La decisión de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH) de no continuar coordinando las primarias interpartidarias, por la intransigencia del PLC y sus satélites, más la autoexclusión de ALN y últimamente el giro dado por el Partido Conservador, nos obligan a un replanteamiento serio sobre la viabilidad de continuar con el proceso de buscar un candidato único de la oposición.
No podemos obviar el hecho que el Partido Conservador ya eligió sus candidatos, y pueden apostar que no tienen el más mínimo interés en exponerlos ante otros, pues es más que evidente que los proclamados en los primeros lugares ya comenzaron a ganar independientemente del resultado electoral. Si a esto agregamos la no participación del Apre, Camino Cristiano, PLI, MRS y otros, lo que tenemos es un ejercicio que definitivamente no llenará su cometido. Ya que en las próximas elecciones la boleta electoral de cualquier forma llevará más de dos candidatos opositores.
¿Qué hacer ante este panorama? La repuesta la tendremos que encontrar los que nos consideramos verdaderos opositores, entre ellos el diputado Eduardo Montealegre, quien a mi juicio tiene ante sí la difícil decisión de participar o no, en unas elecciones en que la oposición se presentará dividida una vez más.
Para ello tendrá que superar el síndrome de la división (si es que lo tiene) y no olvidar que cuenta con un excelente piso electoral, me refiero a los 700 mil votos logrados en 2006. La tarea será harto difícil, pero si decide aceptar el reto su primera tarea es abandonar definitivamente la intención de continuar con la realización de elecciones primarias, aunque esto signifique trasladar al pueblo una vez más la responsabilidad de elegir a quien a su juicio represente los mejores intereses para la democracia. La segunda tarea que lo espera sería aglutinar la mayor cantidad de partidos y organizaciones que lo ayuden a darle forma de oposición ganadora a dicha coalición.
Estoy seguro que más de uno estará criticando mi aseveración sobre los 700 mil votos. A esos les digo que a la fecha no he encontrado una sola persona de los que dieron su voto por Eduardo, que me diga que en esta ocasión votará por Alemán o por Ortega. Por lo que esos votos siguen estando contra el pacto y el resultado de las diferentes encuestas de opinión nos lo confirman. Por lo tanto, el reto es comenzar a conformar esa gran unidad, pero con verdaderos demócratas y escoger de entre todos la mejor fórmula presidencial posible. Lo mismo debe hacerse con los candidatos a diputados, éstos deben ser hombres y mujeres cuyas hoja política y de vida sean intachables. Una vez que se hayan logrado esos objetivos, ofrezcamos al pueblo esa gran coalición democrática sin temor alguno. Con la seguridad que una vez más el pueblo sabrá escoger, como lo hizo en 1990 con doña Violeta, en 1996 cuando se le dio la oportunidad a Alemán, o como en el 2001, cuando dieron su voto por el ingeniero Bolaños. En todas las ocasiones antes mencionadas el pueblo hizo su parte. Los que lo defraudaron, unos más, otros menos, fueron aquellos a quienes confiamos nuestro destino como nación.
Para finalizar, mi consejo a la oposición es comenzar a trabajar ya en esa gran coalición, confiando en que Dios está con nosotros, sencillamente porque somos un pueblo que a pesar de las traiciones, seguimos luchando por construir la nación que nos permita vivir en paz y prosperar en democracia.
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