Erwin A. Aguilar
La cultura científica nos da la posibili- dad de evaluar alternativas, tomando en cuenta aspectos que están más allá de las percepciones inmediatas (Oscar González Seguí, el Colegio de Michoacán, Morelia, México).
La ciencia forma parte esencial de nuestra cultura. Sin ciencia el mundo moderno pierde su propia naturaleza y la sociedad moderna pierde su futuro. El Renacimiento coincidió con el período que los historiadores modernos llaman la revolución científica, que influyó a la medicina, la astronomía, la cosmología, la química, la física y otras ciencias. Las dos ciencias naturales que más influyeron a la medicina fueron la química y la física.
El movimiento químico en la medicina tiene sus raíces en el excéntrico genio suizo Paracelso (1493-1541), cuyo nombre completo era Philippus Aureolus Theophrastus Bombastus von Hohenheim. Paracelso defendía el concepto de que el aprendizaje se encontraba en la naturaleza. Asimismo, hizo gran énfasis en la química como un medio para comprender y entender el funcionamiento del organismo humano y como una fuente de medicinas para el tratamiento de enfermedades. De la misma manera, usó metales como el mercurio, arsénico y productos botánicos, lo cual continuaron sus seguidores, los iatroquímicos, que se caracterizaron por la introducción de productos químicos en la práctica médica. Paracelso afirmaba que la finalidad de la química no era producir oro, sino descubrir medicamentos. Su gran conclusión fue que todas las sustancias son venenosas y que era asunto de la dosis.
En cuanto a la influencia de la física en la medicina están los iatrofísicos, que recurrieron a los triunfos de la astronomía y la física, que consideraban el cuerpo humano como un aparato mecánico maravilloso y a la digestión como un proceso triturador de alimentos, en tanto que los iatroquímicos la consideraban un proceso químico. Los iatrofísicos abogaban por una explicación matemática de la fisiología humana y calcularon las fuerzas generadas durante la contracción muscular.
En esta época una nueva tendencia por la investigación nace en el campo de la medicina y la ciencia. El concepto de salud y enfermedad se alteró dramáticamente, pero no lo suficiente para que los médicos cambiaran sus métodos de tratar a los enfermos y para estar seguros de que las sustancias químicas introducidas por Paracelso y sus seguidores eran medicinales, observaron la prevalencia de la sífilis y el uso del mercurio.
La sífilis llegó a Europa en los 1490. Apareció por primera vez en Nápoles (Italia), a donde llegaron españoles que habían estado en el Nuevo Mundo, lo que condujo a la suposición que la enfermedad había sido importada. De cualquier manera, a finales del siglo XIV y a principios del siglo XV, la sífilis se consideraba como una enfermedad nueva, dada su virulencia y forma de contaminación. Debido a las lesiones cutáneas decidieron usar mercurio, común en esa época, que fue efectivo para combatir los síntomas, aunque se sabía que era tóxico y producía salivación, pérdida de dientes y otros efectos colaterales. El olor metálico del aliento de los pacientes era difícil de ocultar y aunque personas de todos los estratos sociales la padecían, se sospechó desde un principio que su transmisión era por contacto sexual. En la misma época se introdujo el uso del guayacol ( Guiacum officinale ) importado de América del Sur, que se convirtió en la medicina favorita de los que podían pagarla. La religiosidad de la época llevó a la deducción que la sífilis era una enfermedad del Nuevo Mundo y que Dios había colocado los remedios muy cerca de los males para encontrarlos.
Los fundamentos químicos y físicos de las ciencias médicas son más visibles en la vida moderna, donde encontramos la influencia de la física y la química en los métodos de diagnóstico como la resonancia electromagnética, equipos de cirugía y las medicinas modernas, así como el control químico físico de todas.
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