Alrededor de dos mil personas viven en Rama Cay, conocido como el corazón del pueblo rama. LA PRENSA/G. Miranda.

La endeble tierra de los ramas

Desde la casa de Jefrey MaCrea, en Rama Cay, se distingue parte del continente rama. La casa de MaCrea, padre de tres y profesor de inglés en la secundaria de la comunidad, es la última de la hilera de ranchos donde viven varios de los hijos de Cleveland MaCrea y él mismo, quien es pastor de la iglesia morava que está al lado. Ésa es la parte más alta y verde del cayo que se halla a 15 kilómetros al sur de Blue fields, sobre el agua café de la bahía, y que alberga a unos dos mil ramas. Aunque viven apretujados, los ramas saben que toda, pero toda la tierra firme que se mira desde el cayo les pertenece.

Por Amalia Morales

II Parte

Desde la casa de Jefrey MaCrea, en Rama Cay, se distingue parte del continente rama. La casa de MaCrea, padre de tres y profesor de inglés en la secundaria de la comunidad, es la última de la hilera de ranchos donde viven varios de los hijos de Cleveland MaCrea y él mismo, quien es pastor de la iglesia morava que está al lado. Ésa es la parte más alta y verde del cayo que se halla a 15 kilómetros al sur de Blue fields, sobre el agua café de la bahía, y que alberga a unos dos mil ramas. Aunque viven apretujados, los ramas saben que toda, pero toda la tierra firme que se mira desde el cayo les pertenece.

Como un regalo de Navidad, el 23 de diciembre del año pasado se otorgó el título de propiedad al pueblo rama kriol. Son nueve las comunidades, incluidas en la alianza indígena y afro, las propietarias de 406,000 hectáreas, una mancha de tierra que se localiza al sureste del país y se extiende por los municipios de Bluefields, Rama, Nueva Guinea, pero también abarca terreno en los municipios de San Juan de Nicaragua y El Castillo.

Comprende territorios de las reservas naturales: cerro Silva, Punta Gorda e Indio Maíz. Es probable que nadie que visite Rama Cay, y mire sus casas pequeñas y apiladas, cargadas de niños y mujeres, imagine que eso es apenas un átomo de tierra del pueblo rama. Tampoco alcanza a imaginar cuán grande es el territorio rama Whitewell Omier, uno de los hombres más viejos de la comunidad, que coordina al grupo de música y baile, y que atisba una sonrisa de satisfacción cuando se le pregunta qué siente ahora que ya tienen un título de propiedad.

Omier, un hombre de 70 años, a veces desaparece de Rama Cay. Y no es a Bluefields que se va. No. Omier, como muchos otros hombres ramas, se cruza en un cayuco a tierra firme y luego se pierde a pie por el territorio verde que desde un avión se ve como un brócoli. Los ramas, desde siempre, han vivido de la agricultura, explica Omier. De eso y de la pesca viven ahora.

Hay ramas esparcidos en las riberas de los ríos Indio y Kukra. Algunos lingüistas sostienen que en algunos de esos recovecos sobreviven ancianos que sólo se comunican en rama.

DOS AÑOS DE CONFLICTO

Pero los ramas que fueron diezmados por otros pueblos y desde finales del siglo XIX han reclamado su título de propiedad han tenido muchos conflictos antes y después de alcanzar el título, igual que los mayangnas de Awas Tingni en el norte.

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El diputado Brooklyn Rivera dice que sólo dos o tres de los territorios indígenas titulados están “limpios” de colonos y agrega que se quedarán en los territorios aquellos que llegaron antes de 1987 y tengan documentos, los que no, entrarán a la etapa de saneamiento.

[/doap_box][doap_box title=»Lo que dice y se viola de la ley» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]

  • La Ley 445, del Régimen de Propiedad Comunal de los Pueblos Indígenas y Comunidades Étnicas de las Regiones Autónomas de la Costa Atlántica de Nicaragua y de los Ríos Bocay, Coco, Indio Maíz, dice en el artículo 62 que “mientras dure el proceso de la demarcación y legalización, asegurará la inclusión en el Presupuesto General de la República de cada año de las partidas que fueren necesarias para financiar las inversiones que demanden los trabajos y gestiones de toda índole, necesaria para asegurar el propósito señalado por esta ley”.
Mientras que el artículo 63 dice que “Para la ejecución de la presente ley se crea el Fondo Nacional de Demarcación y Legalización de las tierras comunales, el cual será administrado por la Comisión Nacional de Demarcación y Titulación (Conadeti)”.
Sin embargo, un informe a junio del Conadeti dice que los recursos han sido muy limitados y tampoco se ha creado el Fondo Nacional para la Demarcación.

