En enero del 2007 con la euforia de la toma de posesión el “ingenuo diputado” por el PLC, Wilfredo Navarro, expresó: “Dios ilumine al nuevo presidente para que no vuelvan las tentaciones totalitarias ni piense que puede retroceder un centímetro el proceso democrático”.
En ese entonces Daniel Ortega había ganado las elecciones con una minoría que le dio un escuálido 38 por ciento, con la ayuda del pacto, y no tenía mayoría en la Asamblea Nacional, pues sólo contaba con sus 38 diputados. Por su parte, la “oposición democrática” estaba integrada por: el PLC con 25 diputados, la ALN 22 diputados y el MRS con 5 diputados, más el diputado regalado de don Enrique Bolaños, constituían nuestro muro de contención para frenar al dictador.
En el 2010 han transcurrido tres años y cuatro meses del gobierno del señor Ortega y hoy no queda nada de la famosa “mayoría de oposición democrática”. Ortega no retrocedió un centímetro el proceso democrático sino que lo eliminó de tajo y la dictadura familiar de los Ortega-Murillo se consolida al son de los cañonazos bolivarianos. De manera que hoy tenemos: el FSLN con sus 38 diputados obedientes y disciplinados, más sus aliados, los diputados prepagos de la bancada BUN y los corsarios de la ALN, más el diputado regalado de don José Alfredo Gómez Urcuyo, que suman votos en la chanchera para la dictadura. ¡Ortega forever!
Lo poco que queda de la trinchera democrática que podía evitar la consolidación de la dictadura son los votos patrióticos y de la esperanza: BDN, 17 diputados, MRS 3 diputados y los 21 diputados del PLC, lo cual está por verse si no se venden al mejor postor y quedamos a la expectativa de ver si el diputado Alejandro Bolaños Davis va a actuar con honradez no cediendo a los cañonazos bolivarianos.
Debemos estar conscientes y muy claros que la batalla por la democracia la tenemos que ganar en la Asamblea Nacional y lamentablemente estamos en las manos de un montón de corruptos, inescrupulosos que sólo esperan vender sus votos al mejor postor.
Daniel Ortega nunca hubiese violado la Constitución si no contase con la complicidad de los diputados pactistas. El peligro no es el sueño mesiánico de Ortega de querer perpetuarse en el poder, el peligro real tiene nombre y apellido y son los diputados corruptos agrupados en la chanchera y me refiero a los de la ALN, BUN liderados por Arnoldo Alemán.
Hoy Daniel Ortega es más nefasto y peligroso que en los años noventa, cuando tenía a Nicaragua bajo sus garras con el control totalitario y era el amo y señor de la vida y hacienda de los nicaragüenses; Ortega cuenta con todo y si algo hoy le sobra es plata. Como dice el refrán popular: “con la plata baila el perro” y hay que tener siempre las tres “P”: “plata para los amigos, palo para los inconformes y plomo para los enemigos”. O dicho con una frase más acorde a la globalización, “business and politics”, “aquí no hay quien se resista a un cañonazo de doscientos cincuenta mil dólares” como lo institucionalizó don Antonio Lacayo, ésa es nuestra triste realidad.
En 1990 el pueblo oprimido solamente tenía un rayito de fe y esperanza y sabía que sólo unidos se le podía ganar a la dictadura. En ese entonces no había diputados prepago, ni corsarios, ni vendidos, no había nada que repartir, y nada que perder, pues ya se había perdido todo.
Y de las cenizas, como el ave fénix, se levantó la figura de doña Violeta Barrios de Chamorro, una ama de casa y con muletas, logró derrotar a la dictadura y le dimos al mundo una lección de civismo. Nicaragua salió a la luz después de la noche oscura y volvió a ser República, ojalá y tomemos conciencia de esta realidad.
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