LA PRENSA/CORTESÍA.

Rosa C. Cassidy -Tünnerman

Poemas para vencer tu ausencia   I Si te vas no importa, el amor no tiene lugar ni tiempo.   II Tomé una pluma y un papel cualquiera Llena de nostalgia, quise escribirte, ¿Dónde? En pocas horas te has alejado tanto, tanto… que sólo puedo esperar tu regreso.   III He buscado por todos lados […]

Poemas para vencer tu ausencia

 

I

Si te vas no importa,

el amor no tiene lugar ni tiempo.

 

II


Tomé una pluma y un papel cualquiera

Llena de nostalgia, quise escribirte,

¿Dónde?

En pocas horas te has alejado tanto, tanto…

que sólo puedo esperar tu regreso.

 

III


He buscado por todos lados tu recuerdo,

mas, al no encontrarlo

he comprendido que no puedes ser

pasado

¡pues todavía eres presente!…

 

IV


He llorado como una niña

en mi rincón preferido

y he sentido con más fuerza tu ausencia

abrazada a mi cuerpo.

 

V


Me he descubierto llorando

y es que otra vez empiezo a extrañarte.

 

VI

Sí, estoy sola,

rodeada de cosas que no transmiten nada.

Sola como un lucero en la inmensidad

del espacio

esperando tu regreso.

 

VII


Siempre acuden a mis ojos lágrimas

y a mi boca todas aquellas palabras

que no te dije

y hoy ya suenan sin sentido.

 

VIII


Hoy todo está igual que antes:

el aire fresco,

la tarde inundada de sol,

la casa callada,

¿y yo?

Yo, esperándote.

 

IX


Te busqué en calles solitarias,

en parques,

en rostros desconocidos,

en la cara enigmática de un oriental que toma fotos,

en la nariz morena y bien perfilada del árabe.

Te busqué en recuerdos,

en sueños,

en nostalgias

y tuve miedo de encontrarte

y no reconocerte.

 

X


Cuando muera

quiero que me incineren

y lancen mis cenizas al viento

a las montañas,

para así llegar hasta ti…

La casa grande

Aquella casa grande, llena de bulla,

risas, llantos y hermanos

no existe más que en mi recuerdo.

Aquella casa grande, donde crecimos juntos,

ha pasado a ser un lugar en la memoria.

Aquella casa donde el sol del poniente

se refleja en todos sus ladrillos

acumuló tesoros que ya no son nuestros.

Vuelvo, atraída por la nostalgia,

a recorrerla por fuera con mis ojos

llenos de lágrimas, el corazón oprimido

de tristeza, el cerebro llenándose de

imágenes cotidianas

que nunca más existirán.

Vuelvo a recorrerla por fuera

y a imaginarla por dentro.

Entre tantas lágrimas que el aire fresco azota,

surge la sonrisa de haberme sabido

infinitamente feliz.

La Prensa Literaria

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