Mario Alfaro Alvarado

La Quinta Columna arnoldista

Se usó el término “Quinta Columna” por primera vez en una operación militar realizada en la Guerra Civil Española. El término se popularizó y se aplicó a los infiltrados en cualquier organización política o empresa para realizar sabotajes o promover conflictos.

Entre la más pura tradición liberal por el control del presupuesto nacional, después de la larga dictadura somocista, Arnoldo Alemán se impuso revivir el pacto de 1950 entre Somoza y Chamorro. Ese pacto consistió en repartirse el presupuesto en cuotas mediante cargos públicos: una mayoría para el liberalismo y una minoría para el conservatismo.

Alemán mejoró la oferta del pacto de 1950: donde había un director, el nuevo pacto nombró seis o diez, mitad arnoldistas mitad orteguistas. En la Corte Suprema de Justicia había 12 magistrados que desganadamente administraban una justicia política, el pacto nombró a 16; en el Consejo Supremo Electoral, en vez de un “Salmerón”, el pacto nombró seis o diez, nadie sabe cuántos son ni qué hacen, pero se sabe que todos ellos juntos se robaron las elecciones del 2008 y hasta usaron la Policía para sacar por la fuerza al Alcalde de Boaco.

Alemán es el típico aventurero político, imaginativo, audaz en sus propósitos y carente de escrúpulos. Gustavo Le Bon llama agitadores a estos políticos. Dice de ellos que “no son hombres de pensamiento, sino de acción. Son aventureros sin talento, pero enérgicos”.

El soborno y la venalidad son vicios políticos convalidantes en la historia política de Nicaragua; no puede existir el uno sin el otro. Son factores estructurales del ideal político de la tradición liberal.

Indudablemente, Alemán supo escoger a sus socios liberales, somocistas unos, menos somocistas otros; pero todos adictos a los cargos públicos, bien dotados con altos salarios y jugosas prebendas.

La quinta columna de Alemán ha mantenido hasta el momento dividida a la oposición. Ha alentado las ambiciones de cargos bien remunerados con cien mil córdobas o más y otras granjerías nada despreciables y los cargos vitalicios. Los diputados nombrados por Alemán llevan tres períodos en sus curules. Nadie quiere dejar el cargo, todos quieren seguir medrando bajo la sombra placentera del Pacto Alemán-Ortega.

Con una simulada oposición en la Asamblea Nacional, nunca se reunirán los 56 votos para nombrar nuevos funcionarios. Todos los que cumplieron su período ya han sido “reelectos” por un decreto de Ortega. Entre simulaciones la quinta columna arnoldista mantiene el equilibrio hasta que llegue el momento de tomar decisiones finales. Sólo Alemán y Ortega saben lo que resultará para beneficiar al pacto.

Ortega ha cambiado la Constitución a su antojo y gobierna por decreto para beneficio de los incondicionales del pacto. El verdadero poder de Ortega está en la capacidad de pagar los salarios de los servidores de su régimen. Un sueldo de cien mil córdobas al mes significa 1 millón 200 mil córdobas al año y 6 millones de córdobas en 5 años. Así cualquier oportunista puede convertirse en millonario.

Pero el Pacto Alemán-Ortega no las tiene todas consigo. Entre las virtudes de Fabio Gadea destaca la prudencia. Fabio no se deja llevar al delirio de una candidatura amenazada por un fraude electoral, cuyos resultados ya han sido aprobados. También comprende que no debe pactar con partidos ni políticos. Su apoyo electoral lo encontrará en el 52 por ciento de la fuerza votante, formado en su mayoría por jóvenes, que desconfían de los políticos y de sus partidos y se proclaman políticamente independientes. Este 52 por ciento de los votantes sí ganará las elecciones.

El autor es periodista.

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