Los niños del colegio Lorenzo Milani, que suelen llamar papá a Alberto Boschi, piden justicia para él. LAPRENSA/R. ORTEGA

Piden a Ortega que deje de perseguir a Boschi

Impotencia y desesperación dice sentir Elsa Castañeda, de 73 años, por no poder ayudar a quien ha sido su benefactor por más de cinco años. “Ni siquiera puedo hacer huelga de hambre porque mi salud no me lo permite, pero aquí estoy apoyándolo”, comenta Castañeda al referirse a la huelga de hambre y de palabra que mantiene desde hace seis días el misionero Alberto Boschi, a quien el 23 de junio en un abrir y cerrar de ojos el Ministerio de Gobernación le retiró la ciudadanía nicaragüense.

Impotencia y desesperación dice sentir Elsa Castañeda, de 73 años, por no poder ayudar a quien ha sido su benefactor por más de cinco años. “Ni siquiera puedo hacer huelga de hambre porque mi salud no me lo permite, pero aquí estoy apoyándolo”, comenta Castañeda al referirse a la huelga de hambre y de palabra que mantiene desde hace seis días el misionero Alberto Boschi, a quien el 23 de junio en un abrir y cerrar de ojos el Ministerio de Gobernación le retiró la ciudadanía nicaragüense.

Castañeda padece de cáncer en el colon y la matriz, vive en una vivienda pobre que Boschi le construyó dentro del terreno del colegio Lorenzo Milani, también construido por el misionero de origen italiano y donde estudian cerca de 550 niños sin pagar aranceles.

“Yo tengo mi casita, él me hizo mi casa para mí, ha ayudado a mis nietos; por eso le pido a Daniel Ortega (Presidente) o a quienes están en el poder que lo dejen tranquilo, que le regresen sus documentos, nadie ha venido a darnos la mano aquí, sólo él”, afirma Castañeda, mientras las lágrimas corren sobre su rostro.

Castañeda vive con dos nietecitos, en el municipio de Ciudad Sandino, al occidente de Managua. Debe realizarse quimioterapias para contener el cáncer que consume su vida y no pude trabajar. Por eso, además de techo, Boschi le ayuda con 1,200 córdobas mensuales, para que adquiera su alimentación. “Me duele el alma al verlo que no come ni habla, pero no podría sumarme a su huelga por mi estado de salud”, lamenta Castañeda.

Boschi fue despojado de la nacionalidad nicaragüense — que adquirió en el 2005— al regresar al país después que el gobierno de Ortega le hizo un juicio político, acusándole de haber disparado un arma contra un periodista oficialista durante una protesta de opositores al Gobierno.

El misionero estuvo en Italia más de un año porque en el 2008 lo condenaron, aunque el arma nunca fue encontrada y el periodista supuestamente lesionado nunca recibió un impacto de bala. Luego la Asamblea Nacional benefició al misionero con una ley de amnistía, aprobada en el 2009 pero publicada en La Gaceta hasta el 12 de julio de 2010, después que el Gobierno le quitara la nacionalidad nicaragüense con el argumento de que Boschi usó pasaporte italiano para entrar y salir del país en varias ocasiones.

SIGUE TRABAJANDO   

Hasta ayer Boschi llevaba seis días en huelga de hambre y de habla. Para comunicarse utiliza una libreta, su computadora o señales. Su esposa Carolina Jarquín afirma que sólo ha ingerido agua y se ha estado haciendo chequeos de salud porque se le ha subido la presión.

Elsa Castañeda afirma que gracias a Boschi tiene una casita y por estar muy enferma  recibe ayuda económica del misionero.
LA PRENSA/R. ORTEGA

Sobre la libreta Boschi escribe que está preparado para resistir al menos dos semanas sin comer. Por su semblante parece estar en perfecto estado físico y está realizando labores en la oficina. “Hay muchas necesidades y la misión católica no se puede detener”, escribe.

Mientras conversamos con la esposa de Boschi, se acerca Miriam Velásquez, una mujer con más de 60 años, con la cabeza envuelta en una toalla porque recién terminó de preparar tortillas, el producto que vende para subsistir. Sus tortillas también complementan la merienda de los niños en el colegio.

Velásquez afirma que todas las madres de los niños de este colegio están dispuestas a iniciar una huelga de hambre en apoyo a Boschi, su benefactor. “Pedimos que lo ayuden, porque él ha sido como un padre para todos los niños, aquí vienen un montón de mujeres que han sido abandonadas por los maridos y él les da estudios, zapatos, uniformes y lo que los niños necesitan”, asegura.

A su criterio, es una injusticia que el Gobierno pretenda sacar del país a quien ha tendido la mano a gente pobre.

“¿Cómo quedan estos niños sin este padre que les está dando la ayuda? Nosotros le pedimos al Gobierno que tenga misericordia de estos niños, que por favor se dé cuenta que estos niños no tienen padre en su mayoría, muchos son criados por los abuelos; por eso pedimos que (Ortega) tenga piedad, pedimos justicia”, gritó Velásquez, quien le recordó al Presidente que si el pueblo es presidente, como él dice, que los deje vivir en paz.

LA DESESPERANZA

Boschi cuenta, a través de su libreta, que tomó la decisión de no hablar porque quiere demostrar que sin decir una palabra se puede trabajar por los pobres. “Sin decir una palabra, sino con amor y organización”, indicó.

Victoria Marín es maestra y trabaja en el colegio desde su fundación. Para ella, la sola idea de pensar que Boschi se va de Nicaragua le trae desesperanza.

“Aquí los niños no tienen la posibilidad de estudiar en una escuela privada y las públicas les quedan muy largo, aquí no pagan nada y si no tienen materiales escolares él se los da, igual que el uniforme, zapatos; si están enfermos hay medicinas. Sería una pérdida grande para la comunidad”, lamenta Marín.

Enrique Sáenz, presidente del Movimiento Renovador Sandinista (MRS), dijo que esta organización mantiene una solidaridad completa con las demandas de Boschi de que se le restituyan sus derechos como nicaragüense. El misionero fue candidato a alcalde de Ciudad Sandino por este partido.

El general retirado Hugo Torres, también del MRS, dijo que la huelga de hambre es un gesto al que se recurre cuando se han cerrado los caminos. “A Alberto se le arrebató en cuestión de horas su ciudadanía, como cualquier cosa, una ciudadanía ganada a pulso, con sacrificio, entrega; y el colegio es una muestra, con amor desinteresado, sin pregonar amor a los pobres”, señaló.

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