Los makarapas se abren paso

Los makarapas, esos cascos de mineros transformados en pequeñas obras de arte una vez recortados y pintados con los colores de un equipo de futbol, populares en Sudáfrica desde finales de los setenta, inundan y llenan de colorido los estadios del Mundial.

JOHANNESBURGO/AFP

Los makarapas, esos cascos de mineros transformados en pequeñas obras de arte una vez recortados y pintados con los colores de un equipo de futbol, populares en Sudáfrica desde finales de los setenta, inundan y llenan de colorido los estadios del Mundial.

Junto a las famosas vuvuzelas, las ruidosas trompetas de plástico, son los dos símbolos del folclor futbolístico sudafricano, unidos de forma indisoluble a como viven los partidos de los hinchas locales.

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En estos sombreros, que simbolizan dos temas importantes de la población negra de Sudáfrica (el 85 por ciento de la población), las minas y el futbol, tienen cabida el escudo y los colores del equipo, imágenes del jugador favorito, o palabras de ánimo al club o selección.

Baloyi, que se ha hecho célebre en Sudáfrica, sólo podía completar dos makarapas cada día, pero un hombre de negocios, Grant Nicholls, lo contactó para ayudarle a incrementar su producción con ánimo comercial de cara al Mundial.

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Con instinto comercial, desde años antes del Mundial ya hubo quien dirigió su mirada a la fabricación de makarapas, como Paul Wygers, que inició su negocio en octubre de 2008.

“Estaba en mi despacho y vi un makarapa junto a mí, uno que habíamos hecho antes, así que hablé con dos colegas de una mina de Durban y decidimos hacerlos pensando en el Mundial”, explicó en declaraciones a “Ke Nako” (Es la Hora), la revista oficial de la organización del torneo.

Pero la imagen de estos peculiares cascos pintados ya comenzó a sorprender durante la Copa de las Confederaciones de 2009, ensayo general del Mundial y que ya empezó a captar la atención de los aficionados extranjeros.

“Pagué 100 rands por él. Lo podría haber hecho yo, pero preferí comprarlo. Me gustaría que los europeos lo conocieran. Es parte de nuestra historia y de nuestro futbol”, explicó Mzi Khumalo, un hincha que lució orgulloso su makarapa con el lema del Mundial, “Ke Nako”.

El makarapa nació cuando Alfred Baloyi, un aficionado del equipo Kaizer Chiefs, uno de los dos equipos grandes sudafricanos, del barrio de Edenvale, en Johannesburgo, decidió realizar el primero en la década de los setenta. Desde entonces es apodado “Michelangelo” por los artistas de makarapa.

La idea original era proteger a los aficionados de ser alcanzados por alguna botella lanzada por el público.

A partir de aquel momento, los aficionados emplean horas en decorar, cortar, adornar y pintar los makarapas o los pueden comprar a artistas especializados; es algo que ya se ha convertido en un arte por un precio que puede ir desde los 50 hasta las 800 rands.

Makarapa o makaraba se llama en Sudáfrica a los trabajadores emigrantes, que normalmente trabajaban en las minas.

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