Kimberley, Sudáfrica/EFE
A ella se sumaron el portero David James con su finas trenzas, la originalidad de Gervinho o la cresta del argelino Yebda, aunque la palma se la lleva la ausencia de pelo, que ha sido casi más noticia que su presencia con la imagen de futbolistas como Rooney.
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La profusión de trenzas, alguna que otra cresta, pelos con rastas, bastantes cabezas rapadas y muchos jugadores sin afeitar, que lucen barba de pocos días, marcan la estética del Mundial de Sudáfrica, en el que se han juntado 736 jugadores con otras tantas imágenes distintas.
Todo ello contribuye a la gran variedad cromática del Mundial y da un colorido especial a un torneo marcado por la interrelación de deportistas de diferentes razas, rasgos físicos, estaturas y complexiones.
Tan sólo la uniformidad casi militar de los jugadores de Corea del Norte, sacados todos de un molde único y que sólo se diferencian cuando llevan un dorsal en la espalda, se sale de la más común de las normas, la de la inexistencia de un modelo único: cada uno juega como quiere y como puede.
El sudafricano Siphiwe Tshabalala, el autor del primer gol del Mundial, llevaba unas rastas recogidas en coleta con una muñequera que luce la bandera sudafricana, mientras que el hondureño Walter Martínez aportó unos rizos con un gran colorido.
Otros, pese a que su imagen ha sido digna de ser disfrutada por los espectadores del Mundial en todo el mundo, no han tenido la oportunidad de jugar, es decir, de mostrarla sobre el terreno de juego.
El veterano camerunés Rigobert Song, rubio, con barba y con una larga melena ensortijada, ofreció una imagen difícil de olvidar.
También hubo un cambio de imagen en el argentino Martín Demichelis, quien con su largo cabello perfectamente engominado cometió un grave error y propició un gol de Corea del Sur. En el siguiente partido, su melena ondeó al viento y fue él quien marcó.
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