Fuente: Informe Conadeti

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Whitewell Omier, uno de los más viejos de la comunidad y Silvano Hodgson, el profesor de Rama Cay. LA PRENSA/G.MIRANDA

La dirigencia rama ha denunciado acoso desde el 2009. Sobre todo en algunas comunidades como San Pancho, Sumu Kaat y Wiring Cay, explica Santiago Thomas, del Gobierno Territorial Rama Kriol (GTR).

Quemas de ranchos, amenazas contra la vida de algunos pobladores indígenas, han sido denuncias constantes de los ramas en la Policía de Bluefields.

En enero de este año hasta la comunidad de Sumu Kaat, sobre el río Kukra, donde viven unas 22 familias ramas, llegó un grupo de gente armada con pistolas y machetes. El son que tocan es el mismo de siempre: quieren que los indígenas se larguen y despejen el territorio.

“Ha habido indígenas agredidos y apuñalados”, dice Thomas, y explica que ellos han denunciado lo ocurrido, pero las investigaciones nunca prosperan ni a nivel regional, menos a nivel nacional, explica el líder.

Por eso los ramas pidieron audiencia en Washington a la Comisión Interamericana de Derechos Humano (CIDH) y fueron escuchados. Sin embargo, en el ámbito nacional las quejas de los ramas no trascienden. Tampoco, hasta ahora, han trascendido las intenciones de los mestizos que impugnaron el título de propiedad otorgado a los indígenas.

EFECTO CHONTALEÑIZACIÓN

Los ramas dicen que en el territorio hay viejos y nuevos vivientes. Los “viejos vivientes” son familias que llevan más de 50 años asentadas en su territorio, que han llegado en diferentes oleadas de “chontaleñización”, como se le llama al proceso de mestizaje que ha sufrido la costa Caribe, particularmente la RAAS (Región Autónoma del Atlántico Sur).

Y los nuevos son los que han aparecido en el último quinquenio.

El problema es, sobre todo, con los nuevos vivientes, que han aparecido de la nada, alentados por políticos de la región de distinta tendencia política. Thomas dice que el diputado de Yatama, Brooklyn Rivera, y Lumberto Campbell, coordinador del FSLN en las regiones autónomas. Ambos, según los líderes ramas, han hecho promesas políticas basadas en tierra indígenas.

Tanto en la RAAN como en la RAAS se habla de miles de mestizos en territorios indígenas. Miles que según reportes periodísticos no están dispuestos a renunciar a la tierra que han invadido o que han comprado, porque en muchos casos los colonos pagan por la tierra.

“Hay tráfico de tierra, y a veces están detrás otros mestizos, pero también ha habido casos de líderes indígenas detrás del tráfico de tierras”, dice un funcionario del Conadeti, quien cree que eso pasa por el poco control que ejercen las autoridades en los territorios.

Hay problemas con los terratenientes. Especialmente en la parte norte del territorio, reconocen los líderes indígenas, y explican que hay intereses políticos en los cerros Silva y Punta Gorda. “Algunos terratenientes tienen enlaces con algunos diputados desde Managua”, dice un líder indígena.

Otro problema para los indígenas ramas es la falta de reconocimiento de las autoridades locales. Es lo que le ha ocurrido a los indígenas que viven en Graytown. Alicia MaCrea denunció hace poco que el delegado del Marena en ese municipio (San Juan de Nicaragua) los margina. No toma en cuenta a los guardabosques indígenas para cuidar la reserva, tampoco les ha permitido hacer uso de madera para construir la escuela. El delegado de esa instancia en la zona, negó la versión de MaCrea.

GUÍA DE CONVIVENCIA

Ocho, diez y hasta quince mil mestizos podría haber en el territorio rama. Al margen de lo que resuelva la Conadeti (Comisión Nacional de Demarcación y Titulación), los ramas han elaborado una guía de convivencia, más bien un decálogo que propondrán a las familias de mestizos que viven en su territorio.

No más invasiones. No más afectaciones al recurso forestal. No más ríos contaminados. No más potreros. No más gente porque los recursos naturales no aguantan más presión. Si se ajustan a esas condiciones, los ramas dejarán que se queden los mestizos, pero dicen que si continúan con su práctica de depredación, la misma que ha barrido ya alrededor de 150,000 hectáreas de bosque, no les permitirán quedarse.

La guía de convivencia de los ramas es amplia, subdivide el territorio en zonas, y explica para qué son aptos y qué actividad económica se puede desarrollar sin abusar. La guía está en su fase preliminar, aún no es definitiva, pero es un borrador cercano a lo que ellos esperan que ocurra dentro del territorio rama.

Whitewell dice que a los ramas les interesa la armonía con la naturaleza. Las canciones que su grupo de música interpreta hablan de la naturaleza, de los animales, de los árboles, de la vida que comienza allí, en tierra firme, enfrente de Rama Cay, donde cualquier día de estos irá a cultivar la tierra por 10 días.

(*) Este reportaje se hizo con el apoyo económico del programa Vida en Democracia.

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