BRASILIA/AFP
Las lluvias que azotan desde el sábado el nordeste de Brasil dejan al menos 41 muertos y cientos de desaparecidos, en medio de un escenario de devastación que mantiene aisladas a varias localidades y arrasó con poblados enteros.
La dramática situación llevó a que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva anunciara ayer en la noche que en la mañana del jueves sobrevolará la zona afectada, como ya lo hizo el ministro de Defensa Nelson Jobim, según informó la oficial Agencia Brasil.
En el estado tropical de Alagoas el número de víctimas mortales se mantiene en 29, mientras que en el vecino Pernambuco la cifra de muertos es de 12, según los últimos boletines divulgados por la Defensa Civil ayer.
En Alagoas se estima que unas 180,000 personas resultaron damnificadas por las lluvias de los últimos días y el posterior desborde de los ríos, informó una fuente de la Defensa Civil.
En el municipio alagoano de Santana do Mundaú, la situación es dramática, ya que se encuentra aislado y las calles quedaron inutilizables. La devastación es tal que las canastas de alimentación básica y los medicamentos —que sólo puedan llegar por aire gracias a la colaboración de la Fuerza Aérea (FAB)— apenas pueden ser distribuidas a lomo de burro. El gobernador Teotonio Vilela Filho visitó este martes el poblado junto al ministro de Integración Nacional, Joao Santana, quien no ocultó su espanto por lo que pudo ver.
De igual manera, en el distrito de Barrientos, en Pernambuco, los pobladores sufren la falta de agua potable, energía eléctrica y alimentos, y habitantes de la zona baja del poblado viven de la solidaridad de quienes habitan las zonas más altas.
Ante esta catástrofe, la Defensa Civil afirmó que todavía tiene dificultades para determinar el número de personas desaparecidas, que se estima entre 600 y 1,000.
El Gobierno brasileño anunció ayer que liberará ayuda de emergencia para Alagoas y Pernambuco, por un total de 55 millones de dólares. La mitad ya fueron entregados a los gobiernos en carácter de ayuda de emergencia.
En abril pasado, Brasil se vio sacudido por lluvias torrenciales que causaron el desmoronamiento de varios cerros en Río de Janeiro, una catástrofe que dejó hasta el día de hoy una cifra indeterminada de muertos, cientos de desaparecidos, y 229 cuerpos recuperados.
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