El general Fernando Chamorro Alfaro fue hijo del matrimonio constituido por don Pedro José Chamorro Argüello y doña Josefa Margarita Alfaro y Monterroso, del que nacieron cinco hijos más, tres varones y dos mujeres: Carmen y Mercedes, Rosendo, Dionisio y Pedro Joaquín.
Otro hijo de don Pedro fue don Fruto Chamorro, nacido de una relación de don Pedro con doña Josefa Pérez cuando estudiaba en Guatemala, y a quien siempre brindó apoyo económico y se preocupó por su educación. Don Pedro dejó instrucciones a su esposa que a su muerte lo llamara de Guatemala y como hijo mayor se hiciera cargo de la administración de los bienes de la familia y la educación de sus hermanos menores. Doña Josefa cumplió reconociéndole el apellido ante Notario a pesar de cierta protesta del reconocido, narra el doctor Pedro Joaquín Chamorro Zelaya en su biografía de Fruto Chamorro.
Por ello don Fruto tuvo adversarios que le señalaban su origen humilde. Relata el doctor Emilio Álvarez Lejarza que Bernabé Somoza, famoso fuera de la ley de la época, cuando fue derrotado en Rivas y las patrullas de Fruto lo buscaban, se apareció ante éste y le dijo: “A vos me rindo, Indio” y le entregó su lanza.
En ocasión de la prisión del general Máximo Jerez, ordenada por el mismo Chamorro como presidente, aquel le demandó el derecho a su defensa, a lo que Chamorro accedió. Jerez tituló su escrito: “Reto a Fruto Pérez”, cuando don Fruto leyó este título comentó: “Se llama demócrata y me enrostra la humildad de mi origen”. De los hijos de don Pedro Chamorro dos fueron presidentes de la República, el otro fue Pedro Joaquín Chamorro Alfaro.
Dotado de ideas firmes de orden, enérgico y buen administrador, Fruto Chamorro educó a sus cuatro hermanos varones cultivándoles valores cívicos por los que destacaron en su tiempo. Del menor de ellos, Fernando, dice el doctor Chamorro Zelaya, que siendo un jovencito una dama de Managua lo había envuelto en sus encantos, Fruto mandó por él imponiéndose a su carácter: “Todos debían estar bajo su custodia. Así educaba Fruto a sus hermanos; así, de aquel niño antojadizo sacó un general, Fernando Chamorro”.
Nacido en 1824 (Jerónimo Pérez lo conoció en la universidad de Granada cuando estudiaban cánones y filosofía: “tipo del talento y del juicio” dice de él), fue un hombre de ideas no necesariamente conservadoras, para algunos el más liberal de sus hermanos conservadores; defensor de la unión centroamericana, participó y polemizó a su favor. Fue leal a la causa de su hermano Fruto, le acompañaba como teniente coronel cuando éste salió al encuentro de la revolución encabezaba por el doctor Máximo Jerez, quien regresaba del exilio al mando de un ejército apoyado por el Presidente de Honduras para hacerle la guerra, por varios motivos, pero electo presidente por la Constituyente de 1854, Fruto venía de ser el último Director de Estado.
Es el preludio de la Guerra Nacional. Chamorro, sabiendo que el enemigo se había atrincherado cerca de la hacienda El Pozo, alrededor de León (12 mayo 1854), arremetió contra la avanzada de Jerez con tal ímpetu —llovía copiosamente y de madrugada oscura— cayó de su caballo, y a merced del enemigo, Fernando entre el fuego desordenado lo levantó inconsciente y lo montó cruzado en la cabalgadura de otro oficial, (J. Pérez). Así el joven militar salvó la vida de su hermano, que habría sido prisionero y quizás fusilado por Jerez. Pero el destino les tenía reservado momentos de gloria.
El presidente Chamorro regresó a Granada donde lo daban por muerto y estaban desesperanzados, Máximo Jerez fue perseverante en su persecución y le puso sitio a la ciudad de Granada por ocho meses. Chamorro entonces desplegó toda su energía organizando la defensa de la ciudad, animando al pueblo, soldados y oficiales; con su reconocido talento político militar logró que Jerez, herido y sin recursos, se retirara prácticamente vencido. Poco después Fruto moría de disentería. El partido de Jerez y Francisco Castellón contratarían a los filibusteros Byron Cole y William Walker; se iniciaba la sangrienta y dolorosa Guerra Nacional entre legitimistas (conservadores) y democráticos (liberales).
