Tos y soledad

El reto más grande de quienes viven con esta enfermedad es la soledad, pues luego de ser diagnosticados son remitidos al Hospital Rosario Lacayo, en León. En este centro permanecen durante períodos de tres a cinco meses para concluir el tratamiento que acabará con la tuberculosis.

Fotos LA PRENSA/Bismarck Picado

El reto más grande de quienes viven con esta enfermedad es la soledad, pues luego de ser diagnosticados son remitidos al Hospital Rosario Lacayo, en León. En este centro permanecen durante períodos de tres a cinco meses para concluir el tratamiento que acabará con la tuberculosis.

Conocida también como Enfermedad de Koch, por el científico que la descubrió, la tuberculosis es producida por el bacilo Mycobacterium Tuberculosis, que pasa de una persona a otra a través de microscópicas gotas de saliva, donde viajan millones de bacilos que afectan en el 80 por ciento de los casos los pulmones, aunque se puede desarrollar tuberculosis en otras áreas del cuerpo.

Si bien los reportes de la Organización Mundial de la Salud señalan que Nicaragua es un país con alta prevalencia de casos, pues hay 80 por cada 100 mil habitantes, también se ha reconocido que como país Nicaragua cuenta con el segundo plan de atención más completo del mundo, de allí que cada año vengan personas de otros países a capacitarse.

En el último informe presentado por el equipo nacional del Programa de Control de Tuberculosis del Ministerio de Salud (PCT-Minsa) en el año 2007, se destaca que la Estrategia del Tratamiento Acortado Estrictamente Supervisado (DOTS/TAES) ha logrado una tasa de curación comprendida entre el 79 y 86 por ciento de los casos.

En los últimos 24 años, el PCT ha notificado anualmente como promedio de dos mil 300 a tres mil pacientes con tuberculosis (TB), de ellos más del 65% son pacientes nuevos con baciloscopía positiva.

La tuberculosis es curable si se presenta como una enfermedad única, sin embargo es mucho más difícil de curar si el bacilo que la produce es de las cepas de Tuberculosis Multidrogorresistente (MDR) o si ésta está asociada a otras enfermedades como el VIH sida.

A diferencia de otros hospitales, en éste no hay vendedores en los alrededores; los pacientes no deambulan por los pasillos y todo el personal de salud anda con mascarillas. Después de colocarnos una bata, un gorro y doble mascarilla entramos a la sala de mujeres, un amplio salón donde no hay visitantes, de forma que al abrirse la puerta todos los ojos están puestos en nosotros.

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La última vez que se atendió a un niño en el Hospital Rosario Lacayo fue hace 17 años cuando un menor llegó a tratarse junto a su papá y mamá.
Los niños, niñas y adolescentes a quienes se les diagnostica la enfermedad son atendidos de forma ambulatoria en los Centros de Salud cercanos a sus hogares y es responsabilidad de los padres suministrarle el medicamento.

En Nicaragua los niños y niñas son inmunizados de forma gratuita con la vacuna con BCG que evita las formas graves de tuberculosis (TB miliar y TB Meníngea) en niños menores de 5 años, esta vacuna no previene la infección tuberculosa.

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En el Hospital Rosario Lacayo los días transcurren con lentitud  entre medicinas, misas, oraciones y recuerdos. También  habita la  esperanza  y el optimismo porque de cada 100 pacientes sanan 80 como  promedio, pero aún los pacientes y el personal deben enfrentar un gran  reto: el temor y estigma de la tuberculosis.

Aquí lo más duro es la soledad, expresa Magaly Martínez, de 42 años. Uno quiere estar con su familia, pero sabés que no podés porque tenés que curarte; tengo cinco hijos y ya tres de ellos me han venido a ver; mi mami también viene, ellos me están apoyando, pero uno se siente solo.

