El escritor argentino Ernesto Sábato (D) saluda al ser homenajeado en el III Congreso de la Lengua, acompañado por su colega, el recién fallecido José Saramago. LA PRENSA/PABLO CUARTEROLO

Ernesto Sábato, a las puertas del centenario

Ernesto Sábato, el último superviviente de los escritores con mayúscula de la literatura argentina, cumplirá hoy 99 años retirado en su residencia de Santos Lugares, en las afueras de Buenos Aires.

Buenos Aires/ EFE

Ernesto Sábato, el último superviviente de los escritores con mayúscula de la literatura argentina, cumplirá hoy 99 años retirado en su residencia de Santos Lugares, en las afueras de Buenos Aires.

Casi ciego y recluido en su casa desde hace cuatro años, Sábato no será consciente de su aniversario ni del homenaje que le tributará la provincia de Buenos Aires con la concesión de la medalla José Hierro, que recibirá su hijo Mario, de 65 años, en su nombre.

Nacido en la localidad bonaerense de Rojas el 24 de junio de 1911, abandonó su carrera científica en los años cuarenta para volcarse en la literatura con la publicación de la recopilación de ensayos Uno y el Universo .

El reconocimiento internacional le llegó en 1961 con Sobre héroes y tumbas y la consagración en 1974 con Abaddón el exterminador , que completan la trilogía iniciada con El túnel (1948), adaptada al cine en 2006.

Galardonado con el Premio Cervantes en 1984, llegó a ser propuesto como candidato al Nobel de Literatura de 2007.

Su última obra publicada fue España en los diarios de mi vejez , fruto de sus viajes al país en 2002, mientras Argentina se sumergía en la más feroz crisis económica de su historia.

Ahora, el escritor “no está bien, ya está muy viejito, está más ido que quedado, por suerte ya no recibe tantas malas noticias”, explica Mario Sábato en declaraciones a Efe.

Ernesto Sábato no sale de casa, está al cuidado de enfermeras y apenas habla, aunque, según Mario, ocasionalmente rompe su silencio para mantener algún breve diálogo con la familia.

“Cuando tiene momentos en que aterriza y se percata de su situación se entristece muchísimo y siempre le cambiamos el tema. Lo acompañamos cuando está de buen ánimo, y cuando no, lo respetamos, si quiere alejarse que se aleje”, resume su hijo, que admite que el aislamiento ha agravado el “temperamento catastrófico” del escritor.

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