Emilio Álvarez Montalván

El legado de Thomas More

La manera más acertada de apreciar la importancia de Thomas More es enmarcarla en el Renacimiento, donde brilló como una figura emblemática de su tiempo. Era un período trascendental y difícil de la historia de occidente, como suele suceder en toda transición, había polarización y violencia, esta vez sin embargo fue muy especial porque se desafiaba a todas las posiciones tradicionalmente establecidas como indiscutibles e inmutables, vale decir religión, geografía, artes, literatura y economía, regidas hasta entonces por un severo autoritarismo.

Los contemporáneos de esos sucesos comparaban a aquellos años con un huracán que tumbaba todo, excepto que en esa ocasión no duró minutos, sino siglos enteros, XIV y XV, la chispa del cambio la encendió Lutero al demandar la libre interpretación de los textos sagrados. Fue una disidencia, potencializada por la invención de la imprenta, de increíbles consecuencias, que dividió al cristianismo.

Además la tesis del geocentrismo fue reemplazada por el heliocentrismo, se descubrió América, surgieron los estados nación y nuevos mercados, con una burguesía innovadora. Incluso, artistas como Botticelli, Rafael y Miguel Ángel preferían inspirarse en el cuerpo humano, más que en el espiritualismo gótico.

Toda esta turbulencia terminaría finalmente golpeando la conciencia de Thomas More, quien era ya en 1529 Canciller del absolutista y libertino Enrique VIII.

More llegó a la corte cubierto de fama, siendo egresado de la universidad de Oxford. Su carta de presentación fue su famosa concepción de un estado modelo, regido por una comunidad de bienes, libertad religiosa y de rigurosa ética, una obra del Renacimiento que proponía un rechazo a la monarquía absolutista.

Para el consejero real, el primer laico escogido con tan altas funciones fue una desagradable sorpresa hallarse en conflicto con su caprichoso monarca. Enrique VIII exigía reiteradamente al Papa que anulase su matrimonio con Catalina de Aragón y reconociese a Ana Bolena como su reina y esposa.

Al negarse Clemente VII a las pretensiones del rey, proclamado “Defensor de la Fe” por edicto papal, Enrique VIII le contestó airado, confiscando los bienes de la Iglesia católica en Inglaterra, hasta entonces la religión oficial. La decisión más grave del monarca fue inventar una nueva iglesia nacional con él como cabeza. Thomas More, con un inalterable código moral, tuvo que enfrentar el dilema de escoger entre el trono y el altar, un binomio que había permanecido bien unido o compitiendo por el poder.

La decisión de More no se hizo esperar, negándose a prestar juramento de lealtad a la nueva estructura religiosa y reiterando su inquebrantable obediencia a la Iglesia, renunció a su elevado cargo, a pesar de la insistencia del soberano, quien le hizo ver las consecuencias de su rechazo.

Al apartarse del poder, More prefirió exponerse al martirio que doblegarse, como consecuencia fue conducido a la Torre de Londres y enjuiciado por un tribunal espurio y sentenciado a muerte sin que sus acusadores ni sus amigos consiguieran su retractación.

Lo admirable del heroísmo, firme y sereno de Thomas More, va más allá de su extraordinaria erudición, su sincero pietismo, su eficiencia administrativa u ortodoxia, pues su mérito reside en apartar riquezas y honores para seguir con valor su código insobornable de ética a toda prueba.

Por su indomable actitud, Juan Pablo II le confirió la dignidad de Patrón de los políticos, como ejemplo para una clase que, muy a menudo, padece de las mismas tentaciones brindadas por los poderosos, ambiciosos y avasalladores.

Al cumplirse 475 años de su muerte, Thomas More sigue siendo un dechado de honor, lealtad y firmeza.

COMENTARIOS

  1. RAMÓN SALGADO VALLE
    Hace 16 años

    ¡Ah si el cardenal Obando y Bravo, con su discípulo, Eslaquit, supieran un poco de las ideas y conducta de Tomás Moro, seguramente, serían personas con un comportamiento mejor!

    Tomás Moro, debería ser mejor conocido, entre el clero católico, y la ciudadanía en general.

    Ramón Salgado Valle
    [email protected]

  2. GRACIAS SANTIDAD PERO MEJOR NO
    Hace 16 años

    Patrón de los políticos? De Alemán? De Ortega? De Payo? De Wilfredo? De Hernández? De Ruiz (el bisagra)? De Rosales (el pasable sorboniano)? Y de todas las otras estrellas del firmamento político de Nicaragua? No creo que Mr. Moro esté muy conforme con el nombramiento de su santidad.

  3. SI LOS POLITICOS REZARAN
    Hace 16 años

    Por lo que se ve, los políticos no le rezan mucho a su santo patrón.

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