Recientemente se han dado a conocer dos programas políticos o plataformas de gobierno, uno de la Coalición Democrática y el otro de la Alianza Patriótica. Como sus nombres lo indican, éstas son asociaciones de partidos o grupos políticos —pequeños, como casi todos en Nicaragua—, que a juzgar por sus dirigentes y discursos se podría decir que son de centroizquierda o izquierda democrática.
A nuestro juicio, ambos programas son buenos en términos generales. En ellos se reflejan las necesidades y aspiraciones fundamentales de la población, ofrecen soluciones que parecen razonables y contienen aspectos puntuales interesantes. Pero son tan parecidos los dos programas que podrían juntarse en uno solo, de la misma manera que ambas alianzas podrían integrar una sola entidad.
La Coalición Democrática está formada por los grupos Alianza por la República (Apre), Partido Acción Ciudadana (PAC), Nuevo Partido Socialista (NPS) y Juventud por el Cambio (JPC). Por su parte, en la Alianza Patriótica concurren el Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), el Partido Liberal Independiente (PLI), la Unión Ciudadana por la Democracia (UCD), un sector de la Resistencia Nicaragüense, el Movimiento 9 de Noviembre —que agrupa a los alcaldes democráticos que ganaron la elección municipal de 2008 y fueron despojados por el fraude gubernamental— y algunos organismos democráticos de la sociedad civil.
Esas dos alianzas son tan parecidas entre ellas que salta la pregunta de por qué no forman una sola coalición. Juntas en una sola entidad esas fuerzas políticas podrían aliarse con la oposición de centroderecha, o derecha democrática, partiendo del sano criterio y atendiendo al justificado clamor popular que se refleja en las encuestas, de que la unidad total o de la mayor parte de la oposición democrática es imperiosamente necesaria, a fin de poder derrotar al autoritarismo orteguista, recuperar las instituciones democráticas y ofrecer a todos los nicaragüenses la posibilidad y la oportunidad de trabajar y de progresar en libertad, de gobernarse en democracia y de vivir en una sociedad tolerante, justa y pacífica.
Sin duda que los programas políticos o plataformas de gobierno son indispensables. Hasta los partidos fuertemente caudillistas como el FSLN y el PLC, tienen sus respectivos programas que de vez en cuando mencionan o los sacan a airear. De hecho es inconcebible la existencia de partidos políticos y coaliciones electorales o permanentes, que no tengan sus correspondientes programas y plataformas de gobierno, en los cuales presentan los objetivos y fines generales que se proponen realizar, así como detallan las medidas específicas que los ciudadanos deben evaluar antes de decidirse a apoyar a uno u otro programa y saber por qué y por quién votar.
Pero no basta con ofrecer programas ni que éstos reflejen las necesidades y aspiraciones de la gente. De programas políticos y plataformas electorales inútiles están llenos los archivos de los investigadores políticos, acumulados desde que los partidos se comenzaron a organizar y los ciudadanos empezaron a votar. Lo cual se debe a que la mayor parte de esos programas de gobierno, o sus aspectos más importantes, nunca fueron cumplidos o sólo se cumplieron a medias.
Es que además de programas de gobierno hace falta voluntad y valor para cumplirlos, y esto depende del factor humano, es decir, de las personas que supuestamente los van a poner en práctica. De manera que no es cierto que elaborar y ofrecer un programa político sea más importante que escoger candidatos. Y al revés, no es verdad que lo primordial sea el candidato y que el programa venga por añadidura. En realidad, tan importante y necesario es lo uno como lo otro. Del mismo modo y al mismo tiempo que se debe elaborar y ofrecer a los ciudadanos un adecuado programa de gobierno, también hay que escoger y presentar buenos candidatos a los cargos de elección popular, a aquéllos que realmente tengan la voluntad de cumplir y que posean antecedentes que los acrediten como personas respetables y confiables. Y sobre todo no hay que proponer para gobernar y ejecutar los programas de gobierno, a los mismos individuos ya conocidos y desprestigiados por su trayectoria de incumplimiento de los compromisos, de demagogia politiquera, de pactismo y corrupción.
De manera que no es cierto que los programas sean más importantes que los candidatos. Tan necesarios son los buenos programas como los mejores candidatos. De hecho éstos ya están comenzando a salir, aunque todavía no haya certeza de que el próximo año habrá elecciones libres y limpias en Nicaragua.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A