Mauricio Díaz Dávila

¿Qué hacer?

“El que no hace política, hace pasivamente la política del poder establecido” (Emmanuel Mounier).


En el diseño estratégico del partido gobernante la desmoralización, desmotivación y desmovilización de los adversarios juega un rol de primer orden. Se trata de mantenernos céteris páribus, en condiciones iguales para obtener resultados iguales.

De manera paralela a la implementación del proyecto de instauración de una nueva dictadura (somocismo científico), la propaganda oficial cargada de recursos y efectos sicodélicos, algunos provenientes de las ideas matrices del denominado socialismo del siglo XXI -por ejemplo vender la sensación de alegría y optimismo en la comunicación social de masas— mezclando recursos del marketing político moderno con la alquimia medioeval y la instrumentalización cómplice de figuras y símbolos religiosos de la Iglesia católica.

Lo que resta de este año será de celebraciones desde el poder, de las efemérides patrias y el santoral en un manoseo sin escrúpulos de los sentimientos religiosos populares. La pobreza facilita el trabajo a los artesanos de la demagogia que continuarán a manos llenas repartiendo las migajas, las sobras de la mesa servida con agua Perrier y champán Don Perignon; con las pepitas de oro que expulsan de sus pulmones los mineros de La Libertad, Chontales, con las que los “revolucionarios” inflaman sus bien cebados hígados. Mientras, cada vez hay más mendigos deambulando en semáforos y en las calles recargadas de rótulos del “iluminado” que logró trasladar a Nicaragua de una democracia incipiente a un sultanato.

¡Y les está resultando! Gracias al pacto desmovilizador, conservan la infraestructura material de las fuerzas productivas y modos de producción inalterable mientras demuelen la superestructura jurídica política. El objetivo inmediato de transformar la correlación de fuerzas en quienes son ahora nuevos dueños de medios de producción, de capital y riqueza, está permitiendo que la nueva clase, dizque revolucionarios, hayan cumplido con uno de sus grandes sueños en la pobre Nicaragua: ser ricos, dueños de mansiones en nombre del pueblo presidente, darse el lujo de instalarse un toldo en el tope del santo del bacanal, convertirse en hacendados, comprarse los autos del año, la membresía en el Club Terraza, tener aviones privados, y tantos etcéteras inherentes a la condición humana de quienes han olvidado que la muerte lo termina todo, y que también lo iguala todo.

Mientras tanto, la Patria contempla inerme a sus asesinos. Cualquier observador que recorra el país pensará que aquí todo está bien. Que la economía funciona adecuadamente y que la nación nicaragüense es feliz con el gobierno que tiene. Ésa es la superficie, la imagen que se logra proyectar de una nación con indicadores socioeconómicos paupérrimos y un Estado transgresor de sus compromisos internacionales en materia de derechos humanos y políticos, pues viene acabando con la democracia representativa y electoral al robarle a todos y cada uno de sus ciudadanos, su derecho a elegir y ser elegidos de manera libre y secreta. Al manipular la existencia y el funcionamiento de los partidos políticos —base del pluralismo— al corromper con los fondos de la cooperación venezolana a los volubles Iscariotes de la política criolla, en fin, al pretender atropellar a todo un pueblo, pisoteando la prohibición constitucional de no reelección a quien haya ejercido por dos veces o consecutivamente la primera magistratura de la nación.

Todos los nicaragüenses amantes de la libertad y la democracia conocemos el diagnóstico: Está naciendo una nueva dictadura. Todos asimismo sabemos que sólo la unidad de un contrapoder ciudadano organizado en sus partidos políticos, sindicatos independientes y organizaciones de la sociedad civil es lo que frenará los intentos inconstitucionales del proyecto orteguista. Por eso debemos ponernos de acuerdo para construir el futuro con optimismo.

La avasalladora presencia del modelo chavista que se nos pretende imponer será derrotada con unidad opositora. El fortalecimiento de la democracia y la reconstrucción de la República sólo puede darse si cuenta con una amplia participación popular articulada y movilizada a través de organizaciones políticas, sindicales y sociales auténticamente patrióticas y representativas.

Es el momento de que los liderazgos más reconocidos depongan sus pretensiones para dar paso a un proyecto de nación asumido por una coordinadora opositora representativa. Los partidos políticos, la Alianza Patriótica Nacional, la Coalición Democrática, los sindicatos, las organizaciones de la sociedad civil y en fin la gran mayoría de nicaragüenses que rechazamos la implantación de una nueva dictadura entregaremos nuestras energías tras ese objetivo.

El autor es dirigente socialcristiano, diputado suplente al Parlacen.

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