Carta a mi hermano Pedro

Ana María Chamorro

Querido hermano, al leer tu artículo publicado el pasado 15 de septiembre en LA PRENSA, quise comentarte lo que se está viviendo en la actualidad en Nicaragua.

“Una vez más —dice tu escrito de hace 40 años— pasaron las fiestas y los desfiles de las FIESTAS PATRIAS igual que siempre”. Pero, aunque parezca contradictorio, es igual y es distinto… El desfile ya no es en la Plaza de la República, ni tampoco en la tribuna frente al Campo de Marte, sino en el centro de la ciudad, en una plaza nueva llamada, irónicamente, de las “victorias”; seguramente es el lugar menos indicado para concentraciones de personas, ya que obstaculiza el tráfico y las actividades comerciales en varias manzanas a la redonda y congestiona el tráfico en otras muchas vías de circulación del perímetro aledaño: un total caos, parálisis masiva y pérdida de valioso tiempo, recursos y dinero para muchas personas.

Nuestra Bandera soberana, azul y blanco, ha sido relegada a un segundo plano por la bandera rojinegra partidaria del frentismo. Lo que viene sucediendo desde que, como mal presagio, el candidato del Frente, montado en un valioso caballo purasangre, entró ostentosamente a la manifestación de cierre de campaña ciñendo nuestra bandera en sus espaldas y subió al estrado bailando y tratándola como si fuera la capa de un torero. Un acto de abierto y grotesco desacato al protocolo y venerable respeto que se le debe a los símbolos patrios. El Escudo Nacional se reviste ahora de colores sicodélicos, rosado chicha y celeste turquesa: eso trae suerte.

Como si fueran vampiros u otras criaturas de mala calaña que le temen al sol, los eventos y desfiles son al caer la tarde y los convocados esperan largo tiempo, no obstante haga sofocante calor y tengan que estar de pie por horas. Aunque sólo para los que marchan y esperan pues los de la tribuna tienen aire acondicionado y muchas flores que les refrescan el ambiente, así como agua helada importada de los manantiales de los Alpes franceses y otras extravagancias exclusivas para ellos.

Los discursos son monótonos y extensos, aunque el de don Daniel, esta vez, no fue tanto, se limitó a exaltar y alabar a su hermano Chávez, así como a destacar sus obras, las que nadie ve ni disfruta de ellas. Fue ciertamente confuso este discurso; al referirse a las batallas históricas, la de Independencia y la de San Jacinto, enredó datos y fechas, pues los aniversarios que mencionó no correspondían ni en las fechas ni en las épocas de cada una de estas gestas. Jura a la Patria no hubo, ¿y para qué? Como vos decís, hermano Pedro, sólo cinco personas conocen este juramento y él está dentro de los cien.

Algo insólito y contradictorio fue lo sucedido durante estos días de la Patria. En vez de reflexionar y preocuparse por el bienestar del país, urdieron la “legitimación del decretazo” a través de otro mandato chueco, el que muy temprano el 16 de septiembre estaba publicado en La Gaceta, esta vez sólo con la anuencia del Presidente de la Asamblea y a espaldas de todos los diputados, para truculentamente evitar los votos que no tenían seguros y, con esto, pretender hacer legal la continuidad de los funcionarios de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo Supremo Electoral. Ambos de estos poderes de Estado les son indispensables para amañadamente garantizar las elecciones de 2011, mejor dicho para garantizar su ilegal y a todas luces inconstitucional reelección. Mi querido hermano Pedro, esto sí es igual ahora. Ellos hacen su propia Constitución. Este hecho avasallante fue el desmayo, no de los niños, sino de todos los ciudadanos decentes.

Como ha sido una tras otra vez, y por 67 veces, “más las que chorrean”, como se dice campechanamente, se ha violentado y prostituido la Carta Magna y con ello la legitimidad del Gobierno y de los otros poderes del Estado. Además, continuamente se irrespetan los derechos civiles, los derechos de los trabajadores, los derechos del libre comercio y libre contratación, el derecho de elegir, los derechos de libertad de movilización, de expresión y de prensa, en fin, todos los derechos humanos. Realmente todo esto es igual, pero mayor y peor. Confirma lo que hace algún tiempo declaró altivamente la primera dama: “Hemos nacido para ejercer el poder y cambiar la vida”. Lo malo es que son como un embudo, acaparan de muchos para concentrarlo entre pocos.

¿Los próceres? Es una palabra obsoleta que no se toma en cuenta, los que cuentan son los que están arriba ahora. Tampoco interesa ni cuenta la larga lista de los niños que viste marchar en los desfiles de antaño y que muchos engrosaron la también larga lista de los que ofrendaron heroica y desinteresadamente sus vidas, tanto por la Independencia, tanto por la liberación del ambicioso filibustero invasor, o quizás estos niños pensaron ofrendar su vida por liberar a Nicaragua de la opresión del dictador de turno, como vos mismo, Pedro, lo hiciste para que Nicaragua volviera a ser República.

Hoy como ayer, en vez de servir a la Patria, se sirven de la Patria; no se sabe hasta dónde llega el Estado-partido y el Estado-familia. Algunos diputados son justos, pero otros son como Judas, que venden sus conciencias por las 30 monedas y hasta por favores, como sucedió el martes de esta semana, dando sus complacencias a los caprichos e injusticias del poder corrupto, porque hay monedas suficientes para comprarlos, monedas que vienen del Alba en todas sus denominaciones. Dicen que es una empresa privada, pero todo tendremos que pagarlo, y caro, como los generadores que habían ofrecido donar.

El zancudismo y el pacto han contribuido a la corrupción y al continuismo, sobre todo con la gran concesión de bajar al 35 por ciento el monto de los votos requeridos para ganar en primera vuelta las elecciones presidenciales. Por todo eso, y muchas otras cosas más, estamos en “la noche oscura”, como proféticamente dijo nuestro gratamente recordado Papa, Juan Pablo II, en su visita a Nicaragua en el año 1983.

La corrupción es insoportable e incontrolable. Es como lo expresa Jesús en la parábola del amo que despidió a su mal administrador y le advirtió: “El que es de fiar en lo poco también es de fiar en lo importante; el que no es honrado en lo poco tampoco es honrado en lo importante. Si no se es de fiar con el injusto dinero, ¿quién le confiará lo que vale de verdad? Si no fuiste de fiar en lo ajeno, ¿lo suyo, quién se lo confiará?”

Urge, Pedro, por medio de la unidad que vos siempre anhelaste, instaurar la revolución de la honradez, que era uno de tus ideales, tal como lo manifestaste, hace 44 años, en unos de tus editoriales, cuya cita se reprodujo en el Editorial de LA PRENSA del día 20 de septiembre de 2010: “Hacer todo esto sería hacer una verdadera revolución, por cuanto equivaldría a cambiar sustancialmente el concepto del ‘Estado botín’ que ha privado largos años, por otro diferente, del Estado como organización dentro de la cual el ciudadano debe servir, obligatoriamente, para beneficio de su comunidad”.

Estamos en las manos de Dios. Él es el único de quien nos podemos fiar. Te recuerdo mucho, hoy día de tu cumpleaños. Tu hermana Ana María .

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