de Nicaragua va a ser usada para algo más valioso que generar energía de exportación, va a ser para colmar la sed de los centroamericanos.

Todo lo que como nación hemos hecho, la lucha contra los piratas, el Castillo de la Concepción y lo que hemos soñado, perdería valor si le ponemos un tapón al río San Juan y cortamos su cauce natural hacia el Mar Caribe para generar 250 megavatios de energía.

Si este proyecto va en serio, desde ya deberían de retirar la draga que se acaba de introducir al río San Juan por la barra del río Indio, porque todo lo que hará esta draga no tendrá ningún beneficio a mediano plazo. El megaproyecto se tragaría no sólo la draga, sino que también el río y todo lo que ello implica, la biodiversidad.

Si por la mina de Las Crucitas, en Costa Rica, ha habido tanta oposición porque contaminaría el río, poco importará cuando el caudal del río San Juan haya sido reducido a la mínima expresión.

En un análisis serio costo-beneficio, no tengo la menor duda de que este megaproyecto resultaría aplazado. Por lo que necesariamente habría que preguntarse, si los megacostos son tan evidentes, ante los ojos de cualquier persona con sentido común, ¿a quiénes benefician los beneficios? ¿Quiénes están detrás de este proyecto?

El autor es diputado a la Asamblea Nacional.

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