La Iglesia
“Amad a esta Iglesia, permaneced en esta Iglesia, sed vosotros esta Iglesia”. San Agustín(354-439).
Orar por la Iglesia
Ante los casos de pedofilia y otros abusos sexuales que se han presentado en la Iglesia católica y la han estremecido, muchos medios de comunicación han sido antiéticos e irresponsables al informar a la comunidad sobre ellos.
Han hecho una campaña sucia, nefasta, vulgar y perseguidora contra el Santo Padre Benedicto VXI y algunos jerarcas del Vaticano.
Su Santidad Benedicto VXI ha sido el primero en tomar más medidas. Lo que pasa es que hay quienes critican, difaman, calumnian, juzgan y condenan al Papa y a la Iglesia y no saben cómo se ha procedido para estos casos.
Nadie como el Santo Padre ha trabajado para hacerle frente adecuadamente a este delicado tema.
Me pregunto qué pasaría si estas ofensas y difamaciones hubieran sido a la religión judía, islámica, budista o cualquier otra no cristiana. De inmediato sus fieles se hubieran apresurado a protestar con justificada indignación
La Iglesia no niega ni oculta los actos indebidos, al contrario, los asume con toda responsabilidad y cuidado.
La Iglesia no enseña a cometer crímenes, no los aprueba y no los encubre y deja claro que cada uno debe responder por sus actos ante Dios y la ley de los hombres.
Ahora bien, así como hay lamentablemente casos de sacerdotes que han sido débiles y han caído en las tentaciones de Satanás, así también hay numerosos sacerdotes ejemplares que trabajan día a día y que se desvelan y que se esfuerzan por alcanzar una vida de santidad y se entregan a Dios para la salvación de las almas y la santificación del pueblo santo de Dios.
A ésos nadie los menciona ¿verdad?
Cabe señalar que la pedofilia no está sólo presente en la Iglesia católica, sino que también está en la familia, la escuela, la comunidad por mencionar, etc.
Pregunto por qué sólo se ensañan con los casos presentados en la Iglesia católica.
La justicia debe ser pareja tanto como para los clérigos y los ordinarios.
Invito a todos los católicos a orar siempre por Su Santidad Benedicto VXI, por nuestros obispos y sacerdotes para que continúen siendo siempre fieles a Cristo y a su Iglesia y sirviendo como el buen pastor a este pueblo que camina en este valle de lágrimas.
Óscar Danilo González Dávila
Miembro del Grupo Juvenil Católico Pastoral Cristo
Baja natalidad y crisis
A finales de los años 60 se puso de moda una teoría neo malthusiana, según la cual, si el crecimiento de la población hubiese continuado al ritmo de los últimos años, habría provocado un fenómeno que en aquellos años se consideró aterrador: centenares de millones de personas habrían muerto antes del año 2,000, por falta de recursos.
Estas teorías difundidas ampliamente por sectores izquierdistas, se pusieron de moda volviendo a proponer las profecías catastrofistas de P.R. Ehrlich, sosteniendo que la tasa de crecimiento de la población mundial era demasiado alta y había que detenerla, de lo contrario decenas de millones de personas morirían de hambre antes del año 2000 especialmente en Asia, en China y en la India.
La realidad es que no sólo no han muerto de hambre sino que han empezado a ser más ricos. En los años ochenta el mundo desarrollado bloqueó el crecimiento de la población de un 4.5 por ciento a una bajada progresiva de hasta el 0 por ciento en Europa, Estados Unidos, Canadá y Japón. Y un crecimiento cero no supone no tener ningún hijo sino que supone tener dos, que es la tasa de sustitución; pero el crecimiento cero provoca la congelación del aumento de población y produce un cambio muy importante: hay menos gente joven que accede al mundo de la productividad y más personas que salen del mundo del trabajo por ancianidad.
Esta situación está provocando por un lado una menor productividad y por otro, un detenimiento del ciclo de desarrollo: aumentan los costes fijos amenazando seriamente las pensiones de jubilación de los que ya no puede producir, y a la vez se plantea la posibilidad de eliminar a ese sector de población mediante la eutanasia.
Como concluye E. Gotti, en uno de sus escritos: Hace muchos años pensábamos que no teniendo hijos los europeos nos habríamos convertido en más ricos y habríamos estado mejor. Ha sucedido exactamente lo contrario: no teniendo hijos, nos hemos convertido en más pobres y estaremos mal durante mucho tiempo si no conseguimos desinflar este sistema de endeudamiento y si no volvemos a dejar nacer al menos a los niños concebidos.
