Fernando Centeno Chiong

Valores y antivalores

Me llamó la atención observar en una de las tantas rotondas y rotonditas de Managua una caseta de vigilancia frente al busto de algún personaje.

Le pregunté al vigilante sobre su presencia y me respondió: “Es para que no se roben el busto. Lo venden como chatarra”.

Pensé en la vergüenza que se debe sentir explicar a un visitante extranjero la presencia de vigilantes para que los bustos de nuestros próceres y héroes o personajes distinguidos no se los roben, igual como sustraen los soportes de las torres de tendido eléctrico o de telefonía celular, los cables de transmisión o las tapas de los manjoles de las calles sin importar las consecuencias, no sólo económicas sino humanas.

Algunos lo justifican como falta de empleo, la necesidad, la pobreza, pero más que eso es la continua pérdida de valores que venimos sufriendo y que afecta a todas las clases sociales.

Es triste observar cómo algunos de los valores tradicionales del nicaragüense, a los cuales se refiere con mucho acierto el doctor Emilio Álvarez como la honradez, la solidaridad, la amistad, la autoestima, el amor al trabajo, el respeto a los mayores y otros se han ido perdiendo y otros diluyéndose y convirtiéndose en antivalores como el servilismo, el oportunismo, el protagonismo, la deslealtad y lo que es más grave la falta de amor a su país.

Agrega el doctor Álvarez Montalván que el nicaragüense es muy orgulloso de sus costumbres, su folclor, su comida, su carácter, su imaginación, su talento, su facilidad de ganar amigos y otras que algunos califican como valores, y otros como simples características que cambian de una persona a otra según su estatus y sus propios intereses. Orgullo que disminuye cuando observamos la manipulación de nuestros símbolos patrios, las tradiciones, y el argollismo o favoritismo.

Esta pérdida de valores que hemos venido observando en los últimos años podemos atribuirla a la falta de credibilidad en nuestros líderes no sólo políticos, sino religiosos, sociales, gremiales y académicos que han caído en debilidades producto de los antivalores del oportunismo, el nepotismo, el servilismo y la corrupción.

Rescatar los valores morales y cristianos que nos inculcaron nuestros padres y abuelos es una tarea difícil pero mientras más tarde se empiece será más difícil enrumbarse por caminos diferentes al que llevamos.

En este sentido, tiene un gran significado la campaña “Vida en Democracia” que impulsan diferentes organizaciones de la sociedad civil para recordarle a los nicaragüenses el papel que debemos tener en un país que requiere retomar la confianza en nosotros mismos, el amor a la Patria, exigir el respeto de nuestros derechos, la promoción de los mismos y ejercerlos para no seguir hundiéndonos en el abismo de la indolencia, el yoquepierdismo y la intolerancia.

Vivir en democracia es un llamado también a la clase política, empresarial, religiosa o social de no caer en actitudes pactistas y sectarias que tanto daño han traído a través de la historia de este desventurado país.

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