Luis Fley González
De lo sublime a lo ridículo sólo hay un paso. Hago este comentario para referirme a las inconsistencias en el proceso de la preparación de elecciones primarias entre los partidos opositores. Muy a nuestro pesar debemos admitir que lo que comenzó como una loable iniciativa se convirtió en un sainete, en donde no han estado todos los que son, ni son todos los que están.
Para poner en perspectiva dicha afirmación, analicemos a los partidos y organizaciones que han participado en este esfuerzo: PLC, Movimiento Vamos con Eduardo, PALI, PSC, PUCA, PC y el movimiento multipartidario. De todos ellos los únicos que se han medido en una justa electoral son el PLC, el movimiento VCE y el Partido Conservador, que lo hizo la última vez hace catorce años, en las elecciones de 1996. El resto son partidos de siglas que todo el tiempo han orbitado alrededor del PLC. Pretender que ésa es la expresión de la oposición sería una tremenda equivocación; o, puesto de otra manera, sería el supremo sueño de Ortega.
Hasta donde tengo entendido la CPDH ha sido una organización facilitadora y coordinadora de los esfuerzos de la oposición para escoger al candidato que nos una. Pero debemos estar conscientes que los resultados de las primarias sólo obligarían a los que participen en ellas. Por ello me preocupaba la excesiva complacencia de la CPDH ante la exclusión practicada por algunas organizaciones. Si el propósito principal de esta iniciativa es evitar más de un candidato a la presidencia, no es dejando fuera partidos políticos que se va a lograr ese objetivo. Por lo tanto, al no enmendarse esos errores de exclusión, todo ese esfuerzo no vale nada y terminaría convirtiéndose en una pérdida de tiempo y dinero, ya que los tres millones de dólares que aseguraba tener conseguidos el señor Carmona, se dilapidarían sin al final cumplir con su cometido. De manera que es comprensible que la CPDH decidiera retirarse de la organización de las primarias.
Otro aspecto sobre el cual quiero llamar la atención, es la realidad política que estamos viviendo los nicaragüenses. Todos hemos visto cómo el Gobierno ha violentado la Constitución, atropellado nuestras leyes e irrespetado a la Asamblea Nacional, lo que lo ha convertido en un dictador en ciernes, sin recibir hasta la fecha una respuesta contundente de la oposición. Con esto quiero decir que no basta con exigir beneficios o prerrogativas como opositores, sino que también debemos estar conscientes que no nos estamos preparando para una contienda electoral en condiciones normales.
Ortega jamás ha pensado poner en juego el poder y para mantenerlo no se detendrá ante nada. Eso quiere decir que nos enfrentaremos a más represión y más violaciones a nuestras leyes, que de nuevo el fraude electoral está a la vuelta de la esquina, sobre todo si asistimos a las elecciones del 2011 con los mismos magistrados del CSE. Son muchos los que se preguntan ¿qué pasa que el pueblo no reacciona ante dicha amenaza? La respuesta es sencilla: porque no se siente representado en la mayoría de los que se autollaman líderes de la oposición, y para estar dispuestos a exponer hasta la vida por una causa primero hay que creer en ella. Segundo, hay que tener conciencia plena de que quienes nos representan son merecedores de nuestra confianza.
Para reconocerlos pongamos mucha atención sobre lo que hacen y no sobre lo que dicen quienes aspiran a representarnos.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A