El himen es una membrana fina de tejido conjuntivo que cierra parcialmente la entrada de la vagina y la protege en la infancia de las infecciones y microorganismos externos. Con la llegada de la adolescencia, la vagina desarrolla su propia flora para autodefenderse y el himen pierde su utilidad, haciéndose más fino; por eso puede romperse con mucha facilidad.
La relevancia dada al himen comenzó en la época del totemismo. Esta constituye una tradición antiquísima, relacionada con el respeto con que los indios americanos trataban a numerosos animales, teniendo en cuenta sus características y cualidades especiales.
Según la doctora Alicia Pérsico, la idea de que el himen es una parte relevante del cuerpo de la mujer nace cuando los tótems empiezan a regular la sexualidad a través del cuerpo femenino.
“En vista de que en estas radicaba la posibilidad de la herencia familiar a través de los hijos, los hombres decidieron asegurar la descendencia por medio de su control y dominio. La mujer debía ser virgen porque era la única forma de preservar la pureza de la sangre entre familias de igual linaje, ya que evitaba que esta se uniera libremente a una pareja de condición inferior. El himen funcionaba como un control de la fecundidad femenina y la castidad, por eso se imponían severas sanciones a quienes lo perdían, tales como la mutilación, el escarnio o la muerte”, explica Pérsico.
En algunas culturas, el chamán debía ratificar la virginidad de la novia tras corroborar la presencia del himen. En otras ésta era un bien de intercambio que se calculaba a través de las dotes. Una vez que se comprobaba que la novia era virgen en la noche de bodas, su familia recibía el pago de dinero a cambio de entregarla a la familia del esposo.
En la época feudal, la mujer se casaba a la fuerza y si no era virgen, su esposo tenía el derecho de devolverla a su familia. En esta época se esperaba la consumación de la boda antes de la celebración del banquete, y se colgaba la sábana nupcial manchada de sangre ante los invitados.
- En muchos casos, la cirugía representa la forma de borrar nuestro pasado e implica un miedo intrínseco al placer y al disfrute libre de nuestra sexualidad.
- El problema aquí va más allá de una simple cirugía, porque los cambios son buenos si nos hacen sentir mejor, pero son malos cuando nacen de estereotipos o imposiciones ajenas a nuestra voluntad, añade Pérsico.
- 5) La creencia de que la mujer sólo tiene derecho al placer dentro de una relación matrimonial socialmente aceptada.
- 6) Límites muy estrechos en los que no hay cabida para una conversación sobre la sexualidad abierta.
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Según la teoría marxista, la importancia del himen nació con la privatización de los medios de producción. “Se establecieron relaciones de negocio donde el padre entregaba a su hija virgen para asegurar que no tuviera otros hijos, evitando que la herencia fuera dividida entre varias familias o apellidos. De esta forma el dinero y el poder se concentraba en dos familias que unían su capital a través de un matrimonio único”, asegura Pérsico.
NO ES SÍMBOLO DE VIRGINIDAD
Contrario a lo que muchos piensan, el himen no es garantía de ser virgen.
Existen hímenes muy laxos o muy frágiles, de forma tal que una mujer puede tener una vida sexual activa y un himen intacto o, por el contrario, que una joven virgen no lo conserve.
Es más, la elasticidad del himen puede ser tanta, que existen casos en los que permanece íntegro después de varios contactos sexuales y hasta se conocen mujeres embarazadas con el himen intacto. Por tanto, ni los mismos médicos pueden constatar si una mujer mantuvo relaciones sexuales en el pasado basándose en la existencia de la membrana vaginal.
LA RELIGIÓN
Según la socióloga Felicia Díaz, la religión también tiene su cuota de responsabilidad en la desproporcionada importancia otorgada al himen. “Por ejemplo, en el caso de la religión católica, existen dos mujeres que representan la dualidad de la mujer virgen y la mujer ultrajada. Estas son María, la madre de Jesús, y María Magdalena, la prostituta arrepentida. La primera es el modelo a seguir, la mujer pulcra con un himen intacto; y la otra representa a la mujer pecadora. No es difícil imaginar que en el imaginario colectivo la primera sea la más legitimada”, explica Díaz.
UN ASUNTO DE PODER
Para la feminista Paola Muñoz, el himen no es más que un asunto de poder. “Si un hombre desvirgina a una mujer, éste se convierte en su dueño indiscutible. Para él es un yo te poseo a través del acto sexual, y como soy el primero tú eres mía. De lo contrario eres de otro”, comenta Muñoz.
LA CIRUGÍA
En la actualidad existe una cirugía para reconstruir el himen. Es una intervención sencilla que cobra más adeptos día tras día.
La reconstrucción del himen es la restauración parcial de lo que queda de éste tras una vida sexual activa, la práctica de ejercicios violentos como la danza o un accidente agresivo.
El procedimiento requiere la búsqueda de los restos o reflexiones de mucosa, usualmente los bordes del himen, ya que este forma un anillo que se cierne dentro de la vagina y deja reminiscencias una vez que se rompe. Según el doctor Armando Siu Bermúdez, especialista en cirugía plástica, “el objetivo de la operación es recortar los bordes para reanimarlos y proceder a juntarlos nuevamente”.
La cirugía tiene una duración promedio de media hora y un precio que ronda entre los 600 y los 800 dólares.
SE RECOMIENDA CIRUGÍA:
1) Cuando una mujer desea esconder que no es virgen.
2) Violaciones.
3) Traumas psicológicos.
4) Accidentes.
5) Para mejorar la salud mental.
Casos en los que el himen puede perderse:
1) Uso de tampones que distienden progresivamente el himen.
2) Práctica regular de la equitación.
3) Danza contemporánea o clásica.
4) Deportes violentos como la equitación o las artes marciales.
Significado
Según explica la psicóloga Alicia Pérsico, “el himen es un certificado de calidad producto de una sociedad androcéntrica y patriarcal que representa un sello de garantía. Por tanto, este tipo de cirugías son parte de la doble moral de nuestra sociedad, y de la vida secreta que las mujeres nos vemos obligadas a llevar. Otras veces tenemos traumas que queremos superar a través de una cirugía, como en el caso de violación o incesto”.
Causas que han popularizado esta cirugía:
1) Las mujeres traemos una carga ideológica que traspasamos a nuestros hijos y según la cual la sexualidad es un tema vedado. No hay libertad para hablar de estos temas ni para disfrutar de nuestra sexualidad.
2) Relaciones extramaritales prematrimoniales.
3) La rivalidad entre las mujeres y los comentarios que degradan a las que no son vírgenes.
4) Falta de respeto a nosotras mismas y baja autoestima.
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