Grethel López
La situación de niños, niñas y adolescentes de nuestro país continuará siendo un problema crónico en la medida en que no organicemos un censo que estime el porcentaje real de niños en situación de calle, mendicidad y trabajadores, entre otros. Los programas de apoyo a la niñez no se perciben bien por la sociedad, porque las mismas instituciones han perdido el horizonte de focalización de los problemas, el tiempo entonces se encarga día a día de empeorar sus condiciones y aumentar tanto el número de niños, como la complejidad del fenómeno.
De manera que por muchos esfuerzos que se hagan, en materia estatal, si el Gobierno no reconoce a la niñez como sujeto de derecho, será muy poco lo que certeramente se logre hacer. Si bien es cierto, se debe reconocer que se han hecho esfuerzos por diseñar un programa adecuado para atender la problemática de la niñez (Programa Amor), esto no ha sido suficiente y tampoco se debe creer que los datos ofrecidos son certeros y convincentes. Esto es justamente verificable, si vemos en las calles la cantidad de niños y adolescentes incluidos en el trabajo infantil, la cantidad de niños en la mendicidad, niños y adolescentes que aunque hayan sido trasladados a su casa o en el peor de los casos, con las llamadas “familias sustitutas”, no han logrado una recuperación adecuada.
[/doap_box]
Los gobiernos y los funcionarios que ingresan a la labor pública, por mantener una cultura cortoplacista, borran de un tajo todo lo que los gobiernos anteriores han hecho en cada institución, y este Gobierno en particular no ha sido la excepción. De manera que los avances en materia de conceptualización, políticas públicas en favor de la niñez, normativas, etc., duermen en los archivos de los ministerios, sin que nadie se interese por rescatar las buenas prácticas, o por lo menos darse cuenta que ese documento forma parte de una política de Estado y no de gobiernos de turno. Por tanto, la falta de continuidad y más aun de elaboración de un plan nacional de acción hace infructuosos los esfuerzos que se hagan de manera aislada tanto por los gobiernos, como así también por las organizaciones civiles.
Otro punto de reflexión sobre la situación lo conforma el distanciamiento marcado pero oculto entre las organizaciones civiles y el Gobierno. Al principio de este periodo de gobierno se procuró un acercamiento como en otros años se había establecido con los gobiernos, sin embargo, el clima entre organizaciones versus gobierno ha sido de temores, recelos y oportunismos. El factor más importante para éste ha sido el recelo que las ONG provocan al Gobierno, sus logros y la facilidad de acceso a financiamiento.
Esto a su vez ha provocado que la cooperación internacional no encuentre ni en las organizaciones ni en el Estado una propuesta concreta para invertir sus recursos y obtener los resultados esperados. Por tanto, el oportunismo del que hablamos radica en que también algunas de las organizaciones ahogan a la cooperación con propuestas de diagnósticos, estudios, pero nada en concreto, que mejore sustancialmente la situación de la niñez. Por su parte el Estado aprovecha también a aquellas organizaciones cooperantes que siendo manejadas en algunos casos por nicaragüenses, procuran tener por miedo o conveniencia, de su parte, a un gobierno como éste, dándoles donaciones para eventos, reuniones, etc., sin mayor trascendencia, con tal de no perder su amistad y peor aún no ser denominado “organismo internacional de oposición”.
Finalmente y no menos importante, es el rol que las organizaciones no gubernamentales han venido jugando en esta crisis. Están mutando al “eterno continuismo” siendo en ellas mucho más grave, pues si bien es cierto, el Estado tiene sus mecanismos para ejercer democracia a través del sufragio universal, nos preguntamos entonces ¿cuál es el mecanismo democrático que juega una ONG? Para medir el impacto de esto sólo basta con analizar ¿cuántas organizaciones desde la década de los noventa han modernizado sus metodologías de intervención?, ¿cuánto tiempo han estado al frente de ellas los mismos directores?
El resultado de esto en la niñez radica en la falta de propuestas innovadoras para paliar la grave situación que vive y seguirá experimentando nuestra niñez y adolescencia.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A