CORRESPONSAL/ MATAGALPA
Pequeños productores de la comunidad Carreta Quebrada, en el municipio de Sébaco, departamento de Matagalpa, han encontrado en las escuelas de campo la oportunidad de “aprender haciendo” y encontrar soluciones a las adversidades provocadas por la alta incidencia de virus y bacterias en cultivos como la chiltoma y el tomate, productos que hoy tienen altos precios en el mercado nacional.
Juan Ramón Espinoza es uno de ellos. Este joven agricultor de Carreta Quebrada, miembro de la Cooperativa de Producción y Comercialización de Hortalizas (Coprahor), dice que cultivaba por su cuenta un cuarto de manzana de chiltoma de la variedad Aristóteles.
Sin embargo, por las afectaciones de ácaro y mosca blanca, entre otras plagas, Espinoza señala que apenas obtenía 10 mil frutos y sólo la mitad de éstos cumplían con los parámetros requeridos por mercados exigentes, especialmente en lo que respecta al tamaño y peso de la llamada “chiltoma de relleno”.
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Con el apoyo de Technoserve, el Programa de Manejo Integrado de Plagas para América Central (Promipac) y Catholic Relief Service, ejecutor del proyecto identificado como Acordar, que auspicia la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), los 42 productores aglutinados en Coprahor se han apropiado de prácticas agrícolas preventivas, obteniendo mejores resultados en rendimiento, calidad e ingresos para sus familias, y hasta comparten sus experiencias con agricultores de otros puntos del país.
Espinoza ahora sabe que tiene más ventajas si trabaja de forma organizada, según lo explicó durante una escuela de campo en la que participaron productores procedentes de El Tuma-La Dalia, departamento de Matagalpa; Tomatoya y Chagüite Grande, departamento de Jinotega, y San José de los Remates, departamento de Boaco.
Según Espinoza, con algunos miembros de la cooperativa cultivaron en conjunto casi media manzana de chiltoma Aristóteles, aplicando técnicas que antes desconocían. Tras la siembra en túneles, los miembros de la cooperativa obtuvieron un poco más de cinco mil plántulas de chiltoma, que luego trasplantaron en una parcela, adoptando una serie de medidas para prevenir la afectación de bacterias y plagas.
Los bancos de trasplante son cubiertos con plástico, el cual sirve para evitar el crecimiento de maleza alrededor de las plantas y al mismo tiempo para repeler las plagas, explica Juan Ramón García, el presidente de la cooperativa, indicando que en la media manzana usaron dos rollos de plástico, de mil metros cada uno.
Alrededor de la parcela establecieron una barrera física hecha con sacos, pero en un área colindante, donde apenas alistan los bancos para trasplantar más chiltoma, los agricultores han sembrado millón para que sirva como barrera viva y, según García, “eso es para que los insectos que tienen estilete lleguen a la barrera y ahí dejen el virus que llevan”.
Además, para entrar al área de cultivo, los agricultores cumplen con normas de higiene que incluyen limpiar el calzado con agua clorada. La inversión inicial es alta, empezando por la semilla. Cada una cuesta alrededor de ocho centavos de dólar. Un sobre vale 400 dólares. Sin embargo, Espinoza señala que “eso lo compensa el hecho de que después no tenemos que usar tantos químicos para combatir plagas”.
Alejo Espinoza, gerente del proyecto Acordar en Technoserve, apunta que el trabajo en forma asociativa permite programar los planes escalonados de siembra y que los agricultores puedan entregar el producto dos veces por semana durante todo el año, como lo requiere el mercado. “Organizados han podido establecer los vínculos comerciales con el mercado, los proveedores de servicios, de insumos y financieros”, dice el especialista.
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