Mi reciente viaje a República Dominicana y Estados Unidos, concentrado en dos asientos terrenales mojados por las aguas, Punta Cana y Miami, sirvió para testimoniar dos actos que llaman la atención de la libreta periodística.
El ingreso de 90 delegaciones internacionales para debatir 40 proyectos prioritarios para poner en la circulación real y no teórica la reconstrucción de Haití en Punta Cana dentro de las cuales fue la figura más atractiva —principalmente para los medios— el ex Presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, de quien se asegura con la ineludible suspicacia que es el “resuélvelo todo de la Casa Blanca”, y la celebración de las elecciones de Colombia a través del comportamiento de los votantes desde la distancia, en Miami en el ejercicio del derecho que emigrantes de esa nacionalidad tienen en el exterior con muchos de los cuales, colegas de Radio Caracol hice intercambio informal de criterios, respecto del fracaso de las encuestas en la primera vuelta que tuvo su antecedente más recordado en las elecciones de 1990 en las que la fórmula Violeta-Virgilio rectificó resultados que favorecían a Daniel, posiblemente porque el consultado tuvo temor de inclinarse por la oposición, así como el colombiano pudo tenerlo de la organización terrorista que lo sumerge en su tranquilidad.
Me voy a Punta Cana, el otro acto de este vuelo. El aterrizaje ruidoso de las noventa delegaciones el miércoles 2 de junio para tratar con seriedad el tema haitiano que ya parecía disolverse en las hojas del olvido, destino que al parecer lo somete a pesar del bullicio viajero de la burocracia internacional.
Punta Cana es un fenomenal, florido jardín rodeado de la claridad transparente de unas aguas que la naturaleza hizo para gozarlas donde quien se solace con un “chapuzón”, podría ver reflejado su rostro, con playas que se parecen al sumario de un fino “pinolillo”. Este oasis fue roto en su placentera rutina cuando llegaron las delegaciones. Tropas gubernamentales acompañadas de sus respectivos edecanes, “guarda-espaldas”. Pero lo que más convenía atender era el tema de Haití tratado en el salón donde se instaló la cumbre de presidentes, muchos de los cuales justificaron su ausencia.
¿Qué pasó con la desafortunada Haití? Pareció tener mayor importancia el tema político que escuchó el propio Primer Ministro de ese país. La celebración de las elecciones presidenciales de este año. Fue el principal interés de los donantes, el mismo que fluye aquí en Nicaragua —con razón— cada vez que se habla del próximo cotejo electoral y de la reelección de Ortega. Debía anticiparse ese tema para que los donantes destinen sus recursos en el fondo fiduciario depositado en el Banco Mundial.
A unos 200 kilómetros de distancia de la capital dominicana, se presumía la resolución definitiva del destino de Haití, pero nunca quedó claro aún con la presencia de la majestad “clintoniana” pues todo quedará en manos de la comisión interina para la reconstrucción de Haití que ha dado señales de ser sólo oficial en el trámite de los protocolos, más no en el campo irrebatible de los hechos. Todo quedó por insinuación de Clinton flotando en una página de Internet donde se le dará seguimiento al uso de los aportes. Mientras tanto esperan proyectos que incluyen la construcción de viviendas, establecimiento de zonas francas, redes eléctricas, drenaje pluvial, fortalecimiento institucional, planes educativos y de producción agrícola
Quedó por comprobarse cuál es la efectividad de tantas insistentes cumbres. Haití quedó esperando realidades…
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