Dolosas violaciones constitucionales

Alfaro Dávila Barboza

Como jurista y defensor de los intereses jurídicos-políticos que conforman y revisten la tutela legal del Estado de Nicaragua, me causa mucha pena y prolongada preocupación que el Estado de Derecho, la Democracia en nuestra vida Republicana están sufriendo vulgares ultrajes y dolosas manipulaciones de funcionarios de la Asamblea Nacional y la Corte Suprema de Justicia; para facilitar con interpretaciones absurdas y temerarias el camino propicio para culminar con la desafiante actitud antidemocrática del titular del Ejecutivo, Daniel Ortega, de alzarse con una candidatura de reelección presidencial para los comicios electorales del próximo año 2011. En primer lugar, nuestra Constitución Política, lo mismo que la Declaración Universal de Derechos Humanos, ha resultado el “plato apetitoso” de los citados funcionarios para tergiversar y restar la verticalidad de las órdenes de ambas instituciones dignas de mayor respeto y observancia de vida. En efecto, los derechos individuales y las garantías propias de nuestro pueblo son víctimas de constantes ultrajes y eso daña la libertad y la seguridad individual; y desfilan como agraviados lo que corresponde a la honra y reputación de los ciudadanos y eso como se comprende alerta también con los sabios disposiciones de lo relativo a Derechos Humanos que tiene como sustancial lema brindar “dignidad y justicia para todas las personas”.

La burla que algunos judiciales manifiestan con decisiones donde es visible el interés político partidario causa asombro y vergüenza, pues en delitos graves como la violación, el homicidio y otros delitos en perjuicio de las finanzas públicas, los procesados por tales delitos gozan por la discrecionalidad de los tales judiciales, de arresto domiciliar, que es una patente de permiso de transcrito por todo el territorio nacional y en lo que respecta a la compra de conciencias, debe reconocerse que esto en definitiva resulta un golpe bajo el libre albedrío y deja como fin una ofensa a las personas que son objeto de esa desnaturalizada compra-venta. Vale recordar que la filosofía y la psicología profundizan cada día el valer y velar de éste, ofreciendo elementos por el cual los humanos determinan y califican sus acciones, y duele decirlo que muchas personas ponen oídos sordos a los reclamos que realiza la conciencia por actos indebidos y también el regocijo que vive la misma conciencia como cuando estas mismas personas actúan con lealtad y rectitud en los campos fraternos, amistosos y de honestidad bien soportada.

En Nicaragua vemos constantemente la facilidad de ciudadanos que caen en la deslealtad a sus principios morales y no resisten la tentación de vender o hipotecar su conciencia por fuertes sumas de dinero que les permite cancelación de deudas y compra de mejoras y prendas de alto valor. Pero este dinero tiene como maldición lo que vivió Judas Iscariote cuando traicionó y vendió a nuestro maestro Jesucristo, que al llegar a su casa con el dinero mal habido salió espantado y con muchas lágrimas y la moral y la religión. Existen dos delitos en nuestro Código Penal como chantaje y la extorsión, que son aliados del que compra las conciencias y aquí surge la pregunta para una respuesta justa y sobresaliente “Conozcamos la intención y la finalidad del que paga por pecar o el que peca por la paga”. Si lo pasamos como pregunta usted como lector de la respuesta, yo digo “Igual pena merecen”. Dios quiera que este tráfico de conciencias se extermine de raíz, pues el daño que le causa el que vende su conciencia a su familia, a sus amigos y a nuestra amada Nicaragua es para no olvidarse jamás, algunos podrían perdonar a este sucio negociante, pero no podrían olvidar acto tan vil y bochornoso.

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