“Gracias a Dios la comida no falta, ni las medicinas, pero esta soledad es peor que sentir hambre, entonces yo pienso en mis hijos, en mi mamá, en que Dios no me abandona y que me tengo que curar, es un prueba dura para mí”, destaca Magaly, quien fue diagnosticada TB positiva hace tres semanas.

El hospital Rosario Lacayo, dedicado a una mujer altruista de León, es el centro de referencia nacional para personas diagnosticadas con tuberculosis. En la actualidad hay 33 pacientes varones y 14 mujeres.

Las instalaciones han sido mejoradas gracias al apoyo de diversos proyectos, pero muchos pacientes que son transferidos no tienen familiares cerca que les provean de artículos como champús, jabones de baño, toallas sanitarias, pasta y cepillos de dientes, desodorante, chinelas, etc. Y también, al concluir el tratamiento no cuentan con el dinero para marcharse a sus hogares.

Con el apoyo de las hermanas de San Vicente de Paúl y tocando puertas siempre se logra ayudar a las personas internas, pero toda ayuda es bien recibida, pues siempre son bienvenidas las mascarillas N- 95.

Los pacientes son tratados en dos fases. La primera fase es de dos meses interno y cinco meses con tratamiento ambulatorio, y la segunda fase, que es en caso de recaída, cuando el paciente permanece tres meses interno y seis meses con tratamiento ambulatorio.

“Cada una de las fases conlleva un compromiso del paciente, porque el tratamiento es caro y el Minsa hace un esfuerzo por proporcionarlo, luego del tratamiento se le realizan exámenes a los pacientes para determinar que ya están curados y pueden retomar su vida”, explicó la directora de enfermería Karla Zamora, quien llegó a este centro hace veinte años.

La mayoría del personal de enfermería tiene de dos a tres décadas de estar laborando en este hospital, igual ocurre con el personal de limpieza, aunque lo han intentado al personal no se le permite permutar —es decir poder ser intercambiado con otros—; esto obedece al temor que continúa existiendo incluso en el personal de salud, de estar involucrados con personas con tuberculosis, lo que trasciende incluso a malos tratos en otros centros cuando los pacientes deben ser trasladados para ser atendidos, pese a que se cumple con un protocolo de atención.

El personal del hospital toma muchas precauciones, siempre andan con mascarillas, se lavan las manos y las desinfectan con alcohol constantemente y se cambian ropa y zapatos antes de marcharse a sus hogares, donde lavan de forma separada la ropa y toman todas las precauciones que pueden.

“A la gente le da miedo, pero tomamos las precauciones y nos hace feliz cuando se van a sus casas curados, ahorita nos fue aprobado un proyecto y se construirán áreas nuevas donde serán ubicados los pacientes MDR tanto en la sección de hombres como en la de mujeres y seguiremos trabajando, pero requerimos más personal”, aseguró la licenciada Zamora.

Hágase caso

Ésa es la recomendación de Noel Gámez, un interno de 30 años originario de una comunidad de El Sauce en el departamento de León.

“Yo fui al Centro de Salud porque tengo úlcera gástrica y me llamó la atención que un día vomité sangre, pensé que se me había reventado algo y me daba fiebre allí, me hicieron exámenes y me dieron un papel que decía sospecha tuberculosis, del Centro me transfirieron aquí y aquí voy a estar hasta que me cure, si todo sale bien, me iré a mi casa en octubre”, señaló Noel.

Por su parte la señora Jaqueline Silva, de 43 años, asegura que gracias a las atenciones y las medicinas ella se irá curada la próxima semana y además de la solidaridad de las mujeres, extrañará los “antojos” que su familia le ha cumplido.

“Yo ingresé al hospital hace tres meses, ahorita estoy en el período de pruebas antes de irme a mi casa curada, a mí me diagnosticaron la tuberculosis cuando me realicé una serie de exámenes para operarme unos miomas, ahora que ya estoy curada de esto, pues, me operaran y seguiré con mi vida, estoy agradecida con la vida”, aseguró la señora Silva.

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