Por Aníbal Gallegos B.
El recién pasado 16 de agosto los católicos conmemoramos un aniversario más del nacimiento de Don Bosco, de quien tuvimos la afortunada visita a través de sus reliquias e imagen.
La visita del santo a nuestro país fue motivo para recordar que Nicaragua es un país joven, lleno de vida y esperanza, y que al igual que Don Bosco tenemos la obligación de educar a la juventud, porque como reza muy acertadamente una frase de este elegido de Dios: “De la sana educación de la juventud depende la felicidad de las naciones”, muy acertada precisamente en estos momentos aciagos que vive nuestro país.
Este bienaventurado italiano nació en Castelnuoro de Astí y gracias al amor de su progenitora, Margarita Occhina, recibió una sólida educación cristiana y humana. Dotado de inteligencia, memoria, voluntad y agilidad física poco común, desde chico tuvo muchos adeptos a quienes organizaba juegos y diversión que eran interrumpidos por el llamado de campanas para la santa misa. Su pasión por la enseñanza a los jóvenes, pobres y abandonados era impresionante. Su trabajo fue severo, ante la hostilidad de muchos y las carencias materiales, con mucho esfuerzo logró rebosar de vida al oratorio de san Francisco de Sales, que dicho sea de paso era un centro donde convergían jóvenes que quisieran pasar un domingo de sana recreación. En este lugar los muchachos aprendían las bondades del arte y la fortuna de un buen oficio, precisamente aquí se inició la pedagogía mundialmente conocida como “método preventivo” basado en la religión, la razón y el amor. Indiscutiblemente era el sello de Don Bosco.
Entre sus insignes obras podemos mencionar que fue el fundador de la Pía Sociedad de san Francisco de Sales (los salesianos) y las Hijas de María Auxiliadora (las salesianas). Fue un fértil redactor, fundó escuelas tipográficas, revistas y editoriales para la fecundísima prensa católica, la llamada “buena prensa”. A pesar de mantenerse al margen de todo debate político, colaboró para mediar cuando había diferencias entre el estado italiano y la santa sede.
En su andar jamás se avergonzó de sus sencillas amistades, siempre obró en bienestar de los desposeídos, dotado de la inteligencia divina fue muy contundente con los gobernantes al escribir “condenamos los errores, pero respetamos siempre a las personas”. En estos días de conflictos políticos, pérdida de valores, juventud por malos caminos, es necesario que los nicaragüenses, desde cualquier realidad, aportemos nuestro grano para edificación de nuestra nación.
Justamente cuando las desigualdades sociales azotan a nuestra sociedad contemporánea, es de suma urgencia que los gobernantes de turno tengan compasión de la nación, como decía atinadamente Roberto Terán (q.e.p.d.) y empiecen a tomar el ejemplo de Don Bosco, quien siempre abogó por una excelente educación para los jóvenes y los desposeídos. Cómo es posible que nuestros jóvenes estén emigrando hacia otros países en busca de “vida”, en lugar de estar ocupando los pupitres de los salones de clases o ingresando a nuevos y dignos mercados laborales. Realmente, parece una utopía.
Esta indiferencia gubernamental la resumo en el egocentrismo que mantienen los políticos que manejan los hilos de la nación, ya que éstos solamente velan por sus intereses personales y se olvidan que hay un país lleno de jóvenes que están más allá, fuera de su círculo, que al igual que muchos ciudadanos, viven, sueñan, sienten, sufren y tienen problemas. Es cuestión de voluntad. Escuchemos a la mayoría. Los jóvenes.
El autor es periodista e historiador.
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