Fabricio Cajina Loásiga
Es tal la obsesión enfermiza del doctor Arnoldo Alemán por volver a ser Presidente de la República, que cuando le preguntaron si estaba dispuesto a declinar su candidatura para apoyar por consenso a don Fabio Gadea Mantilla, su repuesta espontánea fue: “Ni que me lo pida el Papa”, mostrando con ello, además de un gran menosprecio a nuestra institución eclesiástica, su total falta de disposición a apoyar una candidatura de consenso que en pocos días ha generado, un gran entusiasmo en todos los ámbitos de nuestro país.
Parece ser que “el gordo”, como le dicen sus más cercanos colaboradores, prefiere en su soberbia que siga desgobernando el país su socio, el pueblo-presidente, pero no apoyar por consenso lo que va a ser la salida cívica que nuestro pueblo, encabezado por don Fabio, quien ya está cocinando un marol de gallo viejo, antes que Ortega desbarate nuestro país como ya lo hizo en la década de los ochenta, década perdida, en la que pasamos de ser el granero de Centroamérica a ser el segundo país más pobre de Latinoamérica.
Y es que la candidatura de “Pancho Madrigal” está generando tantas esperanzas que espontáneamente se están organizando, a lo largo y ancho del país, comité de apoyo a la unidad donde liberales, conservadores, contras, católicos, evangélicos y gente sin partido, para apoyar a don Fabio, quien por más de 50 abriles ha sido una referencia permanente tanto en el campo como en la ciudad con sus cuentos y Cartas de Amor desde El Galope, con las que se ha ganado el cariño y la confianza de nuestro pueblo.
Y es que don Fabio le ha venido a arruinar los planes de retorno victorioso al famoso Tamalón, quien jugando con fuego, pretendía llevar a nuestro pueblo a escoger entre lo más malo y lo peor, queriendo mostrarse como un angelito a la par del dictador, mote con el que hace referencia a su socio el pueblo presidente, sin importarle que en el 2011 lo que está en juego es nuestro sistema democrático, nuestra convivencia pacífica y nuestro derecho y el derecho de nuestros hijos a vivir en paz en nuestra tierra.
Si por la víspera se conoce el día y nuestro pueblo continúa con el entusiasmo mostrado hasta la fecha, no vamos a tener que recurrir al Santo Padre para que interfiera por nosotros ante el incrédulo y soberbio gordo, que ya ha expresado, como lo señalamos anteriormente, que ni que se lo pida el Papa está dispuesto a apoyar una candidatura de consenso que no sea la suya, mostrando de esta manera su ambición, su soberbia y el escaso amor que le profesa a nuestro pueblo, ya que una candidatura de consenso, con Pancho Madrigal a la cabeza, es sinónimo de esperanzas, unidad, triunfo y futuro en nuestra Patria.
Si todos los nicaragüenses demócratas nos unimos, no tendremos que molestar al Santo Padre y podremos construir entre todos un país para todos.
Mi voto por Pancho Madrigal, auténtico amigo.
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