La discriminación familiar y laboral es la experiencia común entre los pacientes seropositivos. LA PRENSA/ARCHIVO M. ESQUIVEL

Discriminación perjudica más a pacientes con VIH

Lo que debió ser un procedimiento para salvar la vida de Doris Acosta, se convirtió en una condena a muerte que vino acompañada de discriminación y rechazo.

Lo que debió ser un procedimiento para salvar la vida de Doris Acosta, se convirtió en una condena a muerte que vino acompañada de discriminación y rechazo.

Doris forma parte de los más de 21 mil casos positivos de VIH que se registran en El Salvador. Sin embargo, su historia tiene algo de trágico, pues ella no calzaba exactamente en ninguna de las poblaciones de riesgo frente a la epidemia.

Acosta no es trabajadora del sexo, había fidelidad en su matrimonio y no consumía ningún tipo de drogas. Al momento de dar a luz a su hijo por vía cesárea, Acosta sufrió una fuerte hemorragia y hubo que hacerle transfusiones de sangre para salvarle la vida.

Cuatro años después se presentó a donar sangre y luego de una semana recibió una llamada telefónica donde le indicaban que las autoridades sanitarias necesitaban hablar con ella.

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  • Sergio Montealegre es el coordinador regional del programa REDCA+, una organización que busca el cambio de comportamiento y la nivelación técnica y académica de las personas con VIH en El Salvador, Honduras, Nicaragua y Panamá.
Según él, el mayor porcentaje de discriminación se presenta en las familias y por eso considera que los esfuerzos deben volcarse hacia las familias, para que éstas ayuden a las personas con VIH, para comenzar a desmitificar que el VIH se transmite por contacto social.

“Creo que uno de los grandes problemas que tiene la familia es el miedo a la convivencia social y el otro problema está en los prestadores de servicios de salud, para que no sólo sean capacitados, sino también sensibilizados en la temática, porque es más fácil capacitar a alguien sensibilizado, que sensibilizar a alguien capacitado”, dijo.

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“Cuando llegó al establecimiento inmediatamente empecé a sentir la discriminación. Había cuchicheo, había trato diferente con el personal que me atendió y me empezaron a preguntar que cuántos maridos había tenido, que si era prostituta, eran cuestionamientos ofensivos”, señaló.

Pero lo más traumático fue la manera en que el médico le dio a conocer ´su diagnóstico de salud. “Yo les pregunté que por qué me hacían esas preguntas y me dijeron: ‘simplemente porque tenés sida y te vas a morir’; después me aventó el diagnóstico. Esto pasó en 1994, pero lo tengo muy presente como que fue ayer”, manifestó indignada.

Aunque actualmente hay mayor conocimiento sobre la epidemia del VIH y los ministerios de Salud han capacitado a su personal en el tratamiento de estos pacientes, aún hace mucho camino por recorrer.

Al menos en El Salvador hay muchos pacientes que están creando resistencia a los tratamientos antirretrovirales y no se les está asegurando los medicamentos propicios para su condición.

Y por si esto fuera poco, las personas VIH positivas están siendo despedidas de sus empleos   , pues en las instituciones privadas se están practicando las pruebas a los empleados sin su consentimiento; además, no tienen oportunidades de acceder a programas de vivienda.

“Cuando hablamos de personas con VIH no se trata sólo de tener acceso a los tratamientos, sino a una vivienda digna, a una atención integral. No tenemos esos derechos que son parte fundamental de toda persona, porque se piensa que nos vamos a morir pronto”, manifestó Acosta, quien actualmente es la directora de la Red Salvadoreña de Personas con VIH.

Acosta compartió con LA PRENSA su testimonio durante el encuentro regional del programa REDCA+ (Red de Personas Viviendo con VIH en Centroamérica), que se realizó esta semana en El Salvador.

A este encuentro también llegó Julio Mena como parte de la delegación nicaragüense. Su historia no dista mucho del calvario que tuvo que sufrir Acosta. Durante el servicio militar, Mena sufrió una herida de bala y también se le tuvo que hacer una transfusión de sangre, la que fue donada por un compañero de combate.

Mena sufrió discriminación desde el momento mismo en que recibió el diagnóstico en 1994. El director del Centro Nacional de Sangre de la Cruz Roja le dijo claramente: “Tenés sida y te quedan cinco años de vida”, a la vez que le hacían preguntas sobre su preferencia sexual.

En ese momento sintió sed y pidió agua, la que recibió en un vaso descartable, mientras el director tomaba en vaso de vidrio como para hacer más evidente el rechazo. Pero lo peor vino cuando fue despedido de la Contraloría General de la República por su condición de VIH positivo.

“De ahí me corrieron porque decían que estaba infectando a la gente de la Contraloría, que era un sidoso. Fue una cosa horrible porque todo mundo me vio salir de la Contraloría como un sidoso”, recordó Mena.

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