Ciudad del Cabo/EFE
Un ruido agónico de vuvuzela aquí, otro allá, hoteles que vuelven a quedar con camas vacías y tiendas con anuncios urgentes de rebajas en accesorios vinculados con el Mundial de Futbol confirman que la fiesta está llegando a su fin en Ciudad del Cabo.
El partido de semifinales que ayer jugaron Uruguay y Holanda en el estadio Green Point, bajó el telón como sede mundialista de la ciudad donde todo comenzó en Sudáfrica, hace 358 años.
Luego, el 7 de julio, se despedirá Durban con el choque entre alemanes y españoles.
El encuentro por el tercer puesto dará el adiós a Puerto Elizabeth el día 10, víspera de la final en Johannesburgo.
La penúltima gran jornada de conmemoración se vivió el sábado pasado tras el desenlace del partido de cuartos de final que Alemania ganó por 0-4 a Argentina.
Aún en la mañana del domingo, se escuchaban estertores de júbilo de hinchas germanos embriagados con el paso de sus selección a las semifinales, mientras de los hoteles salían seguidores argentinos en busca del camino de vuelta a casa.
El panorama colorido de ayer incorporó el vivo naranja distintivo de Holanda, así como el tricolor de su bandera: rojo, blanco y azul.
Los vientos fríos que bajan del Monte Mesa, en cuyas faldas comienzan a florecer de nuevo los viñedos, choca a horas del partido con la brisa tibia que ronda la costanera de la ciudad y sus atractivos turísticos de cara al mar.
Y a medida que pasa la mañana y entra la tarde, gritos de hinchas uruguayos y holandeses compiten con el estertor alegre de otra vuvuzela, la cadencia de un blues callejero o el ímpetu de una danza nativa en las calles empedradas del Complejo Portuario de Victoria y Alfredo, a pocos metros del estadio Green Point.
El crisol de culturas que tiene asiento en la capital legislativa de Sudáfrica desde 1910, se prepara para otro encuentro de futbol de alto nivel, sobre el que millones de ojos están atentos.
Y mientras eso ocurre, a pocos metros, en los sectores comerciales que atraen centenas de turistas, los carteles de ofertas, descuentos y promociones inundan las vitrinas y abruman a los visitantes.
Tentaciones como el pague dos y lleve tres, es ahora la clave de la masiva afluencia de compradores.
Pero nada parece ser suficiente, los argumentos de negociación, las contraofertas se plantean en todos los idiomas, en sonoros acentos.
Y la música de cada registradora que indica que un negocio se ha cerrado compite con otro ruido de vuvuzela aquí y de otra allá…
Ver en la versión impresa las páginas: 7 C