Los grupos que están proponiendo la realización de elecciones primarias, tanto el liderado por Hagamos Democracia como la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH) tienen esencial interés en encontrar una salida a la crisis institucional y de gobernabilidad que atraviesa Nicaragua; pero no creo que se encuentre en unas elecciones primarias.
No hay duda que las primarias son claves para el fortalecimiento de la democracia, puesto que con éstas, idealmente, se recoge el criterio de las bases de cada partido político que eligen al mejor de sus candidatos, aquél con la calidad necesaria para competir y ganar en unas elecciones nacionales, a lo que lógicamente aspiran todos los partidos o movimientos políticos. En otras palabras, las elecciones primarias son una especie de colador que deja en el camino a partidos políticos y candidatos incapaces de presentar y demostrar que son capaces de cumplir un plan de gobierno que mejore las condiciones económicas, sociales y políticas del país. Sin embargo, no hay que engañarse creyendo que en Nicaragua las primarias tendrían iguales propósitos y resultados.
Independientemente de que la CPDH y Hagamos Democracia hagan su mejor esfuerzo supervisando, observando y organizando estas primarias interpartidarias, sospecho que dado el control que tiene el pacto PLC-FSLN en todas las instituciones del Estado, cualquiera sean los resultados serán manipulados de previo o posterior al proceso de elección, (como lo hicieron en el fraude de las elecciones municipales del 2008), para que sean favorables a su plan, que ya se sabe, es que el candidato de la oposición sea Arnoldo Alemán, acompañado de su “plancha” de diputados incondicionales.
Creo que el papel de la Sociedad Civil, antes que promover unas elecciones primarias interpartidarias debe de ser presionar a los diputados y diputadas a que elijan para los 25 cargos vacantes en las instituciones del Estado, a personas de reconocida honestidad e independientes de compromisos partidarios. Considero que las elecciones primarias distraen la atención de lo que verdaderamente tiene peso y es prioritario para salvar a Nicaragua:
1.- La reelección de Ortega es inaceptable y habrá que impedir, “cueste lo que cueste y se tenga que hacer lo que se tenga que hacer”, una reforma constitucional que le permita reelegirse.
2.- No son viables las elecciones en el 2011 si no se elige a un Consejo Supremo Electoral honesto e independiente; si no se entregan con eficiencia y agilidad las cédulas de identidad a toda persona que la solicite, si no se depura el Padrón Electoral y si no se permite una amplia observación nacional e internacional.
3.- Líderes como Eduardo Montealegre y Edmundo Jarquín deben ponerse del mismo lado e iniciar una cruzada de unidad, basados no en colores políticos sino en principios y valores democráticos y morales, que promuevan una nueva forma de hacer política con la que se sientan identificados la mayoría de electores; que son los independientes, así como también aquellos miembros de los partidos políticos, que ya están hartos de la corrupción y el caudillismo dentro de sus propios partidos.
Sinceramente me parece desacertado promover unas elecciones primarias en un contexto político tan viciado y corrupto como el que presenta Nicaragua. La ciudadanía percibe el desastre político y ha comprado la idea de que las elecciones primarias van a resolver el problema. Lo que, definitivamente pongo en duda y por el contrario creo que lo agrava, pues lo que van a lograr es que Alemán se legitime como candidato de la oposición, y Daniel Ortega elimine todos los posibles obstáculos hacia su reelección.
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