Meses después Walker toma la ciudad de Granada, saliendo al exilio el sucesor de Fruto Chamorro, don José María Estrada, con Tomás Martínez marchan a Honduras. El ya general de brigada Fernando Chamorro blande la bandera de los legitimistas, se movilizaba con sus tropas en las regiones de Nueva Segovia, Matagalpa y Chontales.
Para preparar el regreso del presidente Estrada y animar a sus tropas, suscribe con el entonces coronel José Dolores Estrada, quien con tropas de Chamorro, que incluía flecheros indios, incursionaría en la hacienda San Jacinto, la “Proclama de los Jefes y Oficiales”, en Matagalpa el 20 de abril de 1856: “Sostener, hasta derramar la última gota de su sangre, el Gobierno legítimo de la República y su independencia”. Ya su participación en las mayores decisiones militares en la vida nacional es significativa (como político fue Senador y ocupó la primera magistratura por periodo vacacional de Martínez).
Se firma, a instancias de los ejércitos centroamericanos, el pacto patriótico del 12 de septiembre de 1856 entre los dos partidos beligerantes. William Walker abandona la ciudad de Granada y la manda a quemar. Toma la ciudad de Rivas. El general Fernando Chamorro desplegará su gran capacidad militar y arrojo en distintas acciones en el sitio de Rivas (asalto de haciendas San Esteban, Santa Úrsula y de Maliaño, bastiones walkerianos).
El 5 de marzo de 1857 sale a emboscar a los batidores comandados por el coronel Caicee, que regresaba de San Juan del Sur de dejar a la viuda del mayor Dusembury y recibir refuerzos, y ubicándose entre este puerto y Rivas, cerca de San Jorge, ocupa la hacienda El Jocote y desbanda a los norteamericanos, seguidamente en el llano de El Coyol derrota a la tropa de doscientos hombres conducidos por el coronel Sanders que Walker había enviado para proteger a Caycee y sus refuerzos, causándoles muchas bajas y desmoralización a la gente de Walker, quien capitula el 1º de mayo. (Gámez, Bolaños Gayer).

Llegado el triunfo de las fuerzas centroamericanas y la paz a Nicaragua y después de la presidencia binaria (llamada popularmente “Chachagua”) de Jerez-Martínez, éste es electo Presidente de Nicaragua (1859) por un periodo de 4 años, bajo una nueva Constitución que prohíbe la reelección, pero Martínez pretende reelegirse, nuestro eterno mal, a lo que Máximo Jerez y conservadores notables se oponen; es la Guerra de 1863. Fernando Chamorro y José Dolores Estrada se levantan contra Martínez.
Chamorro ocupa la fortaleza de San Carlos. Pero Jerez es derrotado en León y regresa a El Salvador. Chamorro se traslada a Honduras. Tomás Martínez, victorioso, manda un ejército dirigido por los generales Xatruch y Bonilla en defensa de Guatemala y atacar El Salvador. Chamorro, con una pequeña fuerza guardando la frontera hondureña, es persuadido por Bonilla de lo inútil de la empresa y promete entregar las armas. El general Xatruch aún no ha sido notificado del convenio y cuando su tropa se encuentra con Chamorro en la plaza de Choluteca, mientras discutía con un oficial las garantías ofrecidas, un lancero le atravesó por la espalda; el general Chamorro dijo a los amigos que le asistían: “Un belitre me ha asesinado” y expiró. Era el 21 de julio de 1863. “Así terminó la vida de aquel patriota insigne, al golpe rudo de un cobarde y vil asesino”, comenta Jorge Eduardo Arellano.
“Es la figura más bella, una de las más nobles de la historia de Nicaragua. Era un hombre alto, blanco, frente lisa, bigote negro espeso, ojos grandes, muy valiente”, lo describe el doctor Emilio Álvarez Lejarza en su obra sobre la familia Chamorro. En los Días Patrios los nicaragüenses no debemos olvidar, y más bien tratar de imitar a hombres de ideas de progreso, honestos y valientes como fue el general Fernando Chamorro Alfaro.
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