Viendo pasar la procesión de Santo Domingo con sus borracheras y vulgaridades, un evangélico me dijo que ésa era una de las razones por las cuales abandonó la Iglesia católica. Le respondí avergonzado que tal procesión era una celebración pagana, no católica. Esto me motivó a aclarar en qué creemos los católicos, pues hay cosas que se practican sustituyendo lo fundamental de nuestra fe.
¿En qué creemos? En la Biblia y en la Tradición Apostólica (que no es cualquier tradición, sino lo que los apóstoles recibieron de Jesús y del Espíritu Santo). La Biblia y la Tradición Apostólica constituyen el “Depósito de la Fe” (Depositum Fidei) que la Iglesia tiene, interpreta y enseña.
La Iglesia evangeliza con el sucesor de Pedro a la cabeza, el Obispo de Roma llamado cariñosamente el Papa, el cual es infalible únicamente cuando de manera solemne proclama (solo o conjuntamente con los demás sucesores de los apóstoles, los obispos) mediante un acto definitivo, una doctrina contenida en el “Depósito de la Fe”.
En Jesucristo Dios ha completado la revelación de todas las verdades que debemos conocer. No puede darse ninguna Revelación de nuevas verdades hasta que Cristo vuelva. La Iglesia a lo largo de los siglos va profundizando y aclarando las verdades ya reveladas sin añadir nada, sólo actualizándolas al contexto de los tiempos.
Las “revelaciones privadas” (apariciones, visiones, mensajes, etc.) no son parte del “Depósito de la Fe” (Biblia y Tradición Apostólica) y un católico está en libertad de creer o no en ellas si la Iglesia declara “que no contradicen la fe”. No es obligatorio creer en las apariciones de la Santísima Virgen María en Fátima, Lourdes, Guadalupe, Cuapa, etc., ni en los mensajes que afirman haber recibido algunas personas como Margarita María de Alacoque, Sor Lucía, Sor Faustina Kowalska, Juan Diego, Bernardo de Cuapa, etc. ¡Fíjese bien! Yo no estoy diciendo “que no debemos creer”, sino que “no hay obligación de creer”. Quien crea, podría tener una devoción buena y provechosa. Quien no crea, también puede ser un buen católico.
¿A qué prácticas está obligado un católico? La Iglesia tiene siete sacramentos y una bella liturgia. El católico debe bautizarse, confirmarse, practicar la reconciliación sacramental, y sobre todo participar de la Eucaristía (centro de la vida cristiana); puede optar por el matrimonio o el orden sacerdotal y acceder a la unción de los enfermos. Lo que no sea un sacramento ni forme parte de la liturgia son actos piadosos que pueden ser buenos o excelentes, pero tampoco son parte del “Depósito de la Fe” y no es obligatorio practicarlos ni creer en su eficacia: venerar reliquias, peregrinaciones, procesiones, el rezo del rosario, la coronilla, las novenas, las medallas, etc.
También aclaro que el celibato sacerdotal no es una doctrina sino una reglamentación. Que a la Santísima Virgen la amamos y veneramos como madre de nuestro Señor y Salvador, pero no la idolatramos ni sustituye a Dios. Que ni la Virgen ni los Santos tienen poder de hacer milagros, pero pueden interceder ante Dios para que los haga, así como oramos unos por otros. Que hacer y pagar promesas es una “negociación” y no es cristiano sino pagano. Y que nuestra devoción esencial, insustituible, es la Santa Misa, donde Jesús se hace presente en la Comunidad, la Palabra y la Eucaristía, repitiéndose el sacrificio de la Cruz (incruento).
(Referencia: Catecismo de la Iglesia católica aprobado por Juan Pablo II, números 50 al 100 y 1210 al 1690).
El autor es abogado y periodista.
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