Allá en mis años de adolescencia, me refería mi bien recordado abuelo José María Castellón Lacayo (1867-1969), que en las ocasiones que fungía como secretario privado del general José Santos Zelaya, éste asistía en veces, a los exámenes de grado de universitario, y aún bachilleres, para escoger entre los mejores alumnos a miembros de la administración pública a fin que iniciaran carrera política. Eran tiempos en que las transformaciones y reformas sociales asomaban con fortaleza bajo el impulso del liberalismo. La revolución liberal del 93, otorgó a la juventud el espacio político necesario y fueron los jóvenes quienes después de la caída del general Zelaya propagarían la ideología liberal como fuente de progreso.
Como corolario de lo anterior, a inicios de 1973 un grupo de jóvenes profesionales formamos la asociación de “Jóvenes Profesionales Liberales de Nicaragua, Generación 73”, con el ánimo de estudiar y recomendar, los cambios profundos que debía hacerse al ideario liberal a fin de modernizar al partido y renovar sus ideas por el desgaste sufrido por estar prolongadamente en el poder. La asociación creía fielmente que para definir planes y ejecutarlos, se debía estar en estrecho acercamiento con la población especialmente con la económicamente más débil, haciéndose necesario cambios profundo. Es así que se instalaron estructuras de profesionales jóvenes, en todas las cabeceras departamentales y muchos municipios, siendo una organización política pero sin perder de vista el aspecto social, visualizándose las necesidades que afloraban en la población desprotegida. Como metas de fortalecer este objetivo, se formaban grupos sociales y cívicos, integrados por médicos, odontólogos, abogados, ingenieros sicólogos y trabajadores sociales para prestar servicios rutinarios y gratuitos a la población más pobre.
La juventud cada día debe asumir la gran responsabilidad de emprender los cambios cronológicos en el relevo de aquellos que llevan la conducción de los partidos políticos. Estos compromisos de relevo y acercamiento con la población, forjan la vocación de servicio y fortifica el ejercer la política con mayor firmeza, ética, mística y dedicación.
En aquella época, se plasmaba la urgente necesidad de transformaciones y estrategias ideológicas ante el avance cada vez mayor de una guerrilla urbana y rural, que apoyada por varios países del continente estaban provocando que las balas se fueran imponiendo sobre las ideas y que la población iniciara su descontento provocado por tales circunstancias; es así que en febrero de 1975, la asociación reunió la Convención Nacional de profesionales jóvenes en el Teatro González de Managua, con asistencia de un mil doscientos miembros en donde se plantea la urgente necesidad de evitar que la violencia armada se fuera perfilando como solución viable y que la metamorfosis política debería implementarse con activa participación de la juventud, fue una campanada de alerta a la dirigencia del liberalismo, que provocó fuerte malestar en la vieja organización. Se debe sin embargo admitir que en las repetidas reuniones entre nuestra Asociación y los dirigentes liberales, encabezado por el ex presidente Somoza, éstos escuchaban los planteamientos, pero por malos consejeros, por pretensiones personales o consideran estos cambios extemporáneos, no pasaron de una total inercia política; la situación de guerra se empeoró y las puertas de la noche oscura se fueron abriendo; la década perdida de los años ochenta, afectó en lo más profundo los cimientos de la nación. La catástrofe económica, política, social y diplomática habrían de hundir al país en situaciones que jamás se recordara en nuestra historia patria, provocándose un cambio drástico y desordenado, sin brújula, en donde los países promotores no tuvieran la visión política necesaria de haber puesto el orden preservando al menos la más elemental institucionalidad.
Consecuencia de esto, dio lugar a las confiscaciones injustas, torturas, asesinatos, exilio masivo, desbarajuste infinito de nuestra economía, y lo peor, la muerte de miles de jóvenes que lejos de comprender a una revolución cada día traicionada, ofrendaron sus vidas por un ideal que resultó falso, pues la nueva dirigencia izquierdista cerró toda posibilidad democrática, y fue el vibrar nuevamente de los cañones que obligó a dar elecciones libres, cerrándose el círculo de partida; tanto desgarramiento nacional no valió en lo absoluto la pena, pues las circunstancias provocadas fueron mucho más graves que las existentes antes de 1979. Nicaragua llora todavía los impactos de esos desaciertos.
Debo mencionar como fundadores y directivos a nivel nacional de la Asociación de Jóvenes Profesionales Liberales de Nicaragua, Generación 73, a Jaime Aguilera Cuadra, Neyton Baltodano, Danelia Carvajal (q.e.p.d.), Rita Bravo, Arturo Eli Tablada, Miriam Fonseca Zapata, Luis Rodríguez Vado, Federico Prado, Juan José Rodríguez G., Noe y Esther Aguilar, Rigoberto Flores R., Javier Avilés, Sergio López, Mario Miranda R. y muchos más.
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