Arquímedes González

Con la basura hasta el cuello

Estos meses hemos leído cómo muchos gobiernos europeos están pegando carreras por la crisis económica planteada en naciones como Grecia, Holanda, Inglaterra, España, Italia y Portugal. Las medidas para enfrentar la crisis van desde reducciones de salarios a empleados estatales, más impuestos para los ricos y fuertes recortes presupuestarios en diferentes ministerios.

La situación ocupa diario las portadas de los periódicos, de los foros televisivos y conversaciones en las calles. En Holanda se habla de incluso cerrar el Ministerio de Cooperación Externa, lo que sería desastroso para países como Nicaragua que reciben millones de euros en ayuda. Pero no sólo Holanda discute esta alternativa. Los demás líderes europeos enfocan sus decisiones para garantizar las condiciones económicas de sus ciudadanos.

Este año en Holanda por ejemplo, un promedio del treinta por ciento de las familias han cancelado sus vacaciones o han recortado los gastos familiares como medida preventiva, pues el desempleo ha venido en aumento desde el año pasado.

En un país en el que todo está arreglado e incluso hay que hacer cita previa de una o dos semanas para cortarse el cabello, asombra que de un momento a otro se entre en un camino de incertidumbre económica. Sólo los ancianos recuerdan haber tenido noticias así de negativas. Por años países como Holanda gozaron de una economía fuerte y sólida, pero luego de los recientes derrumbes de las bolsas de valores y de las quiebras bancarias, se ha entrado en un proceso de pánico que lentamente ha hecho aflorar ese sentimiento de inconformidad contra inmigrantes.

Ahora en los debates políticos salen a relucir las palabras inmigrantes, ilegales, delincuencia, inseguridad y desempleo. Sin embargo, lo que no sabe el público común es que los extranjeros son los que pagan más impuestos por permanecer en el país y por tanto, inyectan mucho dinero a la economía.

El discurso político ha provocado que ahora se vea a los inmigrantes con el rabillo del ojo, como si fueran los causantes del derrumbe financiero internacional, y hasta muchos exigen saber cuánto gasta el Estado en cada extranjero en vez de preguntarse cuándo dinero desembolsa el extranjero en lograr la ansiada residencia legal.

Sumado al mal comportamiento de las finanzas, desde hace semanas no se logra resolver un aumento salarial exigido por recolectores de desperdicios, se debate sobre el incremento de los impuestos para los sectores más vulnerables y se experimenta una fuerte contracción de los gastos sociales del Gobierno.

Esto ha mostrado que, sin importar los planes y proyecciones que se hagan de aquí a cien años, siempre hay un margen de equivocación, y ese pequeño nivel de error que en estos países es imposible dejar pasar fue el que provocó esta desestabilización general.

Yo que provengo de Nicaragua y acostumbrado a que la planificación y el futuro en nuestro país sean tan acertados como los pronósticos beisbolísticos que en cada oportunidad aseguran que ganaremos la Copa o el Mundial, me lo tomo con la calma del espectador.

Y por eso, cuando veo las montañas de basura en Ámsterdam, concluyo que muchos países se dan cuenta que están hasta el cuello de basura, hasta cuando son incapaces de solucionar problemas tan simples como una demanda de aumento salarial del tres por ciento de los recolectores de basura.

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