Isabel Costa Espluga
Cubanos desterrados
El periódico de Miami El Nuevo Herald, del domingo pasado, en un artículo de Fabiola Santiago acerca de los prisioneros que llegaron desterrados a España, la periodista no señala ni una sola vez la condición de desterrados e inmigrantes que les ha dado el gobierno español.
Un lector ajeno a los detalles y manipulaciones que han rodeado la salida de estos compatriotas, pensaría que están como exiliados políticos en España, que es lo que dice claramente la periodista, y no es así.
Una de las condiciones impuestas por la tiranía cubana a través de su canciller Bruno Rodríguez y el del propio Raúl Castro, fue la de que Cuba no reconoce tener prisioneros políticos y por tanto, España no podía recibirlos con tal condición. De ahí que el estatus que tienen de cara a las leyes de inmigración españolas sea el de inmigrantes, como si fueran peruanos o bolivianos que van a España a recoger uvas o aceitunas.
No hay una sola mención a las prácticas de chantaje de las autoridades españolas denunciadas en noticiarios de la TV nacional de España por los propios prisioneros, que han sido “advertidos” por más de dos funcionarios de Inmigración que “fueran cautelosos al hablar de la Revolución” porque ponían en peligro la salida de los otros prisioneros de su grupo que quedan en Cuba…
Estuve una semana en España, me reuní con los presos y en los noticiarios, artículos y comentarios en España se señala y critica la condición de desterrados, que es un castigo y una violación de los derechos humanos, por lo que Moratinos (Canciller de España) ha recibido críticas hasta de algunos socialistas. Por ello es sorprendente que el artículo de El Nuevo Herald y The Miami Herald, desinforme haciendo creer a sus lectores que el estatus de aquellos presos es el de exiliados políticos.
Armando Valladares
El voluntario social
Más que tolerancia, lo que se precisa para ejercer el voluntariado en ambientes de marginalidad es un gran respeto por la vida, las opciones, las ideas o las actitudes de las personas. El respeto, más allá de la tolerancia, aprecia en las diferencias de los otros una gran riqueza.
El respeto se manifiesta, en primer lugar, hacia los compañeros voluntarios. Hay que asumir que el compañero que tengo al lado puede moverse por razones diferentes a las mías y saber que esta diferencia jamás será un obstáculo para llevar a buen término un programa de voluntariado. Normalmente, el voluntario social no pone sus energías en la consecución de unas metas cuantitativas. De hecho, el voluntariado se convierte en una manera de hacer las cosas, de construir una sociedad democrática y una escuela de valores éticos. Para el cumplimiento de estos objetivos es imprescindible el diálogo entre personas que no tienen miedo a sus diferencias y sí una gran convicción en su igualdad como seres humanos dignos.
Si el respeto es importante hacia los compañeros voluntarios, más importante aún es el que se ha de mostrar hacia las personas marginadas. No es raro encontrarse situaciones jurídicas de ilegalidad, opciones sexuales diferentes a las mayoritarias, situaciones marginales, diferencias de cultura y de costumbres, etc. Es muy poco sano y menos eficaz para el voluntariado escandalizarse por todo esto.
Respetar y comprender no significa justificar todas las actitudes; hay que matizar el respeto con una cierta firmeza y asertividad que requieren muchos programas y que no está reñida con el cariño. En un centro penitenciario, por ejemplo, la labor del voluntario no es juzgar el delito de los internos, para eso ya la sociedad tiene sus cauces judiciales. Pero tampoco la cercanía y el cariño hacia ellos deben interpretarse como aliento para las conductas delictivas. Un preso tampoco vería con buenos ojos que se le admirara por delinquir, fuera cual fuera su situación; aunque tampoco entenderá que se le pidan explicaciones por el delito por el que ya cumple condena.
El voluntario debe respetarse y aceptarse él mismo. La aceptación propia es imprescindible para transmitir ánimo y autoestima a los demás, ya que nadie puede dar lo que no tiene. Es una reflexión que deben hacer las personas que, no aceptándose, pretenden “querer al prójimo como a sí mismos”. ¡Pobre prójimo!
José Carlos García Fajardo
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