Los colores del mundial

El país en el que nacieron las vuvuzelas, esas trompetas de plástico odiadas o alabadas de sonido típico y que se han convertido en un objeto de culto del Mundial sudafricano, los estadios de futbol también han vibrado con los colores del continente.

CIUDAD DEL CABO, Sudáfrica/ AFP

Camisetas, caras pintadas y bufandas con los colores del equipo nacional son la equipación clásica de los aficionados al futbol, pero la puesta en escena de los hinchas da lugar a un desenfreno visual incomparable en el Mundial de Sudáfrica-2010.

El país en el que nacieron las vuvuzelas, esas trompetas de plástico odiadas o alabadas de sonido típico y que se han convertido en un objeto de culto del Mundial sudafricano, los estadios de futbol también han vibrado con los colores del continente.

Se trata del amarillo del sol, el rojo de la tierra, el azul del cielo, el verde de los bosques y el negro y el blanco de los habitantes.

La paleta de colores se presenta al aire puro y seco del invierno austral y también puede verse en las gafas gigantes y las pelucas africanas que llevan una parte de los aficionados.

Tammy Lefebure, de 24 años, eligió mostrar por detrás su apoyo al “once” sudafricano llevando medias verdes y amarillas, decoradas con un “South Africa” dorado a la altura de las nalgas y con una bandera nacional sobre los muslos. “Mi trasero está por todo internet”, dice divirtiéndose esta sudafricana de Ciudad del Cabo, bailando entre decenas de miles de aficionados del fan park de la ciudad.

El resto del mundo puede superar el desafío cromático de los locales. Los hinchas mexicanos se han transformado en las gradas en un temible dios azteca de la guerra, mientras que los japoneses acuden a los estadios vestidos de samuráis y los ingleses de caballeros de las Cruzadas.

Por su parte, los makarapas, cascos de mineros decorados por los aficionados sudafricanos de manera personalizada, inspiraron a los hinchas de todo el mundo.

Uno venido de Japón, por ejemplo, tenía un casco blanco con el astro rojo de la bandera nacional nipona y otro procedente de Holanda puso al casco tulipanes naranjas.

Muchos sudafricanos blancos descubren tanto como los extranjeros la fantasía de la cultura local amante del futbol, el deporte de los negros en un país con divisiones raciales todavía fuertes 16 años después del final del apartheid .

Y les gusta. “Abrazamos esta cultura”, dice Frans Hiemstra, de 22 años, orgulloso propietario de una makarapa.

“Todo esto es un poco nuevo para mí”, agrega este joven afrikáner, descendiente de los primeros colonos europeos. “No me gustaba mucho el futbol antes del Mundial, pero ahora soy un gran aficionado. De hecho, me encanta”, afirma.

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