Enviada especial/ Johannesburgo
Leonard Dube es un hombre de color que a simple vista impone miedo, por sus 1.90 metros de estatura. Tiene 56 años y trabaja como vigilante en el estadio Soccer City.
“Es un empleo temporal, sólo lo que dure la Copa del Mundo, luego volveré al taxi”, explica.
- El Apartheid significa separación en afrikáans, el idioma más hablado en Sudáfrica. El Apartheid fue un sistema social impuesto por los gobiernos de minoría blanca durante el siglo XX.
El propósito del Apartheid era no sólo apartar a los habitantes que no eran blancos, sino también a los distintos grupos que no eran blancos entre sí, es decir hacer extensiva la segregación también a las otras etnias de la región.
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Hoy es miércoles 16 de junio y es un día de celebración nacional en Sudáfrica, se conmemora el Día de la Juventud, en honor a los jóvenes y niños que murieron en aquella marcha de 1972 por órdenes del Apartheid, uno de los sistemas racistas más radicales que han existido en este país africano.
Para Dube es una fecha muy triste, pero que fue el comienzo para que la comunidad negra en Sudáfrica tuviera una voz importante.
“Yo estaba con mis hermanos en el mercado, aquí en Johannesburgo cuando escuchamos lo que estaba pasando en Soweto, sangre por las calles, estaban matando a nuestros hermanos, fue un día muy triste, uno de los jóvenes que murió en esa marcha era un primo mío, Himale, lo lloramos mucho en su muerte”, relata Dube con tristeza.
En 1976, en Soweto, unos 15 mil estudiantes realizaron una marcha pacífica. El gobierno Apartheid ordenó a la Policía que ametrallara a la multitud, en ese acontecimiento fallecieron alrededor de 566 niños.

A raíz de esa masacre se generaron varios días en los que la sangre cubría las calles de las principales ciudades de Sudáfrica.
“El Apartheid fue un sistema muy racista y cruel, hoy gracias a Dios por lo menos no vemos esas matanzas de antes en Sudáfrica, pero el racismo sigue existiendo, lo puedes mirar en las calles. Negros y blancos viviendo en sitios distintos, ricos y pobres también, las cosas no han cambiado mucho, sólo que ahora no se derrama sangre y tenemos derechos constituidos por la ley”, expresa Duba.
Por las calles de Johannesburgo la multitud abarrotó la ciudad, sacaron sus trompetas y no pararon de sonar hasta la noche. Todos cantando y otros en el cementerio visitando aquellas personas que, a pesar de su muerte, constituyeron una voz de aquella juventud reprimida y subyugada por los ideales racistas del Apartheid.
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