Por Pedro Belli
A cusan a Montealegre de haberse robado millones de dólares con los Cenis. Enormes cartelones en las calles de Managua lo han tildado de ladrón. Estas acusaciones son asuntos graves que no se pueden ignorar.
Los Cenis (Certificados Negociables de Inversión) son bonos que el Banco Central (BCN) vende y compra para aumentar o disminuir el dinero en circulación. Igual hacen muchos bancos centrales alrededor del mundo. En Nicaragua los Cenis aparecen en 1995. Los asociados con Eduardo se emitieron en Nicaragua en el año 2000, a raíz de la quiebra de cuatro de los diez bancos que existían en el país y que manejaban el 39 por ciento de todos los depósitos. Estas quiebras desataron una crisis que pudo haber tenido consecuencias mucho más serias que las recientes crisis de Estados Unidos y Europa.
El Gobierno pudo haberse cruzado de brazos. Los 140 mil ahorrantes que mantenían sus depósitos en los bancos quebrados hubieran perdido sus ahorros. Los que mantenían sus depósitos en los otros bancos los hubieran retirado por miedo a perderlos, obligando a estos bancos a reducir el crédito para poder devolver su dinero a los ahorrantes.
Las repercusiones de inacción gubernamental hubieran sido catastróficas. El país hubiera entrado en una recesión mucho mayor que la que acaban de sufrir los Estados Unidos y Europa y no hubiera sido remoto que todos los bancos quebraran. De hecho, la quiebra del Interbank provocó el retiro del 8.2 por ciento de todos los depósitos del sistema bancario, dándole el golpe de gracia al Bancafé, al Bamer y en especial al Banic banco solvente que sufrió una caída en sus depósitos de 32 por ciento, lo cual forzó su liquidación—.
Ante esta perspectiva, el BCN optó por intervenir, garantizándole sus depósitos a los ahorrantes para protegerlos y salvar el sistema bancario. Tanto la cartera de préstamos como los depósitos de los bancos quebrados fueron subastados. El Banpro, BDF y Bancentro los compraron. Como muchos de los préstamos eran malos, el BCN cubrió con Cenis la brecha entre lo que se esperaba recuperar por los préstamos y el monto de los depósitos. Cubrir esta brecha fue costoso. La quiebra del Interbank costó $$152.7 millones, la del Bancafé $$77.4 millones, la del BANIC $$61.3 millones y la del Bamer $$40.8 millones, equivalente el total a 16 por ciento del PIB.
Los Cenis fueron emitidos a diferentes tasas de interés y un plazo promedio de tres años. Los Cenis del Banpro pagaban 17.17 por ciento, los del BDF 10.65 por ciento y los del Bancentro sólo 7.93 por ciento. ¿Cuál fue el papel de Eduardo en todo esto? Ninguno. Él estaba en el sector privado, lejos del Gobierno.
Pasada la crisis, fue evidente que la carga financiera de los Cenis era insostenible. El país no podía pagar ni los intereses ni el principal (al vencimiento de los Cenis, entre noviembre de 2003 y septiembre de 2004, intereses y principal ascendían a $$454.1 millones). Era urgente renegociar tasas de interés y plazos. En 2003, Eduardo, como Directivo del BCN por ser Ministro de Hacienda, participó en la renegociación que redujo la tasa de interés dramáticamente a un promedio de 8.29 por ciento y alargó los plazos a casi nueve años de promedio, permitiéndole al Gobierno hacerle frente a la carga financiera y evitar una quiebra.
¿Se robó algo Eduardo en esta segunda transacción? No. Cuando la renegociación de los Cenis se efectuó, Eduardo ya no era accionista de ningún banco. Además, — salvo Bancentro—, todos los bancos aceptaron vencimientos a más largo plazo y menores tasas de interés.
A la fecha de vencimiento de los Cenis, el BCN le hubiera debido a Bancentro $$49 millones. Bancentro recibió Cenis por $$49 millones a una tasa de 8.29 por ciento, igual al promedio. ¿Se benefició Bancentro? Cuestión de opinión. Canjeó bonos de corto plazo por bonos de largo plazo con tasa de interés levemente mayor. ¿Hubo robo? No. El aumento en la tasa de interés es normal: entre más largo el plazo, más alta la tasa de interés. Y en este caso el aumento fue mínimo. ¿Benefició la renegociación de los Cenis al Gobierno y por lo tanto al pueblo? Por supuesto. Eliminó una carga financiera insostenible y evitó una quiebra a la griega.
¿Qué podemos concluir de estos hechos? Eduardo no se robó ni un centavo. Cero. Nada. Actuó correctamente y veló por los intereses del Gobierno y del pueblo. Es hora de que cesen las falsas acusaciones contra él y contra todos los que estuvieron involucrados en rescatar al país de una catástrofe económica.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A