Todos los días, los nicaragüenses nos indignamos por los desmanes del orteguismo. Es insoportable el irrespeto a la Constitución y a las leyes, la falta de un clima favorable a la inversión, la emigración de nuestros trabajadores, el renacer de los CDS en CPC, la pasividad de la Policía ante las turbas; los trabajos adjudicados a los amigotes, etc., etc.
Da vergüenza que Nicaragua se vaya quedando cada vez más atrás de sus vecinos en democracia y economía; que nos consideren un país donde volvemos a elegir gobernantes desacreditados, los caudillos hacen pactos inmorales, hay muchos políticos comprables y faltan hormonas para reivindicar los derechos ciudadanos.
Es una situación que nos revuelve las entrañas y nuestro orgullo de ser nicaragüenses. Entonces, ¿qué podemos hacer los ciudadanos comunes, dentro del reducido margen de acción personal que tenemos?
Lo primero es manifestar nuestro malestar. Ya sea en familia, entre amigos y en otros entornos del diario vivir, debemos demostrar nuestro descontento, no sólo con comentarios sino con indignación cívica. De boca en boca se puede ir propagando el deseo de cambio entre la gente, se motiva a la acción por el testimonio personal y de algún modo nuestro malestar llega hasta los que provocan el desorden. Es bueno que los infractores sepan que nos importa el deterioro nacional y no somos indiferentes a sus abusos.
Otra forma importante es participar en las marchas, manifestaciones u otras demostraciones de protesta cívica. Por muy “conchudos” que sean los orteguistas, la multitudinaria participación de los ciudadanos en las protestas les confirma su minoría, reduce su ánimo y deseo de imponerse a toda costa. El rechazo de la población debilita su intención de abusar; les hace ver que algún momento tendrán que rendir cuentas; que no pueden engañar a todos y que no somos “gallinas”. Las turbas podrán amedrentar a un grupo reducido, pero no pueden acobardar a una manifestación que las supere varias veces en número.
También podemos apoyar peticiones que necesitan una firma formal y usar las redes sociales del Internet para difundir nuestros pensamientos, comunicarnos con otros inconformes, avisar de actividades en las que podemos participar y hacer comentarios en las páginas web de los periódicos.
Al comentar las próximas elecciones, hay personas que no encuentran un candidato perfecto y expresan: no hay por quien votar. Esa actitud sólo beneficia el fraude y el voto duro. De modo que tendremos que escoger el menor de los males, para demostrar que somos mayoría, votando por aquél que aunque no sea de nuestro completo agrado, es mejor que cualquier pactista.
Existen muchas otras formas de manifestarse, según la posición y compromiso de cada uno. Los que creemos que hay un Creador que vela por sus hijos, podemos orar por la paz política, el progreso y la solidaridad nicaragüense, pidiéndole ilumine a los políticos democráticos para que sean capaces de inspirar al pueblo nicaragüense a la victoria. Aunque parezca que fuerzas esotéricas dominan Nicaragua, para el Señor no hay imposibles y puede, incluso llamar a cuentas finales a los que están haciendo daño al pueblo.
Por último, con un pequeño esfuerzo, podemos involucrarnos en la organización de las mesas electorales para cuidar el voto de otro fraude o alistarnos, si fuera necesario, a participar activamente en una futura resistencia civil.
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